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Suizos en Uruguay

Índice
 
Introducción……………………………………............Pág. 1
 
Capítulo I: “Redes institucionales”.
 
1.1 - Los primeros tejidos…………………………………………..Pág. 4
1.2 - Los conflictos y consensos en la colonia……………………...Pág. 6
1.3 - Las redes institucionales hoy………………………...…..........Pág. 13
          
Capítulo II: “Schriftdeutsch: Una lengua reprimida”.
 
2.1 - La integración lingüística, el bilingüismo y la diglosia...........Pág. 16
2.2 - El fin del bilingüismo y la diglosia………………………..…..Pág. 18
2.3 - Los remanentes de una lengua olvidada……………………..Pág. 22
 
Capítulo III: “Cinismo Simbólico”.
 
3.1 - La Creación………………………………………………..….Pág. 25
3.2 - La vivencia……………………………………………………Pág. 30
3.3 - El cinismo simbólico………………………………………….Pág. 34
 
Capítulo IV: Conclusiones………………………………………..Pág. 37
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Introducción
 
La Colonia Suiza Nueva Helvecia es una localidad ubicada en la parte Este del departamento de Colonia y fue fundada en el S XIX (1861-1862) por colonos suizos, alemanes, alsacianos, tiroleses y austriacos.
Hoy día, es una de las regiones económicamente más productivas del departamento de Colonia, destacándose en productos derivados de la industria láctea (sobre todo en la quesería artesanal), en la horticultura y en la fruticultura.
Actualmente en Nueva Helvecia  habitan unas 10.000 personas según el censo del INE del año 2004, entre los cuales los descendientes de suizos representan aproximadamente un tercio. Estos datos son relevantes si pensamos que la colonia fue fundada por 600 colonos provenientes de Suiza y de las regiones-países antes mencionadas; en este sentido, si comparamos ambas cifras, vemos la clara apertura que ha tendido la comunidad suiza para con otras personas no-suizas.
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Es conveniente establecer las causas que motivaron a aquellos colonos a venir al “Nuevo Mundo”, y en particular, al actual departamento de Colonia. Suiza tenía, por aquella época (mediados del siglo XIX), una economía artesanal de corte familiar-tradicional que determinaba la mayor parte de su producción, mientras que el campesinado representaba la mayor parte de su población. En estas circunstancias, es claro que no pudieron competir con la avasallante industria Británica, que arrasó con la fabricación de tejidos artesanales. La desocupación y el crecimiento poblacional se incrementaban, creando panoramas cada vez más devastadores; y justo en esas circunstancias la Constitución del nuevo Estado Federal del año 1848, entre muchas otras cosas, prohibía el “mercenariado” haciendo que los soldados desperdigados por toda Europa retornaran a sus aldeas y pueblos con el fin de mantener su ciudadanía suiza, incrementando de esta forma la desocupación. A todo este panorama de desolación tenemos que agregarle las malas cosechas y los bajos precios ocasionados por la introducción de mercaderías de otros países vía ferrocarril. El hambre y la miseria se extendían y la emigración parecía la mejor solución, y América, el mejor destino.
Esto coincidió con que el Estado uruguayo, particularmente el gobierno de fusión a la salida de la Guerra Grande, se proponía la paulatina eliminación del “gaucho” en la campaña, y a esos efectos este gobierno decreta la ley de promoción a la inmigración agrícola del 4 de junio de 1853; que exoneraba, a todo buque que condujera a familias (no menos de 10) de inmigrantes para la instalación de colonias agrícolas, de los derechos de puerto (impuestos). Con esta idea fuerte se conforma la “Sociedad Agrícola del Rosario Oriental”, una asociación de capitalistas que por estos años tenían una fuerte presencia en los escenarios públicos de la vida social del Uruguay de entonces. Esta sociedad se propuso traer inmigrantes para incorporar la agricultura al país. Una de las cosas más interesantes de este grupo de capitalistas que conformaban la “Sociedad Agrícola del Rosario Oriental” es la importante presencia de integrantes de la masonería entre ellos, como Doroteo García, su presidente, y el ex presidente de la República G. A. Pereira entre otros.
 
A lo largo del primer capítulo transitaremos por la historia de la comunidad suiza de Colonia Suiza-Nueva Helvecia a través de las instituciones que allí han actuado y actúan en el marco de sus conflictos y sus consensos. Trataremos de ver cómo, en la comunidad, desde sus comienzos hasta nuestros días,  es muy la densa organización institucional de la vida civil. La participación y la organización en torno a las distintas instituciones son una constante a lo largo de la vida de la colonia, y son, además, el mecanismo esencial para enfrentar los conflictos y las desavenencias desde sus orígenes. Por ejemplo, aquellos colonos trajeron al Uruguay la división religiosa entre católicos y protestantes que en Suiza tenía lugar. Y aquí, en nuestro país, esta división fue la base de algunos de los conflictos más importantes de la comunidad como ser la declaración de “pueblo”, sin embargo, hoy día ambas iglesias trabajan ecuménicamente en muchos aspectos de la comunidad. Otro conflicto es la dictadura y la respuesta que tuvo la comunidad ante la pérdida de la participación en los espacios públicos que suponía. Pero, en este capítulo también adelantaremos lo importante que fue el período de la Segunda Guerra Mundial y su posguerra, destacaremos el papel importantísimo que algunas de las instituciones tienen hoy día en la comunidad, y marcaremos el rol que ha jugado la masonería en esta colonia.
En el capítulo siguiente indagaremos en las causas de la pérdida de la lengua migratoria, tratando de establecer algunos de los remanentes de la misma en la actualidad. En primer lugar, estableceremos que la integración lingüística de los colonos suizos en nuestro país estuvo cimentada sobre la base de un tipo de bilingüismo y diglosia estables, a partir de la separación funcional del uso de los idiomas según se estuviera en un ámbito formal o en uno informal. En segundo lugar, veremos que el período de la Segunda Guerra Mundial y su posguerra marcó el final del uso de la lengua alemana en el pueblo, ya que se identificaba a todo aquel que hablara alemán con el nazismo. Subrayaremos que esta pérdida del uso del alemán supone la pérdida de parte de la identidad a partir del valor asignado a la lengua como mecanismo de reproducción identitaria del grupo. Finalmente marcaremos algunos de los remanentes del uso del alemán en la memoria colectiva de los habitantes de Nueva Helvecia, indagando en el uso de este idioma en la vida cotidiana de los que allí viven.
En el tercer y último capítulo indagaremos en las representaciones simbólicas de la comunidad suiza de Colonia Suiza-Nueva Helvecia, investigando cómo se dan, y qué sentido tienen, estas representaciones en las festividades más “simbólicamente suizas” de la comunidad. En la primera parte veremos cómo los símbolos suizos se crean según las diversas voluntades de poder-verdad que luchen por dotarles un sentido único, pero veremos que el sentido de un símbolo nunca es único sino múltiple, y esa multiplicidad dependerá de quién (por su voluntad de poder-verdad subyacente) enuncie su sentido y del contexto histórico en el cual lo haga. En la segunda intentaremos transmitir cómo son vividos estos símbolos en la comunidad, describiendo algunas de las cosas que vimos participando -como espectadores- de esas festividades donde los símbolos suizos se sienten, se palpan y están por todas partes como cosa vivida. Por último, en la tercera sección de este capítulo, profundizaremos en la idea del cinismo simbólico como un doble juego. Por un lado, el cinismo de aquellos que toman los símbolos y pretenden dotarlos de un único sentido, y usar a este símbolo como mecanismo de dominación, como forma de beneficiarse aventajando al otro; y veremos que bajo esta lógica corremos el riesgo de que los símbolos que sentimos como propios sean transformados en mercancía vendible. Por otro lado, el cinismo de los símbolos frente a aquellos que quieren dotarlos de un sentido único, transformarlos en mercancía o en una forma de dominación, ya que se muestran en su multiplicidad cada vez que son nuevamente significados o se lucha por su significación, y muestran su vacío de sentido único, afirmando el “ser” (suizo) como una cuestión de querer ser y querer sentirse parte de una comunidad.       
 
 
 
Capítulo I: “Redes institucionales”
 
1.1 - Los primeros tejidos
La génesis de la colonia es una articulación particular entre un Estado débil, la Sociedad Agrícola del Rosario Oriental y el nexo entre ambos la Masonería del Uruguay.
Sin hacer un exhaustivo recorrido por la historia nacional trataremos de establecer la debilidad del Estado Uruguayo en el siglo XIX, prestando atención a al progresiva incorporación de la fragmentada campaña, que tiene su punto de inflexión en la década del setenta. Convendría indicar que, desde el final de la Guerra Grande en adelante, hasta aproximadamente 1904, se han registrado continuos enfrentamientos civiles de mayor o menor intensidad, dejando de manifiesto la incapacidad de mantener el monopolio de la violencia legítima en el territorio.
Los primeros intentos para la pacificación de la campaña emanan del gobierno de fusión a la salida de la Guerra Grande por medio de la “ley de promoción a la inmigración agrícola del 4 de junio de 1853” ya mencionada. El “espíritu” de la ley expresaba la necesidad de erradicar al gaucho mediante la promoción de asentamientos agrícolas que permitieran el arraigo de los hombres a la tierra. El libre albedrío por los campos del interior era el fiel reflejo de la ausencia de los límites de la propiedad y la incapacidad para establecerse el estado de derecho, condición para ser parte de la nueva expansión del emergente mercado mundial.
En este contexto, después de doce años de Guerra Grande, el Estado no sólo permite, sino que alienta y promueve la participación de particulares y empresas privadas en actividades del ámbito público como la adquisición de grandes extensiones de tierra para la conformación de colonias agrícolas, la planificación territorial y la estructuración de regiones del país.
Con esta idea de incorporar la agricultura al Uruguay se conforma la “Sociedad Agrícola del Rosario Oriental”, alentada por el gobierno de G. A. Pereira, que se propuso traer inmigrantes para la campaña. A esta asociación de capitalistas que  buscaban un emprendimiento rentable se les presentó un buen negocio, adquirir la estancia “Rincón del rey”, que reunía un conjunto grande de ventajas a partir de las bondades naturales, y a partir de su ubicación casi equidistante de Montevideo y Buenos Aires. El ofrecimiento fue para la adquisición de 360 cuadras de terreno con puerto sobre el río Rosario.
 Así como el presidente de la Sociedad Agrícola del Rosario Oriental, Doroteo García, era masón y fue uno de los uno de los fundadores de la logia “Constante Amistad” en 1831, otros integrantes de la misma también eran masones, como el ex presidente G. A. Pereira, quien fuera un destacado miembro de la masonería ocupando los más altos cargos. Si le prestamos atención a la nómina de los accionistas del emprendimiento encontramos de forma reiterada la presencia de masones. Siguiendo atentamente los nombres nos encontramos con personalidades como el político Cándido Joanicó, Juan Ramón Gómez, el reconocido médico Ramón Vilardebó, o el abogado Florentino Castellanos, todos reconocidos activistas de distintas logias. El apoyo explícito en capitales, que se materializa en la compra de acciones por parte de integrantes de la masonería, continúa ya que en el folleto de propaganda que se distribuyó en Europa, para la atracción de emigrantes del medio rural, incluía los nombres de Andrés Lamas, Francisco Lecoq , Lucas Moreno , Pedro A. Gómez, entre otros.
Queda claro que Don Doroteo García, que tenía en la Masonería una de las actividades fundamentales de su vida, pidió ayuda a sus hermanos de la Orden para este emprendimiento, aprovechando el conocimiento de las posibilidades y oportunidades que podría brindar un Estado promotor en la búsqueda de nuevas ganancias, a partir de la liberación de sectores importantes del poder público al interés privado, como por ejemplo la planificación urbana, la creación de nuevos asentamientos rurales o pueblos, y por supuesto, colonias agrícolas.
En el año 1858 llegan las primeras familias para hacendarse en estas tierras y no fueron agricultores contactados en Europa, sino que fueron las familias valdenses que habían llegado a Florida, donde habían encontraron la misma intolerancia religiosa que sufrieron en su tierra natal. Cuando este hecho llegó a oídos de Doroteo García, éste se interesó por la situación de estos piamonteses, accediendo a que se instalaran en las tierras de la “Sociedad Agrícola” ya que no se percibía como inmediata la llegada de (otros) colonos Europeos.
El primer proyecto es a través de una propuesta del Sr. Otto Wildner, Cónsul de Suecia, para darle tierras a cincuenta familias suecas. Pero el proyecto fracasó, y dio lugar al interés en la inmigración suiza. Establecieron negociaciones con un banco de Basilea “Siegrist y Fender”, quienes orquestaron una campaña de propaganda en Suiza y más tenuemente en la  región de “El Tirol”, Alemania, Francia y Austria. En 1861 llega el primer contingente de suizos a preparar la llegada masiva de inmigrantes del mismo origen que se esperaba para 1862, siendo este el mayor contingente de colonos.
 
“Los colonos suizos trasplantaron de inmediato su sistema democrático, basado en la célula cantonal (o sea)… landsgemeinde” o comunidad del cantón, que no es más que la asamblea de todos los ciudadanos que poseen los derechos políticos constituyéndose en el órgano soberano de la comunidad. Vale recordar que los derechos políticos en aquellos años -entre otras cosas- incluían como condición excluyente el saber leer y escribir y la tenencia de propiedades. No caben dudas acerca de que entre una población de colonos donde todos, en cierta medida, eran dueños de las tierras que trabajaban, fue la alfabetización la que separó las aguas entre quienes podían o no tener papeles más protagónicos en la “asamblea administrativa”. Esto provocaba, también, un agrupamiento por familias que pertenecían a determinado cantón; si en el primer círculo familiar no se poseía un letrado para participar, se debía recurrir a un abanico de los lazos entre los que se destacan la pertenencia a un cantón común o región de origen. En un mismo plano se encuentran las religiones, la afiliación católica o protestante influenciaba en la opinión de las personas en los tema tratados por la asamblea. A esto debemos sumarle que, parte del convenio de emigración implicaba la auto-organización de la colonia que debía dirimir las diferencias internas, además de marcar que no debían vincularse con conflictos externos a la misma.
Otra forma de organización que experimentó la colonia provenía de la formación cultural y social, por la cual llegaron forjados estos hombres. “Los colonos en su mayoría eran inexpertos en agricultura, pues se componían de obreros de fábricas, expatriados y soldados de los disueltos regimientos suizos de Napoleón y mercenarios del ejército inglés.”  En la colonia se habían formado dos compañías de Tiradores, estimadas en 270 fusileros, con la finalidad de mantener la neutralidad y seguridad de la colonia. De esta modo se forma una especie de milicia que permitía mantener el control de “su territorio”.
Esta condición de aislamiento cultural y material en términos de “frontera defendidas”, junto con la particularidad de la participación en un sentido “democrático”, bajo la forma de auto agrupamiento en torno a distintos símbolos, ya sean religiosos o familiares; fueron los elementos fundamentales para la resistencia de la identidad y para el gran desarrollo económico, de manera igualitaria, “de los colonos”. La concomitancia de todos estos elementos construyó un sentimiento de cuerpo muy fuerte, un sentido de integración en las divergencias que les permitieron consolidar y mantener una identidad en el tiempo.
 
