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Bernardino García


    Bernardino García es descendiente de los últimos charrúas, el cacique Sepé.

Entrevistador/a: ¿Cuándo se enteró usted de que era descendiente de charrúa?
Bernardino: Fue en 1971, cuando falleció mi padre –Avelino García. Ahí vino la prensa de Montevideo directamente para la casa. A partir de ese momento yo empecé a investigar […]. Yo tuve que ir solo; empecé solo y ando solo. Recién ahora es que tenemos un grupito más o menos armado, pero primero yo empecé a militar solito; mi hermano no me acompañó. En 1986, que en ese entonces era el señor Sanguinetti el presidente de la República, en la prensa de ese momento y también en los diarios se podía leer que había tierras para las familias de descendientes. Al enterarme, lo que hice fue reclamar que si eran tierras nuestras ¡que nos las dieran! Pero lo que pasa  es que en aquel entonces yo no era muy domesticado [sic]. Es ahora que yo estoy más avispado. Es un derecho y había que reclamarlo. Pero hasta el día de hoy, nada.

Entrevistador/a: ¿En dónde hizo el reclamo?
Bernardino: Había en el Instituto de Colonización un documento y todo. Pero como yo les comentaba hace un rato, solo no puedo, mucho no puedo hacer.

Entrevistador/a: Pero ¿en donde hizo el reclamo?
[Interviene su esposa].
Esposa: Lo que pasa es que los hermanos no lo apoyan […].
Bernardino: En el primer desfile de la Patria Gaucha, que se hace acá en Tacuarembó todos los años, querían que me pintara y yo les rechacé. Y además, les dije que si me iban a pintar no me subía al caballo. Si yo voy a representar lo que soy, la pintura pasó a la historia. Pero yo calculé que seguramente ellos habían visto eso miles de veces en las caricaturas, y es por eso que me preguntaban a cada rato si eso a mí me gustaba.
Esposa: Lo que pasa es que en el tiempo indígena se ponían las plumas porque era un símbolo (era un ave). Incluso, el padre de él se llamaba Avelino porque era un ave; él mismo me lo dijo el día en que murió.
Bernardino: Él [padre] tenía más contacto con ella que conmigo.
Esposa: Cuando murió el padre de él, en el hospital estaban todos los hermanos reunidos –fue justo cuando yo tuve a mi otra gurisa. En ese momento yo le agarré la mano –porque él era ciego– y el padre de Bernardino me pide cerrar la puerta y la ventana porque había mucho sol. Me apretó la mano bien fuerte y me dijo: ¡mirá mija qué paloma bien linda entró aquí dentro del hospital!, ahí por la ventana. Y yo le dije: "mire usted que hermosa". Pero yo no veía ninguna paloma; yo le decía porque él me lo decía. Bueno, después de eso me fui para casa y me comentaron que me había llamado una vecina para avisarme que lo estaban pasando en la televisión lo del fallecimiento del indio Avelino. Y yo les conté después lo que me había pasado, y les decía: "vos sabes que me apretó la mano y me dijo que estaba bien fuerte el sol"; y yo me preguntaba cómo lo veía; si él era ciego, cómo logró ver el sol. Y ellos me comentaban que el indio es así, ve todo. Y la paloma era el espíritu de él que se iba. Y a mí eso me quedó para el recuerdo. Fue una linda historia.

Entrevistador/a: ¿Cuándo falleció su padre?
Bernardino: El 21 de agosto de 1971.

Entrevistador/a: ¿El grupo en el cual ustedes están es el Guyunusa?
Bernardino: Sí, ese mismo.

Entrevistador/a: ¿Cuántas personas se reúnen?
Bernardino: Bueno, ahora debe haber unos quince, que nos reunimos siempre. Anteriormente éramos un grupo reducido; ahora parece que empezó a llegar más gente. Queremos tener un lote regular, ¿vio?

Entrevistador/a: ¿Han empezado a comunicarse con a la gente sobre el tema?
Bernardino: Claro, es lo que pensábamos: tener más comunicación humana, para poder ir recogiendo opiniones, porque tal vez usted piensa una cosa y yo pienso otra, es decir, tenemos ideas diferentes. Pero quizás en el fondo hay cosas que tenemos en común. Míre, justamente mañana tenemos reunión. Lo principal es que nos juntemos. Lo que pasa que es como yo les comentaba hace un momento, mi gente no me acompaña, es decir, mi familia, principalmente, que es a la que yo quería reunir primero.

Entrevistador/a: ¿Y no tienen [la familia] interés en reivindicar los derechos del indio?
Esposa: [En tono enojado]. Ellos [la familia] dicen que no porque el Gobierno no les va a dar nada –que en parte tienen razón– y que no van a estar haciendo grupos para nadie. Y además otra cosa: había cuarenta y cinco hectáreas de tierra para ellos en el balneario Iporá. Lo que pasa es que en aquel tiempo [lo señala a Bernardino] le gustaba mucho la bebida, y la primera vez lo agarraron y lo hicieron firmar un papel, por lo que perdieron las tierras […]. La tierra es lo menos que nos aflige. Lo que yo quiero ahora es que se reconozca que existe esta raza charrúa en nuestro país.

Entrevistador/a: ¿Eso es lo importante para usted: recuperar la memoria indígena?
Bernardino: Por supuesto. Queremos que exista el reconocimiento. Y a su vez deseamos reunirnos con los maestros, porque en la escuela jamás nos hablaron de indios. Existe otra historia. Además, ese es un orgullo para nuestra tierra.