1.2 - Los conflictos y consensos en la colonia                                                                                      
Como ya mencionamos, las primeras formas organizativas que transitó la comunidad fueron la “milicia”, la integración de la “asamblea administrativa” y las “congregaciones evangélica y católica. Como era esperable, la integración de estos auténticos desconocidos entre sí, no fue sencilla. Uno de los primeros conflictos que conmovieron a la comunidad lo encontramos dentro de las filas de “la milicia”. En 1863 el General Venancio Flores se levanta en armas con el objeto de expulsar del gobierno al Dr. B. P. Berro, y la colonia suiza no fue ajena a este levantamiento. Tras el inicio de una nueva guerra civil el Mayor Bion, junto con otros entre los que tenía una fuerte influencia, se incorpora a las filas del insurgente. Pero estos disidentes son expulsados de la colonia por hacer caso omiso de no participar en ninguna disputa militar a condición de mantener la exoneración de impuestos de la colonia. En agosto de 1864 regresa para vengarse, pero es atrapado, juzgado y finalmente fusilado. Esta determinación impactó en la imagen que de los colonos se hacía el que se encontraba por fuera de la comunidad y, acentuó, entre quiénes la integraban, el interés en el grupo ya que su suerte se encontraba unida a la suerte de la colonia. Todo esto fortaleció la cohesión interna y el uso de la fuerza, en un contexto en que las armas y las personas se encontraban muy próximas.
La comunidad también estaba cortada, en aquellos tiempos, por una fuerte división religiosa entre protestantes y católicos. Desde la llegada, ambas congregaciones se auto-organizaron, y en el marco de la libertad de culto, trabajaron al unísono en los primeros años, donde, por ejemplo, compartieron el templo. Pero esto no quita que existieran fuertes disputas en torno a los variados temas que aquejaban a la comunidad, destacándose el trabajo en la tierra y la preocupación por la educación como los principales temas de debate. En 1876 llegó el punto de inflexión en la convivencia y cooperación entre las congregaciones religiosas. El cementerio, que era compartido, pasó a manos de los protestantes que, además, se quedaron con el “primer local” o mejor dicho el salón comunal donde deliberó la asamblea administrativa en sus primeros tiempos y donde se efectuaban los cultos religiosos. Los católicos habían construido en 1873 un nuevo templo y en 1877 el nuevo cementerio católico, quedando instaurada la división material y simbólica entre las congregaciones y, por supuesto, entre las familias. Como parte de este conflicto entre las dos congregaciones podemos colocar otro debate que giró en torno a la proclamación de Nueva Helvecia como pueblo. En 1873 se conformó la Comisión Fundadora del Pueblo, integrada, casi en su totalidad, por católicos, quienes tenían a su cargo los trabajos de amanzanamiento. Pero los protestantes estaban en contra de dicha declaración, ya que, al declararse pueblo, se perderían los beneficios que exoneraban de impuestos a los integrantes de la comunidad por ser parte de una colonia. El resultado de dicha disputa, donde los católicos fueron los triunfadores, no lo podemos separar del  insipiente apoyo estatal con que éstos contaban. El 26 de mayo 1894 en Colonia Suiza fue declarado el pueblo Nueva Helvecia. Este dislocamiento entre la planta urbana como distinta de la “colonia suiza rural” donde los dueños de las tierras son suizos descendientes, lo vemos como un retraimiento de las personas a una identidad ligada al campo, que es rápidamente revertida por la necesidades del desarrollo económico.
Como adelantáramos más arriba, la otra forma de organización estuvo ligada a la “Asamblea Administrativa” que vinculaba a los individuos con los acreedores; era en cierta medida la representación de la autoridad y el orden dentro de la colonia. El conflicto en torno a la “Asamblea Administrativa” radicaba principalmente en que la gestión de la misma era muy mala y provocaba roces internos permanentemente. Este órgano comunal tenía a su cargo una granja modelo que sería el ejemplo para los colonos de cómo trabajar la tierra (recordemos que, a diferencia de lo que se cree, la gran mayoría de ellos no eran agricultores), pero este emprendimiento no fue fructífero en sus utilidades (los fondos eran malversados), ni como ejemplo a seguir para trabajar la tierra. Además, la Administración invirtió en grandes construcciones que serían establecimientos industriales, pero que nunca funcionaron, ocasionando pérdidas cuantiosas para la comunidad. A partir de estas malas experiencias, la comunidad toda, en Asamblea, decide que, al pensar en ampliar o hacer crecer la colonia, recibirían, en sus comienzos, exclusivamente a familias de colonos con conocimientos de trabajos rurales, y recién más adelante admitirían a otros que no lo poseyeran. Esta idea prosperó y las nuevas exigencias, tomadas desde la experiencia, para recibir a nuevos colonos implicaban poseer un pequeño capital y conocimientos en la vida de campo, a lo que debemos sumar una actitud distante hacia las “malas costumbres”. Aquí encontramos el quiebre con respecto a estrechar el conocimiento y los lazos solidarios entre productores. La llegada de nuevas familias con amplia experiencia en la agricultura, que rápidamente comenzaron a obtener benéficos, generó una rápida difusión del conocimiento, ya que se encontraban generadas las bases para incorporar nuevas técnicas y formas de producir. Esta base material para nuevos emprendimientos asociativos en “lo rural”, es también la base sobre la que Colonia Suiza se ha conformado con el paso del tiempo en una de las mayores zonas agro-industriales del país.
 
Pero la relación con el Estado uruguayo también fue dificultosa en algunos puntos, tanto la colonia como el Estado tuvieron que ceder algunas cosas y dar algunas concesiones a cambio de otras aunque esto generara. Esta relación particular se da sobre todo después del período esbozado más arriba y al que podemos identificar como el de cierta autonomía respecto del Estado. Luego de la quiebra de la casa bancaria “Siegrist y Fender” (1964) que jaqueó la viabilidad de la colonia, los colonos tuvieron la posibilidad de ser los propietarios legales de la tierra que pisaban. Esto promovió la incorporación de un número importante de ciudadanos con la probabilidad potencial de hacer uso de los derechos políticos consagrados por la Constitución. Es en este marco que se desarrollan los debates y las concesiones entre el Estado y la comunidad.
El salto importante en el número de pobladores, así como las rentabilidades de la producción, más el interés que despertaron aquellos “gringos” enquistados en la campaña en amplias capas del poder estatal, ambientó la apertura de un proceso de integración con el Estado. Los temas más sentidos estuvieron ligados a la milicia y a la educación ya que la incorporación de nuevos servicios, brindados por el Estado, eran recibidos con agrado.
Una de las primeras medidas que se tenían que tomar para ser considerados parte de la nueva nación (estamos en los comienzos de la dictadura de Latorre) era la desmovilización de “la milicia” (obviamente hubo una resistencia muy intensa pero sin tiros); y más a la luz del escándalo nacional que representó la revolución de las lanzas de 1870 que colocó un estado de inestabilidad en el uso de la fuerza dentro del territorio. El acuerdo con el Estado se materializa en la fundación de la “Sociedad del Tiro Suizo” el 19 de abril de 1874. Este hecho representó el encuentro de “los tiradores”, instancia que llenaba el vacío dejado por la desmovilización de aquella “milicia”. Más allá de la situación de “reservista”, quedó como costumbre y hábito el uso de las armas, ya no con el sentido de la defensa de la frontera, sino como un componente de identidad masculina, de fuerza, característico de la robustez de los jóvenes descendientes.
Ya años atrás se había deslegitimado la Asamblea Administrativa y más si consideramos que los títulos de propiedad ya estaban en manos de los colonos. Como respuesta a este hecho, el 13 junio de 1876 se instala la “Junta Auxiliar Administrativa”. Esta nueva institución se encarga de cumplir las funciones de orden para la colonia, tomando así el rol de árbitro desde donde se dirige el nuevo proceso de incorporación a la modernidad y siendo parte del Estado. Aquí es donde se procesa la negociación que determinara la vida de los próximos años.
Continuó así una década de desarrollo económico y urbano dentro un marco de orden que se ancló en el cierto hermetismo de la comunidad basado en el conocimiento mutuo entre los colonos y en el rechazo a aquellos que no manifestaban una intención de esfuerzo por el trabajo. Es en este marco que se construyó una imagen de soberbia y autosuficiencia ante la mirada de los criollos, alimentando algunas rivalidades con gente de poblaciones cercanas como Rosario, y más tarde, Juan Lacaze. Este sentimiento de pertenencia a algo distinto era reforzado por el entorno; donde ellos habrían hecho brillar prosperidad otros no lo habrían logrado, lo que hacía que se percibiesen a sí mismos como objeto de envidia de los criollos. La fuerza se encuentra en manos de los propios colonos alimentados por un sentir conservador de lo social y emprendedor en términos económicos. Con esta mentalidad se da una importante expansión del comercio y aparecen cada vez más nuevos comerciantes que precisarían de una de las instituciones estatales más importantes para la vida económica de la época, el correo, que inaugura una oficina en Nueva Helvecia en el año 1895; comenzando así una nueva oleada de penetración del Estado en la región y en particular en la comunidad.
 Como producto de esta expansión en términos económicos y urbanos, se promueve el interés por el desarrollo de las comunicaciones terrestres para el transporte de la producción, ya que se percibía el tope en el trasporte de mercaderías por el Rió del Rosario. Llegando al año 1897, se encuentran construidas la conexión ferroviaria con San José además de la finalización de la construcción de la estación de trenes (aunque se tuvo que esperar hasta 1899 para ver correr el primer tren con destino a Rosario). De esta forma podemos observar un nuevo relanzamiento de la productividad de la colonia gracias a las nuevas posibilidades de colocación de sus productos; cerrando de esta manera la integración de la colonia a las nuevas condiciones de un Estado que se consolida instalando la representación de la división de los poderes y expropiando a la comunidad del uso efectivo de la fuerza y la justicia, con el beneficio de la integración a un mercado nacional, todo esto sin perder el poder social que se ejerce dentro de la comunidad a partir de un sentimiento de pertenencia.
           
Como dijimos en el capítulo anterior, la Colonia Suiza fue una articulación entre el Estado y la Sociedad Agrícola del Rosario Oriental, y el nexo entre ambos, la Masonería del Uruguay. Por este motivo, creemos que esta última merece nuestra atención en tanto en cuanto a su influencia en al región. El trabajo de esta institución en la comunidad suiza lo encontramos, como ya dijimos, desde los orígenes de la colonia. No obstante, ninguno de los colonos venidos al Uruguay a mediados del siglo XIX era masón, pero ya para la última década del este siglo aparece la primera logia de la región, “Sol”, con sede en Rosario, y unos años más tarde, aparece otra llamada “Luz de Oriente”. Ambas logias funcionan hasta aproximadamente las décadas del veinte y del treinta respectivamente. Pero lo interesante de que ambas logias hayan desaparecido en estos años, es que vemos este período como un período de corte que atravesó la comunidad toda, incluyendo la masonería.
En 1958 se recompone la masonería en la región, con continuidad hasta nuestros días, re-fundando la logia “Sol”, con integrantes provenientes de Nueva Helvecia, Rosario y Valdense. Con el trabajo realizado por esta logia surgen dos logias más, “Luz de Oriente” en 1985 y, “Sol de Oriente” en 2005. Podemos decir que estas logias tienen aproximadamente treinta y tres miembros activos cada una, más aproximadamente doscientos miembros inactivos en toda la región. De estos aproximadamente cien hermanos, treinta y cinco son de la comunidad de Nueva Helvecia (aproximadamente un tercio de ellos son suizo-descendientes), donde ocupan lugares importantes en las instituciones más emblemáticas de la ciudad.
La presencia de la masonería en la región no se limitó simplemente a que sus miembros trabajasen en el perfeccionamiento individual, sino que, a través de ellos se influyó en diversos temas como, el acercamiento entre Rosario y Nueva Helvecia (dos comunidades distanciadas por costumbres e intereses económicos distintos) mediante el trabajo coordinado entre instituciones de ambas ciudades; tuvieron fuerte presencia en la creación del nuevo edificio para liceo de Nueva Helvecia;  alentaron el surgimiento de las “Fuerzas Vivas de Colonia Suiza” motivado en el objetivo de construir el puente inundable de “Picada Benítez” que uniría la ciudad de Nueva Helvecia con Rosario; además, podríamos decir que estas logias tuvieron una fuerte influencia en la reconciliación de una comunidad (Nueva Helvecia) dividida por la dictadura, ya que sus miembros participaron en distintas comisiones e instituciones donde el consenso y el trabajo colectivo entre adherentes a distintos partidos era lo que primaba en la búsqueda de objetivos comunes en beneficio de la comunidad toda.
 
Otro período conflictivo fue la Segunda Guerra Mundial y su posguerra. Las relaciones que vinculan a la comunidad con la Alemania del momento eran varias, entre ellas, podemos destacar un fuerte flujo -para las dimensiones de la comunidad de aquel entonces- comercial y migratorio, enmarcado en el uso del idioma alemán. Finalizada la guerra, y dada la proximidad con la Argentina peronista, no era raro encontrar auténticos desconocidos rondando la campaña y hablando en alemán con total soltura. Son muchos los comentarios acerca de las afinidades ideológicas que se vivieron en esta época más el manto de sospecha de la existencia de ex militares del ejército nazi. La radicalización de las posiciones dentro de la comunidad en el período de la guerra, inspiradas por la falta de información en torno a lo que realmente ocurría en la vieja Europa, alentó el desarrollo de una “derecha liberal” de reacciones duras. En los años que siguieron al fin de la guerra, con la verdad de los crímenes a la humanidad frente a los ojos, esta “derecha” reacciona para terminar con la disputas profundizando más la división al publicar una lista de ciudadanos que habrían sido colaboradores nazis o simpatizantes del régimen. Esta “lista negra” fue enviada por correo a los pobladores de Nueva Helvecia y se llegó al punto de que inclusive algunos comerciantes no vendían productos a personas que estuvieran en ella nombrados.
El más destacado de estos militares sería el mismo Joseph Mengele. Cuentan algunos lugareños que él se manejaba con total normalidad presentándose como comerciante, otros son más osados al decirnos que él contaba lo que habría hecho como médico y su aporte a la humanidad. Lo único demostrable sobre J. Méngele es que se casó el 25 de julio de 1958 en Nueva Helvecia en la oficina del Estado Civil de la 10° sección del Departamento de Colonia, con Marta María Will, natural de Alemania. 
Esta fractura en la comunidad fue solventada o disimulada por una nueva generación que se incorpora a la vida pública por vía de las congregaciones o alguna otra institución. Sin embargo, la estructura de poder cimentada sobre incidencia de algunas familias en la opinión y dirección de la vida de la comunidad continúa en funcionamiento y en disputa. En la década del sesenta, estas disputas se condensan en torno dos familias que se disputaban la organización los festejos del centenario de la colonia. Estas familias eran los Karlen y los Greising que,  llegaron a resolver el conflicto mediante la realización de una elección organizada por la corte electoral, saliendo victoriosos los Karlen. La división siguió luego de las elecciones, y se expresó en las acciones de algunas instituciones donde los Karlen o los Gresing tenían marcadas influencias, mientras unas van en un sentido otras van en dirección contraria. Así por ejemplo, a raíz de lo acontecido respecto de los festejos del centenario de la colonia se funda la biblioteca popular “Dámaso A. Larrañaga” y como reacción, en 1964, se funda el Centro Cultural de Nueva Helvecia, generando una disputa por la referencia cultural y los apoyos económicos dentro de la comunidad para tales emprendimientos.
Pero el sentido común versaba en que no se podía seguir soportando la división de la comunidad y, un grupo de jóvenes (menores de 35 años), reflexionaron acerca de que no era posible hacer progresar a una comunidad divida. La alternativa era crear una nueva institución que trabajara para Nueva Helvecia con el profundo propósito y anhelo de cerrar las heridas del pasado. Con estos propósitos nació en 1964 el “Movimiento Nuevas Generaciones de Colonia Suiza Unidad y Progreso”. A pesar de las buenas intenciones deberán esperar unos cuantos años antes de poder desempeñen un papel realmente importante en la comunidad.
Las disputas continuaron con un nuevo ingrediente que ofrecía la década del 60. La dicotomía clásica del capitalismo también llega a Nueva Helvecia. La derecha conservadora preexistente y con influencia en la comunidad crea un nuevo enemigo mortal: “los comunistas”. Las personas percibían que les iban a quitar todo por lo cual habían trabajo, y como cuota adicional, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros hurtó armas del club Tiro Suizo, hecho muy conocido en la historia nacional reciente, que marcó en la comunidad una gran desconfianza a los movimientos izquierdistas. Una vez establecido el golpe cívico-militar, y ya en 1974, aparece nuevamente en escena una “lista negra”, esta vez, de presuntas personas vinculas a la izquierda; lista a la que se dio difusión dejándola en las puertas de los comercios y repartiéndola por el correo. Esta medida se constituyó en un buen mecanismo para legitimar las destituciones de personas en las actividades dependientes del Estado, y también para advertir a aquellos que tenían afinidades con estas personas para que se separasen, siendo muy efectivos en lograr la auto-reclusión de aquellos que tenían alguna visibilidad en al comunidad.
La supresión del espacio público por parte de la dictadura no tuvo tanta fuerza en la comunidad de Nueva Helvecia en torno a algunas instituciones, ya que en el período en que la dictadura se torna más sanguinaria se da la fundación de la Comisión de las “Fuerzas Vivas” (FVCS), Unidad para el Fomento y Desarrollo de la Colonia Suiza, el 28 de julio de 1977. La integración de esta comisión son otras instituciones entre las que aparecen el Movimiento Nuevas Generaciones Orden y Progreso, el Club de Leones, Rotary Club, Centro Comercial e Industrial, Sociedad de Fomento Rural, Comisión de Turismo, Comisión de Trabajo y Tradición, Centro Cultural, Sociedad Patriótica y las comisiones de Vecinos de: Picada Benítez, Ruta 52 y 53, y Paso Tranqueras. Como es notorio faltan instituciones como el Sindicato Rural Oezak, la Biblioteca Popular, y otras.
La salida de la dictadura fue ambientada por un resurgir de los espacios de participación con un fuerte sentido de reconciliación. Aquellos que fueron apartados de sus cargos públicos tuvieron la posibilidad de retomarlos, algunos aceptaron esta restitución y otros no, pero el rencor no era lo predominante, eran tiempos de cambio y de renovación y el espíritu estaba puesto en esos caminos. Era tiempo de darse la oportunidad para el reencuentro y para proyectar nuevas formas de expresión cultural.
 
1.3 - Las redes institucionales hoy
Ya hemos establecido la gran capacidad de generar organización o agrupamiento en torno a intereses comunes referidos a la comunidad como forma de expresión, a partir de las instituciones más emblemáticas en cada periodo histórico. Y cómo en cada momento convergen conflictos y nuevos consensos más o menos estables. Para entender cómo se articula el consenso más estable en la comunidad que es al que asistimos en nuestros días, deberíamos ver en principio el papel que jugó y juega la institución “Fuerzas Vivas de Colonia Suiza”. Esta institución sirvió, en cierta medida, como protección para que la represión irracional no se instalara con tanta violencia en la comunidad, dando el espacio para la legitimación de distintas instituciones que no cesaron su actividad reflejando una particular imagen de neutralidad.
Como dijimos las FVCS es un agrupamiento de instituciones activas; esta forma de participar en la vida pública coloca una apertura a una nueva experiencia en la comunidad que hasta entonces no se habría conocido. Antes de las FVCS los acuerdos entre instituciones se realizaban directamente o, a lo sumo, se juntaban algunas para realizar alguna tarea concreta; pero nunca habían podido consensuar en ser parte de algo superior, que las representara a todas en una sola instancia y que además perdurara en el tiempo. Este ámbito de participación con el tiempo se fue legitimando, al punto de transformarse en el lugar donde se define la orientación de la comunidad en un sentido de racionalizar las distintas actividades localizando los esfuerzos para lograr los mejores resultados. En su momento fue la pavimentación, en otro, el alumbrado y el cuartelillo de bomberos, hoy, entre otras cosas, se destaca la búsqueda de financiamiento para las obras de saneamiento de Nueva Helvecia.
Ahora, si esta institución es la síntesis o la articulación de la vida de las instituciones de la comunidad ¿cómo se da esta influencia o incidencia? Lo primero es que el gran aportador de recursos, aparte del Estado que actuaría a partir de las recomendaciones efectuadas por las FVCS, es el “Movimiento Nuevas Generaciones” que ha hecho de la Bierfest un evento sentido como propio y auténtico de la comunidad. A través de la organización de la Bierfest, el “Movimiento” es el que brinda las posibilidades de articular las más diversas formas de apoyo a la comunidad, generando una estructura basada en delegar tareas en las cuales otras instituciones y/o individuos participan en la realización de dicha fiesta. Por ejemplo, la comisión encargada del desfile cantonal o la comisión encargada del espectáculo en la plaza, etc. Organizando efectivamente a un millar de personas para el correcto desarrollo de las actividades de dicho evento. Luego, todo lo recaudado por el esfuerzo de la comunidad organizada es llevado a la asamblea de las FVCS para que ésta decida su destino. 
Otro pilar lo encontramos en la “Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza” que cuenta con 700 socios activos, o sea productores queseros artesanales, lecheros remitentes, agricultores, ganaderos, granjeros, apicultores, etc., además de 3.100 socios adherentes. Los denominados socios activos participan en comisiones locales colaborando en la capacitación laboral en forma conjunta con MEVIR-DINAE. A esto debemos sumar el apoyo que le dan a proyectos de capacitación con el grupo de queseros artesanales de Colonia Suiza y con el “Grupo de los 30”, el hecho de ser promotores de actividades y jornadas técnicas agronómicas y veterinarias, y la capacitación para jóvenes en la iniciación en Apicultura. Asimismo debemos considerar que la SFRCS integra las “Fuerzas Vivas de Colonia Suiza”, la “Comisión Nacional de Fomento Rural”, las “Cooperativas Agrarias Federadas”, el “Centro Comercial de Colonia Suiza”, la “Unión de Queseros Artesanales” y la “Agencia de Desarrollo del Este de Colonia”; cerrando el círculo con el sector productivo ligado al agro, que es el principal sector productivo de la comunidad.
Otra institución que se destaca es la comisión  “Pro Colonia Suiza Trabajo y Tradición“ que es la encargada de los festejos del 1º de Agosto. Esta festividad se realiza desde el año 1928 cuando la institución que la organizaba se llamaba “Comité de festejos del 1º de Agosto”, nombre que se mantuvo hasta el año 1970 que cambia a su nombre actual. Su funcionamiento ha sido sin socios y sin fines de lucro. Celebrar específicamente la Creación del Estado Suizo, como contribución al Patrimonio Cultural Regional, fue su único objetivo hasta 1970 en que esta comisión amplía su actividad a otras áreas como el cultivar el relacionamiento más estrecho con la Embajada de Suiza en Uruguay y con las demás Instituciones suizas del país y del extranjero. Asimismo, la conmemoración de la Creación de la República Suiza han sido momentos propicios para que visitaran la colonia varios presidentes de la República y personalidades destacadas del elenco político nacional, como el Gral. Oscar D. Gestido, el Dr. Julio María Sanguinetti, el vicepresidente de la República Dr. Enrique Tarigo, el Dr. Luis A. Lacalle, el Dr. Jorge Batlle, algunos ministros de Estado en varias oportunidades, y algunos  Intendentes, Senadores, Diputados, Embajadores e integrantes del cuerpo diplomático suizo, delegaciones de instituciones y grupos musicales del país y extranjeros, personalidades distinguidas, etc. Quedando en claro el papel político que ha jugado, y juega, esta comisión, en términos de relacionamiento con el Estado y otras instituciones extranjeras.
 
Más allá de que es público y notorio que las FVCS ya no se tiene la misma influencia sobre cuestiones estatales como en tiempos anteriores, los que ejercen el gobierno en cualquiera de los niveles, ya sea departamental o nacional, se toman la molestia de, por lo menos, informarles lo que se piensa hacer en la comunidad. Por su parte, las FVCS trasladan sugerencias y preocupaciones, que no siempre son contempladas, pero que son recibidas con atención por las personas del Gobierno. Estos ejemplos, creemos que ponen de manifiesto el reconocimiento como vocero legítimo de la comunidad de Nueva Helvecia a las FVCS
            
A lo largo de todo este capítulo hemos visto a los conflictos en la comunidad como problemáticas que la aquejan, no teniendo siempre un carácter negativo ya que muchas de estas problemáticas expresan ideas que buscaban el bienestar de la comunidad toda. Estos conflictos alentaron la búsqueda de consensos y acuerdos en la comunidad, redundando, de una forma u otra, en el trabajo de alguna comisión o institución vieja, o creada para tal problemática, que pudiera resolverla. Las instituciones son, en este sentido, catalizadoras de estos conflictos, siendo unas veces protagonistas, y otras, simplemente mediadoras. Nos animaríamos a decir, a modo de conclusión, que la búsqueda del bienestar de la comunidad en su conjunto es un camino a seguir sobre la base del consenso y el trabajo colectivo; y adjudicar parte de este fenómeno a un modo de actuar de una comunidad que, desde sus comienzos, ha buscado su bienestar resolviendo sus problemas a la interna, creando y manteniendo instituciones y comisiones encargadas de resolver o mediar en esos conflictos.  
 
Capitulo II: “Schriftdeutsch”: Una lengua reprimida
           
2.1 - La integración lingüística, el bilingüismo y la diglosia
Para la mejor comprensión de este apartado creímos conveniente establecer sucintamente qué es la diglosia. En términos generales, la diglosia no implica exclusivamente un proceso de cambio lingüístico o de sustitución de una lengua por otra dentro de una comunidad, ya que hace referencia a situaciones de usos lingüísticos diferenciados entre ámbitos distintos que se consideran en un abanico jerárquico de funciones; este  abanico podemos entenderlo como un continuo que va desde la intimidad hasta los actos de gobierno, donde se usa una u otra lengua, para este caso de Colonia Suiza, el alemán o el castellano. Lo que se desprende como cuestión medular, es que mientras se mantengan las funciones separadas para las dos lenguas que coexisten en la comunidad, la situación de diglosia puede permanecer estable sin que una lengua cruce las fronteras de uso de la otra.
El aislamiento geográfico, fue el escenario propicio para la conservación del lenguaje emigratorio, a lo que debemos sumar, las tradiciones y costumbres de la vida de campo traídas de la vieja Europa. Pero, por otro lado, el idioma también los distanciaba de su entorno, tanto de los “valdenses” como de los “criollos”. La relación de la colonia con el Estado estuvo teñida de un alto grado de independencia acerca del devenir de ella, no como negación del mismo, pues esta independencia era en un sentido de progreso de la comunidad (por ejemplo no vendían tierras a personas fuera de la comunidad, cuestión que se mantuvo hasta entrado el siglo XX).
El idioma “alemán estándar” fue la opción natural para la unificación lingüística de la colonia ya que las distintas familias procedían de regiones distintas de Suiza¿  trayendo consigo distintos dialectos suizos alemanes, más una minoría de alemanes, alsacianos, tiroleses y austriacos (estos últimos tres hablaban en italiano o francés pero manejaban más o menos el alemán). Dentro de un contexto de multilingüismo que permeaba a la colonia, el alemán  jugó una suerte de cohesión social en un sentido de integración social a la comunidad, estableciendo una situación de diglosia, entre el alemán estándar y los distintos dialectos o lenguas. En este sentido, en los ámbitos más formales como la escuela, los cultos o las asambleas de la colonia, la comunicación entre los individuos fue en alemán, mientras que en los ámbitos familiares persistían los dialectos.
           