Entrevistador/a: ¿Y la gente de toda esta zona, se interesa en el tema? ¿Es receptiva?
Bernardino: Poco. Ya en Paso de los Toros es totalmente distinto. Yo ando por ahí; hemos hecho actos a beneficio. En cambio acá me tratan de lo peor.

Entrevistador/a: ¿Usted se siente discriminado?
Bernardino: Claro. El problema es que no hay un apoyo para nada. Y además, ha ido gente al pueblo a preguntar por mí y no saben dónde estoy, y hace cuarenta años que trabajo en la Intendencia. ¡No seas malo! [Golpea sus manos arriba de las piernas]. ¡Hace cuarenta años que soy empleado municipal! Incluso, el año pasado no desfilé. No quise, porque vino una francesa y no me dejaron desfilar, y después [sucedieron] otras cosas que no me gustaron. Luego dijeron que habían perdido todos los premios por una u otra cosa y decidí no desfilar. Eso me lo dijo la presidenta de la Patria Gaucha, pero después descubrí que era para no darme nada. No interesa; igual yo no les pedía nada. En los ciento cincuenta años del viejo Artigas, que se realizó en Montevideo, fui y me encontré con esta gente, allá, en Montevideo. Tuvieron la desfachatez de preguntarme cómo había ido. Yo les contesté: "a pie. Y me encontré un caballo en la calle y ando con él". [Lo dice con ironía y riéndose]. No les costaba decirme, aunque sea por cortesía: "mire, le prestamos un caballo para participar". Si yo pertenezco al mismo grupo de ellos [se refiere a Fiesta, Patria y Tradición]. Y si quiero hablo con el intendente y consigo unos días de licencia para la fiesta.

Entrevistador/a: ¿Qué se siente ser descendiente en la actualidad?
Bernardino: Para mí es un orgullo, quiero que se sepa. Hoy en día se habla en las iglesias, en las escuelas y en los liceos. He tenido visitas de distintas personas que están estudiando la raza. Lo que ocurre es que no haber conocido a mi padre y no haber ido a la escuela me impide contestar muchas preguntas. La escuela mía fue el mundo. Me hicieron todos los análisis de manos, pies y sangre y me salió que era indio. Pero es por orgullo que salgo a representar a la raza, para que hoy o mañana no quede en el olvido.

Entrevistador/a: ¿En qué año le hicieron los estudios? ¿De qué etnia es?
Bernardino: Me lo hicieron el 24 de noviembre de 1998, y la etnia era charrúa. Ahora, les digo una cosa: el instinto siempre lo tuve. Me cuenta una tía que me encerraban en una jaula para que no hiciera travesuras. Anduve siempre descalzo y la ropa siempre la usaba como taparrabo [promete en la próxima visita ponerse el atuendo]. Siempre tuve el instinto de hacer arcos con flechas para cazar pajaritos.

Entrevistador/a: Cambiando de tema, ¿qué le parece el monumento Bernabé Rivera a la entrada de la ciudad?
Bernardino: Muy mal. Nos choca. Aparte, ahí fue la emboscada que hicieron a los últimos indios que quedaron. Yo mismo fui el que puse el monumento (el intendente fue el que me mando). Yo, si hubiese sabido de quién era ese monumento, lo exterminaba a él [se refiere al intendente]. Parece que ahora vamos a sacarlo; estamos solicitando a las tres bancadas que lo retiren de allí, y además, cambiar el nombre de las calles por nombres charrúas.

Entrevistador/a: Háblenos de Salsipuedes.
Bernardino: Muchas injusticias hicieron con los indios acá. Y está bueno que se los recuerde como ustedes lo están haciendo ahora. Nada va a quedar oculto. Lo que queremos es que saquen los cuerpos de los charrúas de Salsipuedes. Además, nos contaron que en la Laguna del Silencio, los tiraron y los descargaron como si fueran animales. Ahí está lleno de cadáveres. Es un lugar muy especial: media legua para abajo y media legua para arriba no siente volar ni un pajarito. Hay que estar allí. Y llega un momento que te da como algo; y es sólo en esa parte, porque en otro lado no es así. Uno cada vez va creyendo más. Yo hace años que quería ir, pero el tema económico complica todo (y eso que hemos conseguido mucho, porque los pasajes nos los dio Turil). Lo importante es apoyar el movimiento, que se divulgue. Cuanto más se sepa, mejor. Si es una historia verdadera.

Entrevistador/a: ¿La práctica yuyera tiene raíces indígenas?
Esposa: Y sí. Yo tengo cincuenta y ocho años y no sé lo que es un doctor; siempre usé yuyos.
Bernardino: Hace poco estuve con una alergia bravísima, y lo primero [que hice] fue tratarme con mata bicho, ya que pensamos que estaba relacionada con un pingo que usé.

Entrevistador/a: ¿La presentación de los niños a la luna se realiza?
Bernardino: Sí, claro. Presentamos a mi nietita cuando nació. Y es en cualquier luna (no solamente la luna llena, como se dice). Lo que se dice en ese momento es: "luna lunera, te presento a mi hija. Ayúdamela a criar. Líbramela de todos los males que la puedan dañar". La luna para el indio era y es muy importante; tiene un poder increíble. Es para disfrutar, porque los indios disfrutaban de la luna. 

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