La reforma vareliana, promulgada en el decreto de ley del 24 de agosto 1877, es uno de los ejes fundamentales dentro de la construcción republicana de la nación, construyéndola desde la educación como su pilar fundamental. En lo que se refiere a la política lingüística de esta reforma, el acento estuvo colocado en la motivación subyacente del purismo lingüístico que promovió la noción de “un idioma, una nación, una república”, asignando una carga negativa a la presencia de situaciones de bilingüismo o multilingüismo social en el seno del territorio. Las presiones del Estado para la integración u homogenización del uso de  “la lengua española o el castellano”, estuvo colocada en términos radicales dentro de una población teñida de emigrantes, quienes debían optar entre conservar sus costumbres lingüísticas o ser parte de una nueva nación abandonando la lengua de la patria que los vio nacer y partir.
Este proceso en la colonia suiza no fue sencillo, llevó prácticamente un año de arduas discusiones acerca de la importancia del manejo de la lengua española por parte de las nuevas generaciones. La resolución del diferendo fue la fusión de la Escuela Alemana con la Escuela Municipal, estableciendo que la educación en la colonia debía ser en castellano con un traductor del alemán y, además, clases dictadas en alemán en distinto horario, inaugurando la nueva Escuela Nacional el 28 de febrero de 1879.
Como dijimos anteriormente esta resolución no fue sencilla, y un sector de la comunidad optó por otros caminos. Años antes a la instauración de la Escuela Nacional, Francisco Wullich, que habría impartido clase junto con Elías Huber en la Escuela Alemana, funda una escuela privada en alemán, en la que se mantuvo a su frente hasta 1900, continuando en la dirección su hija Berta Wullich hasta 1925, año en que cierra sus puertas. Pero no fue la única escuela que impartiera clases en la lengua emigratoria, ya que en el barrio Concordia de Nueva Helvecia es fundada una nueva escuela particular en 1883, que dictó clases enteramente en alemán hasta 1927, año en que pasa a manos del Estado, dejando la constancia en el acta de traspaso sólo una exigencia: que se contratara a una docente en el uso del alemán para impartir una hora diaria de gramática alemana a aquellos alumnos que así lo desearan. Otra escuela particular es inaugurada en el barrio Kuster en 1909, a instancias de Elizabeth Scheeg de Kuster, para ser luego  remplazada por la escuela N° 56 una década mas tarde. El tiempo fue colaborando al desplazamiento del alemán de los ámbitos formales, y ya para 1892 en la escuela pública N°10, sólo se dictaban clases de gramática alemana una vez a la semana.
Lo que podemos establecer es que, en las familias persistía el uso de la lengua emigratoria, de ahí la necesidad de la educación de una gramática y la permanencia de la existencia de escuelas privadas que impartieran clases en alemán; mientras que en los ámbitos formales (incluido el comercio) es utilizado el castellano como regla, estabilizando un tipo de diglosia entre los “gringos”.
 
Ahora bien, el crecimiento de la población y el establecimiento de una planta urbana en expansión, incrementaron los contactos lingüísticos, acentuando las diferencias y fortaleciendo el sentimiento de pertenencia a una identidad distinta de los criollos. “Con educación, instrucción y costumbres tan distintas en el hogar, en las prácticas sociales y religiosas, en el trabajo, el idioma, etc., no era, pues, extraño que el extranjero chocara a cada paso con la susceptibilidad del natural; aquél viendo en el natural un ser ignorante y despreciable al cual sólo la fuerza y el temor dominaban…” La lengua alemana jugaba un papel central en la construcción de la identidad de grupo o de la comunidad. “Uruguayo sí, pero distinto del criollo…”.
  A lo dicho anteriormente debemos sumar que hemos encontrado cierta permanencia de publicaciones y textos escritos en lengua alemana entrado en el siglo XX; por ejemplo: “Die Schhweizerkolonie, New Helvetia” escrito por Jacob Habërli en 1911; o el texto escrito en castellano y alemán “Colonia Suiza a través de setenta años” escrito por Juan Werner Berger en 1932, el cual presenta un formato a dos columnas, en donde una tiene impreso el contenido en alemán y otra en castellano.
Podemos concluir diciendo que, la actitud de enviar a sus hijos a escuelas que impartían clases en el idioma alemán, como las publicaciones escritas que circulaban en la comunidad en el mismo idioma,  son claros síntomas y actitudes concretas de manutención de la lengua emigratoria, la cual permanece ya entrado el siglo XX. Hasta aquí, podemos establecer que la diglosia de la colonia suiza se estabilizó, hasta por lo menos las décadas del 30 y 40 del siglo pasado.
 
2.2 - El fin del bilingüismo y la diglosia
El modelo analítico-funcional que hemos usado hasta el momento no nos resulta adecuado para indagar en las posibles respuestas a la pérdida del uso del alemán en la vida íntima de los descendientes de los suizos, ya que este modelo se sustenta por análisis cuantitativos como censos, aumentos de población, índices de urbanización u otros indicadores con estas características, para sostener el cambio del uso de las lenguas en situaciones de bilingüismo. También nos plantea que los cambios de lenguaje son producto de situaciones traumáticas o de impacto para un grupo humano o comunidad, como la emigración. Pero si el bilingüismo y la diglosia se encontraban estables, entonces, a partir de los indicadores que utiliza este modelo no podemos responder por qué, si hay un sentimiento, una identidad de grupo acerca de lo que es ser descendiente de suizo o “gringo”, se perdió la lengua migratoria.
 
La pérdida de la lengua migratoria no implicó una perdida de identidad en términos absolutos, pues ante la ausencia de la lengua persistieron y se valoraron otros aspectos de ser suizo-descendiente. La búsqueda de una respuesta nos lleva a tener que indagar acerca de los valores adjudicados a la lengua en relación a la construcción o mantenimiento de la identidad, por lo que tuvimos que tomar contacto con el enfoque de la etnografía de la comunicación. Éste parte de una construcción antropológica que prioriza la comprensión de los valores culturales que subyacen a las elecciones de una lengua, y estudia los procesos de elección y de cambio de lenguas como partes de un mismo fenómeno, entendiendo que los usos lingüísticos hechos por los miembros de una determinada comunidad reflejan sus valores culturales, y determinan el grado de mantenimiento de la lengua y por tanto de la identidad. 
 
Es conveniente establecer que, si bien existía una fuerte pertenencia a la comunidad, y además eran estables el bilingüismo y la diglosia como situaciones de contacto y esto implicaba que las actitudes entre grupos mayoritarios y minoritarios sean más o menos condescendientes; detrás de toda situación de contacto y de cambio de lenguas subsiste una situación conflictiva. Esto es así en la medida en que toda resignación o abandono de una lengua implica una resignación o abandono de la identidad que esa lengua representa. Entonces, debemos buscar algún proceso o acontecimiento que haya alentado el cambio del uso lingüístico, buscando algún cambio en la importancia o en los énfasis acerca de los valores identitarios en relación al uso de la lengua alemana.
Mediante entrevistas y observación participante pudimos notar que las respuestas de la gente de edad avanzada indicaban un corte en la utilización del idioma alemán. Las personas de, más o menos, 60 años manifestaron que sus padres o abuelos no les enseñaban el idioma porque éste era utilizado como diálogo de mayores, reprimiendo su uso salvo en momentos de desbordes emocionales (rezongando o discutiendo). Se puede deducir que existió “algo” por lo cual reprimieron o abandonaron la reproducción del idioma como un acto concreto y premeditado. Rápidamente notamos que estas personas nacieron, se educaron, crecieron y se desarrollaron entre los veinte años que van desde la década del 30 a la del 50 del siglo pasado.
Este momento de la historia internacional y uruguaya estuvo teñida por la guerra y las reacciones antifascistas, siendo este un fenómeno de dimensión mundial que ambientó la persecución a personas y organizaciones que tuvieran algún tipo de relación con estos regímenes, tomando formas distintas según la región del mundo. En Latinoamérica fueron muchas las comunidades de descendientes suizos o alemanes que sufrieron la persecución y el repudio, sin hacer diferencia entre los que sí tuvieron actitudes activas en favor del Nacional Socialismo y los que realmente no.
El Uruguay no estuvo ajeno a esta persecución inquisidora, y Nueva Helvecia tampoco. Lo primero que debemos mencionar, es que la colonia suiza fue un lugar de llegada de inmigrantes alemanes desde principios del siglo XX, teniendo su mayor pico migratorio en el año 1915. Esta emigración no representó una magnitud tal que permita establecer una oleada migratoria de relevancia nacional, pero sí hubo un flujo de personas y de intercambios comerciales relativamente estable hasta momentos previos al comienzo de la II Guerra Mundial. Este movimiento migratorio estaba inspirado por las proximidades lingüísticas, que facilitaban la incorporación al Uruguay o el tránsito para continuar hacia la Provincia de Santa Fe o hacia la Provincia de Entre Ríos. En este sentido, la inmigración de alemanes fortaleció el uso del idioma, llevando a confusiones con el paso de los años por el hecho de que muchos hablaban la misma lengua y representaban, ante las miradas de los criollos, que todos eran la misma cosa.
Con el final de la guerra y la difusión de las atrocidades ocasionadas por la misma, que ya eran de público conocimiento, se colocó un manto de duda sobre todos los alemanes, acusándolos de nazistas -lo fueran o no-  con actitudes que rayaban la xenofobia y generando la psicosis antifascista sobre todos aquellos que hablasen alemán. En este contexto, se conjugaron varios factores para el desarrollo de un estigma tribal sobre la lengua alemana que ambientó la fractura en la reproducción de la identidad suizo-descendiente a partir de la lengua migratoria. 
 
Para entender a qué nos referimos con el concepto de estigma, trataremos de explicar, en pocas palabras, a qué tipo de interacciones sociales prestaremos atención. Por ejemplo, durante un encuentro con una persona, podemos evidenciar que posee un atributo que lo diferencia, en sentido negativo, de uno mismo y de las personas con quien generalmente nos vinculamos. Tal atributo es lo que Goffman define como estigma. Este elemento constituye un desfasaje entre la identidad social virtual y la identidad social real. El individuo pasa de ser común y corriente, a ser diferente y despreciable. El individuo estigmatizado tiene el profundo sentimiento de que es una persona “normal”, un ser humano como cualquier otro. Pero percibe, de forma acertada, que no es aceptado realmente y que quienes lo desprecian no están dispuestos a establecer una relación horizontal, de igual a igual, con él. Este tipo de rechazo puede provocar en el individuo la vergüenza de poseer su estigma. Así pues, el uso del idioma alemán se convirtió en un estigma para quienes lo usaban, ya que podía llevar, y llevó, a gran parte de la comunidad a evitar los usos lingüísticos tradicionales en espacios públicos, de los cuales potencialmente podrían ser expulsados o rechazados por su condición de gringos.
 
Como mencionamos más arriba, en aquellos años previos a la II Guerra Mundial, había un vínculo estable con Alemania a partir de un flujo comercial y migratorio no de gran porte en términos absolutos, pero sí importante para las dimensiones de la comunidad. “Existía a principios de siglo en Nueva Helvecia una estación de servicio, donde tú veías en el surtidor la esvástica ya que el combustible venía de Alemania, cuando la esvástica no era lo que se terminó trasformando. En ese proceso de crecimiento y de desarrollo del Nacional Socialismo, muchas gentes que tenían esos vínculos comerciales empiezan a desentenderse de la cosa, y mucha otra gente no.”
Pero además del vínculo con la Alemania nazi, tenemos que destacar el papel que desempeñó Suiza en la II Guerra Mundial, lo que implicó innumerables explicaciones acerca de que nada tiene que ver el ser descendiente de suizo con el nazismo. Como dice una de las entrevistadas “(…) hubo ciertos problemas con familias de origen alemán. En el caso de mi familia, que son de origen suizo, siempre encontré un rechazo total. La imagen que yo tengo en el recuerdo es de rechazo a la situación que se estaba pasando. Inclusive recuerdo que juntábamos ropa, para familiares que estaban pasando necesidades, para enviarles. Pero, creo que hubo sí, que dio lugar a que hubieran ciertos distanciamientos, -en ese momento- entre lo que apoyaban y los que no.”
 
También vale decir que en la vida política nacional el golpe de Terra en 1933, según Real de Azúa, implicó un ajuste conservador a las reformas batllistas, como también un freno a las ideas corporativistas, en boga por estos años en América Sur. En el Uruguay existieron  -y existen- ínfimos grupo pro nazis, y en estos años -es claro también- existieron grupos o personas que veían con buenos ojos las ideas corporativistas del nacional socialismo “lo que sí te demuestra que se movían en la región esos mandos medios alemanes, y algunos no tanto, con cierta tranquilidad y libertad. De la mano de lo que fue el proceso histórico con Perón en Argentina, que los apañó, que los ayudó, tal vez algún gobernante Uruguayo colaboró también en eso y por eso ellos vivían en esta zona con cierta tranquilidad.”
Son varias las historias, relatos y hechos, que nos llevan a dimensionar, que en el período de la II Guerra Mundial y en la segunda posguerra, el debate en la vida pública de la colonia y los alrededores giró en torno al apoyo y/o rechazo sobre lo que se creía que sucedía en Europa. Cabría mencionar los acontecimientos relatados por Omar Moreira, acerca de la inauguración postergada del monumento emplazado en la plaza “De los Fundadores” en espera del desenlace de la guerra; o la “lista negra” de adherentes al nazismo, a la que se dio difusión en Nueva Helvecia a través del correo y pegándola en alguna cartelera de los almacenes, etc. Todo y todos estaban bajo la lupa reaccionaria en la cacería de nazis, la presión debió ser tal, que arrojó a una comunidad a que se auto enjuiciara y sentenciara, limpiando ante los ojos de los demás todas las aristas existentes que pudieran vincularse al nacional-socialismo. Fue esta barrida antifascista y conservadora la que enterró el uso del idioma alemán.
Si asociamos esta pérdida del uso lingüístico a un proceso de transculturación con los criollos, en un pueblo que se expandía y que ha entremezclado los discursos de pertenencia a una descendencia a través de discursos conservadores de las tradiciones de quienes allí vivían, sintiendo como propios hábitos y prácticas que eran de los primeros emigrantes a pesar de tener un distintos orígenes; uno de los efectos apreciables de este proceso de hibridación es la casi ausencia de familias enteras de suizo-descendientes que no contengan apellidos criollos en su árbol genealógico o, la marcada presencia de hijos de suizo-descendientes con nombres en castellano y con primer y segundo apellido gringo. Valdría decir que, tanto la identidad suizo-descendiente ha incorporado distintos aspectos culturales del castellano, como a la inversa, este identidad ha influenciado el contexto regional. Otro ejemplo de esta mezcla se expresa de una forma clara en las fiestas organizadas en clubes de las adyacencias rurales a Nueva Helvecia, donde “…se conservan la música tradicional y las comidas, aunque ahora en realidad se come asado con cuero, que no es tradicional suizo sino muy criollo; pero se baila música suiza durante toda la tarde.”
Si bien hoy persiste una identidad suizo-descendiente más difusa que en tiempos anteriores, es mucho más extendida en los tiempos actuales, donde uno puede escuchar la afirmación entre los lugareños de que la “Bierfest” es una fiesta del pueblo todo, que reivindica como propia una herencia común, por ejemplo, las competencias tradicionales suizas, las danzas, etc.
 
2.3 - Los remanentes de una lengua olvidada
Después de haber observado la pérdida del uso de la lengua migratoria a partir de una ruptura en el valor asignado al uso como componente de identidad, cave preguntarse qué es lo que ha quedado, si es que ha quedado algo en la vida cotidiana de la ciudad de Nueva Helvecia.
 
Nos propusimos realizar un sondeo a partir de un pequeño cuestionario, en el cual preguntamos el significado de siete palabras pronunciadas en suizo-alemán y/o alemán, las cuales se pueden agrupar en tres grupos conceptuales. El primer grupo de palabras hace referencia a la familia (“grosspapa” abuelo, “grossmama” abuela, “tanta o tante” tía o tío); el segundo grupo se vincula a lo colectivo y festivo (“prosit” salud en el brindis, “schottis” nombre de una danza); y el último grupo de palabras se relacionan a la gastronomía (“chucrut” comida basada en repollo, “leberwurst”  embutido de hígado).
A este cuestionario, agregamos una pregunta de respuesta abierta: ¿Conoce alguna palabra o término en el idioma alemán, que usted escuche en su vida cotidiana? De la cual  obtuvimos un 35% de respuestas afirmativas, aflorando un grupo de 15 palabras, como “swart” que significa negro o “edelweiss” que es el nombre de la flor nacional de Suiza; relacionadas a varios aspectos.         
Los resultados del cuestionario, a partir de respuestas positivas y/o negativa, frente al conocimiento del significado y del sentido de las palabras en cuestión, nos proporcionó una visión, donde las respuestas afirmativas son erráticas pero no ausentes, lo que refleja cierta memoria colectiva naturalizada sin grandes cuestionamientos. Para mejorar la presentación y la interpretación, hemos tomando de manera agrupada y porcentual a las repuestas, facilitando la comparación entre los conceptos y el origen del interpelado frente al conocimiento del significado de las palabras.
     Suizos     Criollos    Italianos y otros    Totales
Tipo de res.    No     Si      No     Si     No      Si     No     Si
familia    67%    33%    94%    6%    87%    13%    82%    18%
festivo    75%    25%    91%    9%    96%    4%    89%    11%
gastronomía    31%    69%    32%    68%    12%    88%    26%    74%
 
Lo que se puede apreciar, es que  hay un conocimiento generalizado acerca de las comidas típicas suizas, que se puede fundamentar como uno de los aportes a la cultura en general de la población. También se destaca dentro los suizo-descendientes el conocimiento acerca de las palabras vinculadas a lo familiar y festivo, llegando a obtener respuestas positivas en el orden 1 de cada 4 entrevistados. De este cuarto de suizo-descendientes, aquellos que manifestaron que escuchaban y/o usaban el idioma alemán en su relación con personas de generaciones anteriores (padres o abuelos) lo han dejado de hacer frente al fallecimiento de sus antecesores; mientras que algunos otros (minoritarios) conservan el uso de la lengua, lo que se encuentra relacionado con la vida en el medio rural. Vale destacar también que las respuestas más completas en conocimiento de sentido entre los descendientes suizos responden a un rango etario que oscila entre los 35 y los 50 años, mientras que las generaciones más jóvenes no responden afirmativamente más allá de la tendencia sobre el conocimiento de la gastronomía. 
Además, a partir de conversaciones con personas de la comunidad, que utilizan o tienen un conocimiento del idioma alemán, pudimos pronunciar y registrar unos pocos fonemas como por ejemplo la pronunciación del nombre Walter, donde un montevideano pronunciaría como “gualter” los habitantes de Nueva Helvecia lo pronuncian “valter”, que es la expresión correcta en alemán.  Llegando a comprobar, a partir de observaciones e interacciones en las calles de la ciudad, que permanece, tendencialmente, una pronunciación fonéticamente correcta de nombres y apellidos desde una perspectiva lingüística alemana, la cual  pudimos evidenciar al preguntar el nombre de las calles que son en gran medidas apellidos suizo-alemanes como por ejemplo las calles Frau Spori o Alfredo Stutz
A modo de resumen podemos decir que en la ciudad de Nueva Helvecia permanecen muy pocos aportes de la lengua migratoria de los suizos en los usos lingüísticos de los pobladores, donde los rastros más fuertes lo podemos encontrar en la gastronomía a partir de comidas típicas suizas, que fueron incorporadas a las rutinas domésticas de la vida cotidiana arrastrando su denominación, a ellas debemos sumar las pronunciaciones de nombres y apellidos con una fonética alemana entre todos los lugareños. Sumado a esto está el esfuerzo de algunas instituciones que se encuentran más estrechamente relacionadas a la comunidad suizo-descendiente como el Instituto de Lenguas de Nueva Helvecia, quienes se han preocupado en los últimos años en recuperar el idioma alemán (junto con otras lenguas) dentro de la comunidad de Nueva Helvecia.
 
 
 
 
Capitulo III: “Cinismo Simbólico”
 
3.1- La Creación
La idea de que los símbolos son una construcción es la base de esta primera parte. En este sentido, tomaremos y desarrollaremos esta perspectiva desde dos puntos de vista. Por un lado, los símbolos no responden a una construcción desde y hacia la unicidad, sino desde y hacia una multiplicidad. Por otro lado, esos símbolos son construidos siempre dependiendo de ciertas voluntades de poder-verdad.
De esta forma veremos dos cosas con bastante claridad. Por un lado, veremos que los símbolos tienen origen múltiple, lo que nos habla de los múltiples sentidos que puede tener un símbolo; o sea, si los símbolos son múltiples en su origen, esa multiplicidad del origen nos dice dos cosas: primero nos dice que según el sentido que tenga ese símbolo el origen que tendrá; y segundo nos dice que, si un símbolo tiene muchos orígenes y estos dependen del sentido que tiene el mismo, entonces el símbolo no es más que una construcción que depende del sentido que tenga en ese momento histórico. Así es que, por otro lado, veremos cómo los símbolos son siempre constructos, es decir, dotaciones de sentido, que dependen del momento histórico en el que nos situamos para verlos y analizarlos; es decir, estos constructos, estas dotaciones de sentido, pueden ser antagónicas en un mismo momento histórico, y de la lucha de fuerzas que esto supone, aparece la emergencia de sentido que prevalecerá, como sentido único del mismo, que a la vez adoptará un solo origen como propio.
 
Al decir que los símbolos son una construcción se nos viene a la cabeza la idea ingenua de que los símbolos ya existen y lo único que hacemos es repetirlos, y que la construcción es ese simple hecho de repetirlos ad infinítum. Como si por “generación espontánea social” los símbolos aparecieran y se apoderaran de nosotros, tomando nuestros cuerpos, inyectándoles cada uno una fuerza que choca con otras, las aplasta, las esquiva o simplemente las ignora; todo sin nuestra interferencia, desde afuera hacia adentro. Como si fuera solamente este proceso el que nos permite compartir cosas con otras personas y así crear un “nosotros”. Como si fueran “hechos sociales”, que escaparan totalmente a nuestras voluntades, a nuestras ganas, a nuestros cuerpos, a nuestras necesidades. Como si su única posibilidad de existencia fuera la de ser únicos, unívocos e individuales. Inyecciones de esferas irrompibles que llegan directo a nosotros y nos imprimen determinadas formas de ser y de estar, de sentir y de pensar; donde lo máximo que podríamos hacer es re-crearlos, repetirlos como simulacro de creación por siempre.
Pero lo dicho en el párrafo anterior es en parte cierto. Muchos de los símbolos que forman parte de nuestra vida existían con anterioridad a nuestra llegada a este mundo, al menos en lo que respecta a su nombre, a parte de su sentido y a parte de su uso. Uno llega a este mundo y los símbolos van penetrando en nosotros en forma constante gracias a nuestras interacciones con otras personas. Uno llega y ya le adjudican una bandera, un himno, un prócer, una forma de ser, de sentir, de pensar y de estar. El idioma, el lenguaje, los símbolos patrios, los ideales de familia, las pautas de conducta y las normas sociales; más adelante, el comportamiento con el grupo de pares, los ídolos, las marcas, los ideales, etc; todas estas cosas parecen colarse por nuestros cuerpos, tomar nuestras mentes, hacernos “ser”. Pareciera que todo se justificase por la interacción con otros, donde lo inter se perdiera para dar lugar a la simple acción de unos sobre otros sin tomas de partido, una simple transmisión de unos a otros.  Pero la idea de construcción se reafirma cuando pensamos en que no somos simples recipientes vacíos que se llenan para conformar una identidad, un “yo”, un “ser algo”. Estos símbolos siempre son puestos a prueba, interpretados, pensados como duda y como certeza; siempre los símbolos transitan el permanente juego de la agonística por la supervivencia en ese mundo simbólico que conforma buena parte de nuestra vida. Cuántas personas no sienten la misma bandera como la suya, la misma canción patria como la suya, la misma idea de patria como la suya. Cuántas personas no se sienten parte de una misma comunidad, a pesar del lugar donde nacieron, y cuántas interpretaciones sobre una comunidad hay. Cuántos ideales diferentes, cuántas morales diferentes con sus distintas normas de conducta, cuántas marcas, etc.
En este sentido es que lo inter dice presente a cada momento como entre. Se afirma ese espacio nuevo, lleno de intensidades y de fuerzas en pugna, descifrables e indescifrables, conexas e inconexas. El entre es el momento y el lugar de la creación, donde los símbolos se interpretan, se dudan, se sienten, se viven, se crean. Los símbolos pasan por nosotros, nos atraviesan, nos traspasan, y se refractan en todas direcciones, refracciones de refracciones. Y es el entre el que pone en duda el adentro y el afuera, el “nosotros” y el “ellos”. Es ese entre el que denota y da vida y lugar a lo múltiple de los símbolos, lo múltiple de su origen, de su contingencia y de su destino.
    Lo múltiple del origen es el anti-continuismo, la anti-meta-historia. Es el no reconocernos en ideales abstractos fuera del alcance del ejercicio del poder de las personas. Es descubrirnos en el azar, en las discontinuidades; es descubrirnos en la disociación sistemática de nuestra identidad tomada como algo único, fijo, identificable. “Lo que se encuentra al comienzo histórico de las cosas, no es la identidad aun preservada de su origen, es la discordia de las otras cosas, es el disparate”.  Se desea creer, desde todas las partes involucradas, que las cosas en sus inicios estaban en su perfección perfectamente identificable.
Si hablamos de la comunidad suiza de Colonia Suiza-Nueva Helvecia, no podemos hablar del origen de los símbolos que allí están presentes como algo único, algo fijo y perfectamente identificable, de una vez y para siempre, que ha determinado el carácter único de sus símbolos, y por tanto de la comunidad, hasta el fin de sus días. Cuando decimos que los símbolos que están presentes en Colonia Suiza-Nueva Helvecia son múltiples en su origen, decimos que esos primeros colonos traían sus símbolos, pero una vez en Uruguay su interpretación unívoca, la que traía cada uno de esos colonos, es puesta en duda, ya sea porque cada uno los vivía de manera diferente según su lugar de nacimiento, según el dialecto propio de ese lugar de nacimiento, según su religión, según su antiguo trabajo, pero también por estar en un nuevo país, conviviendo con un idioma más que se sumaba a los múltiples que traían consigo, una geografía totalmente distinta que configuraría los cuerpos en distintas y diversas maneras, un clima distinto que marcaría, entre muchas otras cosas, el tipo de arquitectura o el levantamiento de las cosechas, la relación con las colonias vecinas, etc.
Todas estas cosas hablan de la multiplicidad del origen de los símbolos al menos para la comunidad suiza en Uruguay.  Todas estas cosas hablan de la búsqueda de la procedencia, ya que, “la búsqueda de la procedencia no funda, al contrario: remueve aquello que se percibía inmóvil, fragmenta lo que se pensaba unido; muestra la heterogeneidad de aquello que se imaginaba conforme a sí mismo”. Es de este choque de fuerzas, entre las que sólo hemos enumerado algunas, desde donde se ve la multiplicidad del origen de los símbolos que en la comunidad se sienten como propios, como suizos.
Pensemos, por ejemplo, cómo se manifiesta esto en algunos de los símbolos “más suizos” que en la comunidad se viven. Los escudos cantonales son bastante recurrentes entre las casas de los descendientes de los primeros colonos, y a uno se le viene rápido a la mente la idea de que ellos son puestos en las casas nada más como reconocimiento de sus antepasados inmigrantes, pero seguramente uno pueda pensar este clásico símbolo como la re-afirmación de una identidad que poco a poco se diluye en la cada vez más abundante penetración de personas criollas, es decir, no descendientes de suizos con otras costumbres y otros valores; pero también, como dice uno de los entrevistados, “para embellecer el pueblo”, y de este modo, como dice otro entrevistado, “promover un turismo europeo o extra región” .O, también podemos pensar en las competencias de leñadores como un símbolo típicamente suizo, donde lo típico y lo suizo se pone en duda desde la llegada al Uruguay, ya que esas competencias remiten a clásicos juegos de destreza y fuerza física de personas acostumbradas a la recolección de cuantiosas cantidades de leña para afrontar los crudos inviernos suizos. Pero aquí en Uruguay este origen no puede ser sostenido, los inviernos aquí son bastante menos agresivos que en Suiza, y en este sentido es desde donde surge la idea de mantener este tipo de eventos como una manera de no perder la identidad, pero también puede ser por lo pintoresco y atípico de esta clase de juegos en un país que no los tiene por costumbre, o lo que es más significativo aún, quién ha ganado los dos últimos años esta competencia en la Bierfest (Fiesta de la Cerveza) no es descendiente de suizos lo que habla de la apertura de este símbolo y la negación del origen del mismo como afirmación de la identidad única, fija e identificable.
Los ejemplos son variados y pasaríamos un buen rato poniendo de manifiesto la riqueza del origen múltiple de los símbolos “suizos” en Uruguay, por lo que hemos optado por pasar al otro punto que nos acomete y que afirma lo antedicho sobre la multiplicidad de los símbolos. Hablamos de los símbolos como construcción dependiente de ciertas voluntades de poder.
Los símbolos dependen siempre, al menos en su sentido, del momento histórico, espacio-temporal, en el que se encuentran inmersos. Los símbolos, en sus distintos momentos históricos, transitan su propia emergencia. La emergencia de un símbolo “es el principio y la ley singular de una aparición”. Sería un error pensar la emergencia de un símbolo, al igual que la multiplicidad de su origen, en una continuidad ininterrumpida, es decir, por su término final, por su último sentido. Debemos reconocer  que “la emergencia se produce siempre en un determinado estado de fuerzas”. El análisis a partir de la emergencia debe mostrar cómo luchan unas fuerzas contra otras, contra las circunstancias adversas y contra sus propias debilidades o debilitamientos. Cómo las distintas voluntades de poder-verdad, en su lucha, son las que determinan los usos y sentidos que los símbolos tendrán en un determinado momento histórico.
Ahora bien, pensemos estas cuestiones para el caso de la comunidad suiza en Uruguay. Pondremos algunos ejemplos de algunos de los símbolos “típicamente suizos” como constructos dependientes de fuerzas en lucha. El ejemplo más claro que se me viene a la cabeza es el de la fiesta del centenario de la instauración de la colonia suiza en Uruguay.
Año tras año en Colonia Suiza-Nueva Helvecia se recuerda el aniversario de la instauración de la colonia suiza en Uruguay. Pero, para 1962 se festejaría el centenario de la colonia, lo cual en cualquier colectividad es un hecho más que significativo, no sólo como recuerdo y festejo, sino como acontecimiento simbólico, donde todo lo que una colectividad “es” se manifiesta en acto, como evento, como vivencia festejada. Es en las actividades festivas donde gran parte de lo simbólico se pone en juego y se exacerba como identidad festejada; es donde los símbolos se afirman y se ponen en duda, se interpretan, se sienten; en esta clase de eventos es donde la identidad se maneja como existencia, como cosa tangible. Es en este sentido en el que tener la verdad de cómo se debe festejar el centenario es tan importante. La configuración simbólica de una comunidad depende en gran medida de quién detente la verdad sobre cuáles son los valores, las costumbres, los juegos y los sentimientos que hay que festejar.
A medida que avanzaba el año 1961 en la comunidad de Colonia Suiza-Nueva Helvecia las cosas se ponían cada vez más calientes. La organización del centenario de la instauración de la colonia en Uruguay generó la división de la comunidad según la empatía con uno u otro de los dos caudillos que se disputaban la verdad de cómo se debería festejar tal acontecimiento. Esta división se llevó al extremo cuando se materializó en una elección, donde la disputa sobre quién tenía la verdad de cómo festejar el centenario, es decir, sobre cuál de las voluntades de poder-verdad en pugna tenía “razón”, se llevó a la corte electoral como listas “A” y “B”, donde una de ellas se impuso e impuso su voluntad de poder-verdad, determinando, en apariencia, la configuración simbólica,  “verdadera”, del centenario, y en buena medida, de la comunidad. Pero esto es así sólo en apariencia, porque en realidad, la resultante de esta lucha de fuerzas, es decir, el festejo que allí tuvo lugar, es la instalación de “cada una de estas violencias en un sistema de reglas y va así de dominación en dominación”. Porque el festejo no pudo desconocer la división que marcaba a la comunidad, y que por tanto, lo marcaba a él como exteriorización del cúmulo de fuerzas en lucha. Podemos hacer esta afirmación con aún más vigor si pensamos que, producto de esta disputa, y de la división que tenía aparejada, hoy día existe una comisión en la comunidad que, desde algún tiempo después de aquel hecho, es la encargada de organizar los festejos de los aniversarios de aquella instauración en Uruguay. Esta comisión no responde a ninguno de los dos caudillos que se postulaban en aquella elección, pero tampoco responde a ella misma como entidad autónoma que desconoce lo que pasó y lo que pasa, siempre responde a las personas que la integran, cambiando su conformación no sólo morfológica, sino también actitudinal, es decir, su voluntad de poder-verdad. Esta voluntad siempre depende de la lucha de fuerzas que en ese momento histórico, espacio-temporal, esté presente; y su resultante será siempre determinada por el azar, es decir, por aquella lucha de fuerzas, por aquel querer instaurar su verdad.
Quizá el ejemplo anterior aparezca como muy claro, evidente, y fácil de funcionar como ejemplo para una idea que pretende ser transversal a cada símbolo. Por esto, hemos decidido poner otro ejemplo de un símbolo que parezca, en su sentido, no remitir nunca a una disputa, a una lucha de fuerzas; que parezca haber sido, y seguir siendo siempre único, perfectamente identificable en su esencia. Hablaremos de las danzas típicas suizas, uno de los primeros símbolos típicamente suizos que reconocen los entrevistados.
Existen en Colonia Suiza-Nueva Helvecia grupos de danza que se dedican a bailar danzas típicas suizo-alemanas. Esto, como acto simbólico, parece muy claro, es recordar la madre patria que vio nacer a sus antepasados, es recordarlos a ellos, es afirmarse como descendiente, como portador de una id-entidad, una entidad igual, igual a la de sus antepasados, igual a la de los suizos (los de Suiza actual) por la tipicalidad de sus danzas. Pero la tipicalidad que esas danzas representan en Uruguay, como algo típico que aún en Suiza se mantiene, pierde su sentido típico, siendo la negación de lo típico, cuando un cónsul, un embajador, o quién sea nacido en Suiza va a Colonia Suiza-Nueva Helvecia, o a alguna de las colonias suizas en la cuenca del Río de la Plata –al menos– y se encuentra con que lo que es tomado como típicamente suizo, él lo desconoce casi por completo como propio, como suizo. Si los bailarines fueran fundamentalistas de lo típicamente suizo tendrían que dejar de bailar, porque en Suiza estos bailes no son típicos. También tenemos el tema del linaje. Quizá por prejuicio, uno se imagina lo típico representado por los más representativos, para el caso, descendientes de suizos; pero por suerte estas danzas no son tan restrictivas como para negarle la participación a alguien por no ser descendiente. Podríamos decir con esto también, que lo típico de las danzas se pierde, no en su totalidad, por su apertura a cualquiera que quiera representarlas. Por último, para afirmar esta aparente negación de las “danzas típicas suizas” como algo típicamente suizo, podríamos decir que las mismas siquiera tienen un origen suizo identificable como algo único, muy por el contrario, responden a las distintas regiones de donde provenían aquellas familias de colonos que llegaron al Uruguay.
De este cúmulo de fuerzas en lucha, y de muchas otras que quizás son indescifrables, es la resultante de “danzas típicas suizas”. Estas voluntades de poder-verdad que en apariencia niegan lo típico, en realidad lo dotan de otro sentido, de otra voluntad de poder-verdad; la de tomar las “danzas típicas suizas” como típicas de las colonias suizas, y no del país Suiza. Lo típico aparece entonces como otra voluntad de verdad, con otro sentido que aparece como el más apropiado para mantener lo típico en su tipicalidad. Una forma nueva de id-entidad, que transita su posibilidad como parte de las colonias, y no como parte de la madre patria Suiza, que deriva, de alguna forma, de ella, pero que nada tiene que ver con su actualidad.
Creemos que estos dos ejemplos sirven para entender qué era eso de que los símbolos dependen de determinadas voluntades de poder-verdad. Siempre, según quién se imponga, la verdad de un símbolo, es decir, su sentido, estará atado a esa determinada voluntad de poder-verdad. Porque “si interpretar es ampararse, por violencia o subrepticiamente, de un sistema de reglas que no tiene en sí mismo significación esencial, e importarle una dirección, plegarlo a una nueva voluntad, hacerlo entrar en otro juego, y someterlo a reglas segundas, entonces el devenir de la humanidad es una serie de interpretaciones”, al igual que las nuestras.
 
3.2 - La vivencia
En esta segunda parte, trataremos el tema de los símbolos como algo más personal, algo que se nos cuela por los poros, algo que sentimos, que nos apropiamos; algo que se nos aparece como vivencia.
Los símbolos no sólo son esa cosa abstracta de la que los teóricos se hartan de escribir, también forman parte de nuestra vida cotidiana, los tenemos por parte constitutiva de nuestra vida, de nuestro “ser”, conformándolo, haciéndolo ser.
Esta idea de que los símbolos son vividos además de creados, es por la que vamos a transitar durante este apartado. La hipótesis que manejamos es la de que es este sentimiento de vivencia de los símbolos el que hace de ellos una de las bases que configuran la id-entidad, es la que los convierte, al menos en parte, en conformadores de un “nosotros”, en instrumentos de diferenciación de un “otros”.
La idea es que veamos esto a partir de dos festividades clásicas de la Colonia Suiza-Nueva Helvecia que todos los entrevistados han resaltado como típicas de la ciudad; reconociendo muchas de las actividades que en ellas se desarrollan como típicamente suizas, y en ese sentido, conformadoras de “vivencia simbólica”. En primer lugar, la Fiesta de la Cerveza (Bierfest) que es uno de los acontecimientos simbólicos más significativos de la ciudad, no sólo por la cantidad de personas que convoca, sino también por la cantidad de “simbología suiza” que está en juego en ella. En segundo lugar, la Fiesta de la Independencia Suiza.
 
En esta Fiesta de la Cerveza, que se realiza en los primeros días de diciembre, no son sólo los descendientes de suizos los que participan de los “símbolos suizos” (y de muchos otros símbolos que no lo son), ni tampoco sólo las personas de Colonia Suiza-Nueva Helvecia; sino que también participan las personas de toda la región del Rosario. Pero como ya dijimos la cantidad de personas (que por cierto es mucha) no es lo que nos interesa tratar aquí; tampoco nos interesa mucho el tema de que esto hable de la apertura de la comunidad, y de sus símbolos,  a otras comunidades vecinas. Lo que realmente nos interesa ver con este ejemplo es la vivencia de los distintos símbolos que allí están en juego.
La festividad dura cuatro intensos días, comienza un jueves y termina un domingo, siempre en los primeros días de diciembre; aunque en realidad comienza un tiempo antes con otras actividades como la elección de la reina de la Fiesta de la Cerveza, donde participan chicas de las distintas comunidades que habitan la región del Rosario. Digamos que esto no tiene mucho de suizo, pero sí es importante decirlo porque allí es donde la fiesta comienza. También son muchos los músicos que participan de la Bierfest, algunos son de la región del Rosario, otros de otras partes del Uruguay, y otros menos son de otros países. Pero vayamos a lo que nos interesa, los símbolos suizos, es decir, aquellos que son capaces de generar ese sentimiento de pertenencia al grupo, al de la comunidad suiza.
Una de las actividades que se realiza durante aquella fiesta es la de las cinchadas de cuerdas. Simple, dos equipos, una cuerda y a cinchar, el que cincha más fuerte gana. Es muy bueno ver cómo los equipos se preparan, calientan sus músculos, los estiran; cómo la gente está expectante de lo que vendrá, y cuando la competencia comienza, todos nos paramos para ver más de cerca. Pero también pasa algo similar con las competencias de postas cerveceras y con las competencias de fuerza donde se cargan cosas con mucho peso. En la competencia de posta cervecera son equipos de cuatro integrantes los que compiten; los integrantes de cada uno de estos equipos deben -al menos en su última versión- ponerse un traje suizo, acompañado con un sombrero suizo que no pueden perder mientras sortean un par de obstáculos para llegar al vaso lleno de fría cerveza. Una vez que toman por completo el vaso, deben regresar sorteando nuevamente los obstáculos y entregar el traje suizo con el sombrero al participante de su equipo que vendrá después. Gana el equipo que termine la posta en menos tiempo. En las competencias de cargar no hay equipos, pero los participantes compiten también por tiempo. Cada uno de ellos debe cargar unos ocho bidones, llenos de cosas para darles mucho peso, uno en cada mano para demorar menos tiempo, y finalmente un saco lleno de arena de que pesará unos 50kgs. Todo esto tienen que llevarlo de una punta a la otra del lugar determinado previamente para esta competencia. Por último tenemos la ya mencionada competencia de los leñadores, donde gana el que corta un tronco, de un tamaño considerablemente grande, en menos tiempo con un hacha. Pero lo que más nos sorprendió de todas estas competencias fue la actitud del público. A pesar de los treinta y tantos grados de temperatura, la gente se acercaba para ver estas competencias que se realizan al rayo del sol, todos muy entusiasmados por saber cuál de los equipos o de los participantes se llevaría el primer puesto en las distintas disciplinas. La alegría y la fiesta están a cada momento como una experiencia que pasa por cada uno de estos juegos.
Asimismo están las competencias de tulipas. Las tulipas son unos recipientes de vidrio transparente con base en forma de bola, cuello largo de unos cincuenta centímetros y pico en forma de copa. La competencia es a quién termina antes con la cerveza que llena estos recipientes hasta su pico en forma de copa. Los competidores pasan en grupos de seis, y se van eliminando hasta que quedan los últimos seis que definen la competencia de la misma forma.
Tenemos además los lugares de comida, donde la comida típica suiza se mezcla con el clásico asado criollo, para conformar una carta muy variada. Y  las danzas, interpretadas en el gran escenario puesto en la plaza, donde uno puede ver muchas interpretaciones de danzas típicas suizas y alemanas a las que ya hemos hecho referencia más arriba. Como nos dice un entrevistado en determinado momento hablando sobre la festividad: “nos gusta la música suiza, tomar cerveza y bailar, y comprar alguna cosa suiza, como un souvenir. O comer las papas a la suiza, una fondue o alguna otra cosa, que son típicas de acá”.
Pero también está el desfile cantonal. En él desfilan muchas personas con trajes típicos suizos que dependen en su estética del cantón de origen de la familia. Muchas de las familias acompañan su desfile con música interpretada por algunos de sus integrantes, o con “carritos” antiguos donde viajan sus bebés. Es realmente muy lindo ver cómo el público aparece de todos lados para ver el desfile, sacando sus sillas playeras y apostándose en ambas ceras de la Av. José Batlle y Ordóñez. La convocatoria es asombrosa, cuadras y cuadras de la avenida son copadas por personas, fundamentalmente familias, que todas juntas llegan buscando el mejor lugar para ver el desfile.
 
 “Otra costumbre es festejar todos los primeros de agosto la independencia Suiza, otra costumbre es por parte de los familiares de los emigrantes es poder desfilar en la fiesta de la cerveza, con sus trajes típicos de su región, cosa que hacen no solo en estas fechas si no que lo realizan en todo evento cada vez que se los solicita, no tienen ningún problema. Las familias de los distintos cantones suizos que todavía quedan en colonia suiza, participan los veinticinco de agosto, cuando se festeja en la plaza, ellos concurren con sus trajes típicos, con las banderas y escudos de su región, en la festividad histórica Uruguaya”. La independencia suiza es el primero de agosto, pero el treinta y uno de julio, en Colonia Suiza-Nueva Helvecia comienzan los festejos con un gran fogón. Luego, el fin de semana que sigue al primero de agosto, se realiza una gran fiesta en el Club Artesano, donde los que allí asisten pueden disfrutar de un importante almuerzo y bailar muchas de sus danzas típicas. Tuvimos la suerte de asistir a su última edición y así disfrutar de parte de lo que allí se vive. Las banderas de todos los cantones suizos, la de Suiza y la de Uruguay, estaban colgadas en la parte más alta de las cuatro paredes del gran salón del Club Artesano, rodeando así de un cálido ambiente suizo aquella fiesta. Un grupo de músicos tocaba música suizo-alemana en vivo, con unos trajes típicos muy llamativos de color amarillo acompañados con un sombrero típico para tallar aún más su carácter. La música sonó durante horas, la gente bailó hasta cansarse, y muchos también llevaron sus trajes típicos para acompañar aquel festejo y decorar aquel ambiente con más espíritu suizo del que de por sí ya tenía.
            Pero la fiesta no termina ahí; los festejos continúan por dos semanas más. En cada una de esas semanas se realiza otra fiesta, pero ya no en el casco urbano de la ciudad, sino en las afueras, en la zona rural. Las danzas y las comidas típicas se mezclan con el asado con cuero y la recurrente dieta cárnica del uruguayo. 
Ese legado simbólico que aquellos colonos dejaron se vive como juego, como fiesta, como competencia, como baile. Las familias se reúnen, disfrutan, es un momento de comunión en el que todos esos juegos se viven como los símbolos que son, como herencia, como juego y fiesta. Lo suizo está en el aire, al alcance del que lo quiera ver, del que lo quiera sentir, del que lo quiera -y pueda- adquirir, del que quiera ser parte de él.
Es difícil transmitir lo que otros sienten, pero es en parte lo que nosotros vivimos estando allí. En cada una de nuestras visitas a Colonia Suiza-Nueva Helvecia pudimos sentir cómo lo “suizo” se vive, con cada uno de los entrevistados pudimos notar cómo estaba ese sentimiento enraizado en su vida; lo vimos en cada una de las instituciones que reflota lo “suizo”. Desde la Casa de la Cultura y Archivo Regional, pasando por la Biblioteca Dámaso Antonio Larrañaga creada por iniciativa de algunos habitantes de la comunidad, hasta el Cine Helvético, fundido y rescatado de la quiebra por una comisión de habitantes de la ciudad creada especialmente para tal fin. Y qué decir de la institución Movimiento Nuevas Generaciones, encargada, entre otras cosas, de organizar la Bierfest para, luego, volcar el total de las ganancias en beneficio de la comunidad, tomando a su cargo iniciativas como la de la pavimentación de las calzadas, la iluminación de las calles, la beneficencia para la casa de ancianos, etc.
Lo suizo dice presente, se siente y es vivido, sea uno descendiente o no, por casi todos los habitantes de aquella ciudad.
 
3.3 - El cinismo simbólico
Ya hemos visto qué quiere decir eso de que los símbolos son una construcción que siempre depende del momento histórico en el que nos encontremos y de las fuerzas en lucha en ese momento, y de cuál de ellas se muestre como hegemónica e imponga -nunca totalmente- su voluntad de poder-verdad. Y ya hemos visto también, cómo los símbolos se viven, tomando para ello el caso que nos interesa de la comunidad suiza en Uruguay.
Llegados a este punto, estamos en condiciones de esbozar qué es esto del cinismo simbólico. Por un lado, hablaremos del cinismo propio que existe en la utilización de los símbolos como medio para el ejercicio del poder; y por otro, del cinismo propio de los símbolos como afirmación del ser.
Como vimos en la primera sección de este capítulo, los símbolos siempre tienen sentido dependiendo de las voluntades de poder-verdad que los doten de tal. Así, corremos el riesgo de que se conviertan en mecanismos de dominación, en medios de ejercer la voluntad de unos sobre otros, la imposición del interés de unos sobre otros. Cuando, por un interés que no es el de afirmar la identidad, el de festejarla por satisfacción, el de disfrutarla como forma de vida, de ser, de sentir, de estar; los símbolos son utilizados, y el interés que prevalece es el de generar ganancias, prestigio, o el de conseguir cualquier tipo de provecho donde el otro es aventajado; lo cínico dice presente. De esta forma, la lógica propia del capitalismo puede transformar los símbolos en mercancía que debemos consumir, algo más que está en el mercado, algo que yo debo comprar “para ser parte de…”, algo que si no compro estoy fuera, al margen. Lo cínico aparece cuando, en la dotación de sentido de un símbolo, la voluntad de unos se impone sobre la de otro como la única y verdadera, la que debemos tomar y aceptar. Bajo esta idea, corremos el riesgo de que la identidad se transforme en consumo y la lógica del capitalismo capture para su beneficio lo más importante de nuestro ser, los símbolos que nos habitan, que nos hacen ser, que conforman la seguridad de nuestra identidad como personas y como comunidad.
Pensando ahora en la comunidad suiza de Nueva Helvecia, ella, no es ajena a este movimiento. Cada uno de los símbolos que conforman  la identidad suiza -al menos los que hemos nombrado más arriba-  dependen el sentido que tienen de la voluntad de poder-verdad que logre imponerse como hegemónica, que logre aparecer ante nosotros como única e indiscutible. Pero para ello debe tomar lo más sincero del sentimiento sobre los símbolos, eso a lo que hemos dado en llamar los símbolos como vivencia, como parte constitutiva de nosotros, de nuestra identidad. Cuando eso que tanto apreciamos como propio, como constitutivo, es tomado y usado como mecanismo de dominación, estos símbolos pueden transformarse en mercancía que se nos vende y es allí donde aparece el cinismo. En este sentido, ese amor que tenemos por ellos como vivencia ahora depende del consumo, de la posibilidad y disposición inducida que tengamos de consumirlos. No es casualidad que la Bierfest o Fiesta de la Cerveza la auspicie Pilsen, empresa que responde a los intereses de una multinacional cervecera. No es casualidad que las empresas de Nueva Helvecia aprovechen la ocasión para vender sus productos, disputándose los limitados puestos que pueden ponerse en la Plaza de los Fundadores; o que los feriantes vendan sus artículos que poco tienen que ver con ese espíritu simbólico suizo que se tiene como vivencia.
Pero hay que tener cuidado y no confundir las cosas; con esto no estamos condenando el festejo, ni tampoco a sus organizadores, la institución Movimiento Nuevas Generaciones, ni a los feriantes, ni a las empresas de la comunidad; lo que criticamos es cómo esto se lleva a cabo, es decir, mediante la lógica del capital, que usa lo que más queremos para vendérnoslo y aprovecha nuestros momentos más vulnerables para que nuestra identidad sea el producto del consumo que hagamos de ella como mercancía. Lo que criticamos es el argumento que podría esgrimirse en nuestra contra, el de decir que no hay otra forma de hacerlo, que es la única forma de colaborar con la comunidad,  porque no hace más que afirmar nuestra idea de que la lógica del capital está tan impresa en nosotros que hasta nos cuesta criticarla, que hasta nos cuesta ver que se ha apoderado de buena parte de nuestras formas de hacer, de sentir, de pensar, de ser y de estar. Esta parte del cinismo simbólico desconoce las metas y los fines por los que los símbolos son utilizados, en el sentido de que muestra cómo las voluntades de poder-verdad pueden apropiarse de su dotación de sentido para beneficio propio (o colectivo), llegando al punto de vender esos mismos símbolos, es decir, su propia identidad.
Sin embargo, la cuestión del cinismo simbólico no es tan trágica ni tan fatalista. Los símbolos se burlan de las voluntades de poder-verdad que los quieren manejar, que quieren imponer su sentido único, fijo, identificable. Cada vez que una nueva voluntad de poder-verdad aparece y lucha pretendiendo la hegemonía de sentido sobre un símbolo, cada vez que una nueva interpretación sobre un símbolo aparece, el símbolo se burla de ellas como vacío, como la nada y el todo que es. Siempre que nos encontramos ante una nueva interpretación de un símbolo que se nos aparecía como único, como verdadero, el mismo se nos aparece en su vacío, la misma multiplicidad habla del símbolo como herramienta de dominación, donde cada voluntad de poder-verdad la pretende como interpretación verdadera, mostrando así, que ninguna lo es y que todo depende en, última instancia, de la lucha, del azar.
Si un símbolo puede cambiar en su dotación de sentido tantas veces como interpretaciones haya, que se propongan como verdaderas; podemos decir, que el símbolo es vacío. Que un mismo símbolo pueda usarse como instrumento de dominación, y como lucha contra esa dominación, nos habla de su cinismo, el cinismo simbólico. Así es que el ser del símbolo no aparece más que en su vacío, con la multiplicidad de voluntades de poder-verdad que pretenden su sentido único, fijo identificable; y es allí donde aparece el “ser suizo”, en la multiplicidad de sus sentidos, en la multiplicidad de cómo entender lo suizo, en el vacío de univocidad que esto supone. El ser, y por tanto el símbolo, aparece sin sujeto, y sólo en este momento se afirma como ser, como símbolo, como identidad. Los símbolos suizos, y por tanto, el ser suizo, dependen de esa múltiple interpretación que lleva a su vacío y a su afirmación como símbolo y como ser. Depende de que esos símbolos suizos, y por tanto, la identidad suiza y el ser suizo, sean usados como mercancía, resaltados como identidad pura, como vivencia; depende de que uno sea descendiente y de que uno no lo sea, depende de que uno quiera sentirse suizo, de que a uno lo hagan sentirse suizo, y de que uno no quiera serlo ni sentirse; todo porque afirma su existencia como posibilidad, como multiplicidad que lleva al vacío en tanto que unidad, con lo que afirma el ser; el ser “suizo” en su multiplicidad de interpretaciones.
 
 
 
 
Capitulo IV: Conclusiones
 
Retomando los objetivos generales del taller, que nos colocan en la discusión de la pertinencia o no, de las nociones del “multiculturalismo” en oposición de una visión ideológica arraigada desde los comienzos del siglo XX de una sociedad mesocrática e integrada en términos generales, donde se percibe o se auto-percibe una supuesta homogeneidad de identidade cultural entre los uruguayos. Dentro de este marco general nos propusimos determinar si existe o no una identidad suizo-descendiente en el siglo XXI buscando captar qué rasgos tradicionales perduran y en qué aspectos se re-actualizan en el ahora, qué cosas hay de nuevas en que podemos colocar como suizo-descendientes, entre otras cosas.
Creemos necesario explicitar en este momento que nuestra noción del concepto de identidad es construida sobre la base de que es una relación. La relación camina por dos grandes derroteros, por un lado, la auto-percepción que uno tiene sobre su identidad, y con la cual uno puede identificar a otras personas como iguales o diferentes. Por esto es que, cuando hablamos de identidad, o hablamos de cosas que sólo son cualitativamente idénticas, iguales por lo menos en algún aspecto, o que en algún aspecto conforman una cierta unidad. Por todo ello, la identidad sólo cobra sentido cuando se afirma como auto-percepción en función de otros, ya sea por su percepción como diferente (y por tanto su negación como igual), o por su identificación como igual, con la misma identidad; en este sentido, el problema de sentido que plantea la identidad se entiende mejor si se formula como un problema de igualdad y diferencia.
 De esta forma la comunidad experimenta e internaliza las identidades; esta conciencia de la identidad personal y/o colectiva es por la cual el sujeto se comprende a sí mismo, encontrándose en el cruce de caminos entre las determinaciones estructurales, sociales, culturales y los deseos y percepciones subjetivas que surgen en la vida cotidiana.
Desde esta perspectiva orientamos nuestro trabajo, explorando los rasgos más distintivos de la vida de la ciudad de Nueva Helvecia, donde es clara la construcción de alters,  ya sea por los que se auto-perciben como parte de ese ser suizo (-descendiente) , como entre lo que no lo son y no se ven así. Estas diferencias se expresan de varias formas entre unos y otros, a modo de ejemplo: los que no se consideran descendientes de los colonos suizos, acusan a los descendientes de ser conservadores, avaros, aburridos, y de estar preocupados por el lucro, el dinero y el ahorro; mientras que estos responden que los criollos no quieren trabajar, que le va mejor en la vida a ellos porque saben conservar y aprender las actitudes con respecto al trabajo, la tierra; porque pueden aprovechar mejor los frutos del trabajo y la cooperación. Estas manifestaciones son asumidas como identidades propias que los diferencian tanto de los valdenses como de los criollos.
 
La elección de los tres grandes temas que hemos desarrollado emergen al establecer la existencia de una comunidad que actualiza, significa y re-signfica una identidad singular en la cultura uruguaya, donde las acciones colectivas ya sean festivas u orgánicas a nivel institucional, la expresión de tradiciones, la valoración y significación de los símbolos, además de los usos lingüísticos, costumbres gastronómicas, etc., nos hablan de una manera de ser distinta. Esta manera de ser distinta se ve aún más favorecida por el aislamiento geográfico (al menos en un principio y tal vez hoy también), por una abundancia de información documentada (que, entre otras cosas, nos permitió hacer una reconstrucción de los orígenes de los usos, hábitos y costumbres de la comunidad), por una gran valoración y rescate de muchas de las costumbres y tradiciones que aquellos colonos trajeron. Pero además, hay que destacar que esta forma de ser ha perdurado en el tiempo a pesar de las transformaciones y de las influencias con la región y el resto del país a partir de las interrelaciones crecientes y prolongadas que han ocurrido en casi 150 años que han pasado desde la llegada de los primeros colonos.  
Como ya dijimos, uno de los aspectos identitarios que emerge con mayor fuerza, es el que se refleja en la gran actividad de la sociedad civil a través de instituciones y comisiones locales, dotando a la comunidad de una mayor intercomunicación entre los distintos actores y personajes del pueblo. El ejemplo más claro que vimos de este fenómeno en la actualidad es la institución “Fuerzas Vivas de Colonia Suiza”, vocera legítima del sentir de Nueva Helvecia. Esta legitimidad se encuentra  fundamentalmente, por lo que ya hemos visto, en otras tres instituciones que forman parte de su componente: la comisión “Pro Colonia Suiza Trabajo y Tradición”, el “Movimiento Nuevas Generaciones”, y la “Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza”; quienes juegan papeles protagónicos en distintos ámbitos como el sector agro-productivo, la vida social, pública y festiva de la comunidad, o el relacionamiento con organizaciones y/o instituciones estatales o privadas.  Vimos que la identidad de grupo, de comunidad,  de igual y singular en lo que respecta a la organización social de la vida civil contempla un amplio rango de participación y aceptación, y nos indican una manera de ser y de participar en el devenir de la vida cotidiana, que le es propio, generando orgullo entre quienes participan de tal o cual institución e incrementa notoriamente el sentido de ser parte de la comunidad, de pertenecer a ella.
 El segundo emergente recuperado como evidencia sobre la existencia de una identidad suiza propia de Nueva Helvecia versa sobre la lengua emigratoria de los primeros colonos. Esta lengua transitó por distintos procesos y momentos históricos que han redundado, en el devenir de todo el siglo XX, en pocos aportes consistentes para el lenguaje de la vida cotidiana en la ciudad. Estos aportes se perciben a través de los registros fonéticos particulares (el cantito al hablar o al pronunciar determinadas palabras) que en la planta urbana se escuchan con claridad, además de la incorporación de algunas palabras específicas para denominar algunas comidas, algunas relaciones de parentesco y algunas cuestiones festivas. Este fenómeno de pérdida de la lengua migratoria, cuando durante mucho tiempo se mantuvo entre la diglosia y el bilingüismo, no fue sólo producto de la incorporación del castellano en la vida social de la cuidad a finales siglo XIX con el avance de las escuelas públicas en la región, sino también a los efectos, en términos de estigma tribal, que sufrió el idioma alemán entre aquellos que lo hablaban gracias a las asociaciones que se hacían de ellos con el régimen nacional-socialista.
El tercer y último emergente que hemos investigado está relacionado con los símbolos que habitan la ciudad de Nueva Helvecia y que hacen a parte del ser suizo en aquella ciudad. Llegamos a la conclusión de que los símbolos suizos dependen de las voluntades de poder-verdad que quieran dotarlos de un único sentido y que, en la lucha de fuerzas, hagan aparecer ese sentido como hegemónico, con lo que podemos correr (y corremos) el riesgo de que estos símbolos sean usados como objetos de imponer unas voluntades sobre otras, como mecanismos de dominación, y que lleguen incluso a transformarse en mercancía para la venta, donde la identidad que es vivida como cosa festejada se tiene que comprar para poseerla y sentirse parte de la comunidad. Pero este cinismo no es el único, y como los símbolos dependen siempre de la lucha de fuerzas entre las voluntades poder-verdad por su significación; ellos mismos se nos aparecen en su multiplicidad de sentidos y por tanto en su vacío, donde se burlan de aquellos que quieran dotarlos de un único sentido, y usarlos, si es el caso, como forma de dominación o de legitimar sus propias acciones; porque dan lugar a que otras voluntades de poder-verdad puedan usarlos y significarlos en otro sentido; y es en este punto donde encontramos la multiplicidad de sentidos de un símbolo como múltiples formas de sentir el ser suizo. Los símbolos aparecen entonces como necesarios para la afirmación del ser y su multiplicidad nos da cuenta de su vacío, y por tanto de las múltiples formas de entender cómo es ser suizo, cómo es tener una identidad suiza.
 
Podemos decir que existe una identidad suizo-descendiente en Nueva Helvecia. Por un lado, lo suizo en el sentido de aquellas cuestiones que se mantienen como costumbres y tradiciones en la comunidad y que fueron traídas por los primeros colonos. Por otro lado, lo descendiente en el sentido de que estas cuestiones toman nuevos significados con el paso de los años y son valoradas en múltiples formas por las nuevas generaciones. Una de las cosas más particulares que pudimos constatar a lo largo de esta investigación, es que lo suizo recorre distintos caminos, algunos que se vinculan con el campo y otros con la ciudad, pero principalmente hemos visto que sólo se trata de ser suizo-descendiente en términos genéticos, sino que el sentirse suizo es más bien una cuestión de auto-percepción, de abrazar aquellos valores que la comunidad resalta como suizos, sus símbolos, de participar en alguna de las múltiples instituciones de la comunidad, de valorar el lenguaje perdido como parte de un patrimonio a recuperar. En este sentido, los tres primeros capítulos de este informe podríamos decir que son tres de las formas más importantes de acercarnos a la comunidad y entenderla en sus múltiples aristas. 
 
 
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Ziegler S. “La primera escuela de Colonia Suiza”. Montevideo: Tradinco, 2003.
 
Ziegler S. “Memorias de mi tierra, Colonia Suiza”. Montevideo: Tradinco, 2002.
 
 
 
Por supuesto esta apertura fue aumentando progresivamente con el paso de los años.
Wirth, J.C.F. ”Génesis de la colonia agrícola suiza Nueva Helvecia”, Montevideo, Ministerio de Educación y Cultura, 1984; pág. 7-9.
En esta mitad del siglo XIX se registra la mayor cantidad de pueblos que se fundan en el interior del país.
Vale recordar que en estos tiempos la vía fluvial era la forma más segura y rápida para trasladar mercadería a Montevideo
Toda esta sección dedicada a la influencia de la masonería en la génesis de la colonia no se hubiese podido construir sin la valiosa información cedida por Rodolfo Leizagoyen.
Ziegler S. “La primera escuela de Colonia Suiza”, Montevideo, Tradinco, 2003; pág. 29, citando a el libro de “Gran logia de la Masonería del Uruguay”: 1991; tomo I,  pág. 66.
Llegó a ser “grado 33” y “Soberano Gran Comendador del Supremo Concejo” en ocasión de su presidencia y de “Gran Protector de la Orden (datos extraídos de:” Ziegler S. “La primera escuela de Colonia Suiza”, Montevideo, Tradinco, 2003; pág. 29, citando ídem.: pág. 7, 108-109).
Información suministrada por Rodolfo Leizagoyen.
Wirth, Juan C.F. ”Génesis de la colonia agrícola suiza Nueva Helvecia”, Montevideo, Ministerio de Educación y Cultura, 1984; pág. 72.
Informe sobre la Colonia "Nueva Helvecia" en el Uruguay de José Mauricio Thowex, Juan Matter y Francisco Blum, 14 de febrero de 1867.
Moreira Omar “Colonia Suiza, Nueva Helvecia” Montevideo: Imprenta Prisma 1985; Pág. 15.
La nueva planta urbana comienza a crecer con la llegada de criollos como mano de obra para el campo.
Entre sus intenciones no estaba poblar la colonia de una sola vez y para siempre, sino que traerían contingentes sucesivamente
 Este período va desde la instauración de la colonia en 1861 hasta aproximadamente 1964, exceptuando el conflicto por la declaración de pueblo cuyas fechas están marcadas más arriba.
Seguiremos profundizando en esta idea de corte y ruptura del uso de algunos valores identitarios de los suizo-descendientes en el próximo capítulo: “Schriftdeutsch: Una lengua reprimida”.
Dentro de las posibles causas de este corte encontramos dos posibilidades: una sería el envejecimiento de sus integrantes a raíz de la incapacidad de poder renovar sus filas; y otra sería, por luchas internas o conflictos de intereses entre los miembros. Con esto, seguimos sumando argumentos para determinar a estas décadas, como uno de los momentos que más impactaron en el futuro devenir de la identidad suizo-descendente en Nueva Helvecia.
Los nombres se repiten como homenaje a las antiguas logias de la región.
Profundizaremos en este punto en el capítulo siguiente: “Schriftdeutsch: una lengua reprimida”
Comentarios de terceros, ninguno estuvo con él realmente.
Datos extraídos de una copia del acta de casamiento, folio Nº  63 pagina 32.
Nuevamente, al igual que con la primera lista negra, muchos de estos comerciantes dejaron de vender a los que aparecía su nombre en el listado.
Actualmente son muchas más las instituciones y comisiones que conforman la asamblea de las Fuerzas Vivas de Colonia Suiza, entre las que podemos mencionar la presencia de la Iglesia Católica y de la Iglesia Evangélica-protestante trabajando ecuménicamente.
Fundada en 1915 por un grupo de productores que decidieron asociarse.
Treinta de los productores más significativos de la región formaron este grupo para trabajar conjuntamente.
Significa idioma oficial escrito o alemán estándar o alto alemán.
El termino criollo lo tomaremos de forma genérica para designar a todos aquellos que no son suizos descendientes.
Alemán estándar o alto alemán (como lo llaman los lugareños) se entiende en el sentido del alemán académico o formal, que posee una gramática codificada, condición que no poseía ninguno de los dialectos suizos alemanes.
En los esquemas Europeos de construcción republicana, que eran tomados como modelos a seguir en el camino hacia la modernización, versan sobre la unidad lingüística como condición de la unidad nacional. Puntualmente nos referirnos al artículo número 57 de la mencionada ley: “En todas las escuelas públicas las lecciones se darán en el idioma nacional y comprenderá cuando menos, un curso completo de Lectura, Escritura, Ortografía…”
En el año 1877.
“Colonia suiza a través de setenta años”, escrito por Juan Werner Berger en 1932.
Ídem.
Ambos textos se encuentran en exhibición en el Museo y Archivo Regional de Nueva Helvecia.
Cuando hablamos de personas que poseen un estigma en los términos de Goffman, distinguiremos que, si el estigma está a la vista de los demás, si es visible y evidente, la persona es “desacreditada”; mientras que en el caso de que el estigma no sea inmediatamente perceptible ni sea conocido por el entorno, hablamos de un individuo “desacreditable”. Nos referiremos aquí únicamente al caso de los desacreditados, teniendo en cuenta que, dentro de esta categoría, Goffman menciona tres diferentes tipos de estigma: primero, las abominaciones del cuerpo, es decir las deformidades físicas; segundo, las imperfecciones del carácter, como por ejemplo las pasiones antinaturales, las creencias traicioneras y la falta de honradez; tercero, el estigma tribal, que refiere a la raza, nación y religión de la persona. Este último es el que consideramos aplicable para el caso en cuestión.
Entrevista a Julián Mesa realizada el 15 de noviembre del 2006.
Entrevista a Rose Marie Hodel Hodel realizada el 14 de noviembre del 2006.
Entrevista a Julián Mesa realizada el 15 de noviembre del 2006, pag. 10.
Entrevista a Sonia Ziegler, realizada 16 de mayo del año 2006. 
El cual elaboramos inspirados en la obra de Labov W.  “Modelos sociolingüísticos”. Madrid: Cátedra,1983.
Estas micro-entrevistas incluían, en su cuestionario, preguntas relacionadas al origen de su familia y otras cuestiones que están reflejadas en el trabajo pero a un nivel más general (no nos detuvimos en ellas explícitamente como sí lo hicimos con la parte relacionada a los usos lingüísticos de la comunidad). Sin embargo, ni las micro-entrevistas en general, ni el  cuestionario en particular, pretenden ser una muestra significativa de la cual sus resultados puedan ser inferidos al resto de la población de Nueva Helvecia en términos estadísticos. Pero sí es una buena fotografía o aproximación de lo que podría estar pasando en términos de identidad y sensaciones subjetivas de los que allí habitan.
 
Foucault, Michel Microfísica del Poder. Buenos Aires: La piqueta, 1978/1989, pág. 10.
Ídem. pág. 13.
Horacio Meny entrevistado el día 14 de noviembre del año 2006.
Foucault, Michel. Microfísica del Poder. Buenos Aires: La piqueta, 1978/1989, pág. 15
Ídem.
Ídem., pag. 17.
Ídem. pag. 19.
 
Este lugar determinado previamente es siempre en la Plaza de los Fundadores en el centro de Nueva Helvecia; en esa misma parte se lleva a cabo la competencia de posta cervecera, pero para esta última se le agregan los obstáculos.
Por supuesto, esta competencia no se hace en un solo día para evitar excesos con la ingesta alcohólica que supone la competencia.
Horacio Meny entrevistado el día 14 de noviembre del año 2006
En la última edición de la Bierfest se acompaño el desfile cantonal con orquestas y con carros alegóricos (práctica que se había abandonado en durante algunas ediciones) hechos por los estudiantes de casi todas las instituciones educativas de Colonia Suiza-Nueva Helvecia.
Julián Mesa entrevistado el día 15 de noviembre del año 2006
No es casualidad que uno de los grupos de danza más conocidos de Colonia Suiza-Nueva Helvecia se llame “Los Alegres Alpinos”.
Para la Bierfest trabajan aproximadamente 1500 personas en forma totalmente voluntaria, demostrando así su interés por el bienestar de la comunidad en su conjunto.
Nunca lo logra totalmente y es desde allí donde siempre se da la lucha.

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