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Ion Aramburu

 

       Ion Aramburu participa actualmente en el centro Euskal Herria.

Entrevistador/a: ¿Cuánto tiempo hace qué está acá?
Ion: Yo salí de allá, del País Vasco, en 1954. De ahí [me fui] para la Argentina. Estuve en la Argentina con mis tíos en la provincia de San Juan, que está a doscientos quilómetros de Buenos Aires. Hace un calor que raja la tierra allá, entonces, como no me encontraba bien, porque San Juan es muy seco, me vine a Buenos Aires. Estuve en Buenos Aires muy poquito tiempo, un poco esperando a que se arreglaran las cosas y poder volver al País Vasco. Y cuando iba en el barco, algo así como "el crucero del amor", conocí a esta chica [su actual esposa, María Inés, Beba] en el 54. Ella iba a la granja de sus abuelos, entonces, yo me fui  allá [País Vasco] pensando en quedarme, pero me exigían hacer el servicio militar, y pensé en volver otra vez. Me dieron seis meses de plazo para estar allá, y a la vuelta me crucé otra vez con esta chiquilina en el barco, por segunda vez. Y ahí me fui para la Argentina, y carta va y carta viene con ella. Ella bajó acá, en Montevideo y yo en Argentina. Al ir para allá, ella bajó en Vigo, porque los abuelos eran gallegos, y yo seguí para Bilbao. Tanto al ir como al volver viajaba una noche más que ella. Y bueno, terminé enganchándome con la criollita acá. ¿Qué más quieren que les diga?

Entrevistador/a: ¿Se quedó acá entonces?
Ion: Me quedé acá sí. Nos casamos en el año 63. El 23 de marzo del 63, […] ni que hubiésemos buscado la fecha. Tuvimos (y no tuvimos) tres hijos, dos nenas y un varón, que perdió mi señora, y a una muchachita que criamos desde los tres años, que adoptamos del Consejo del Niño, ahora INAU.
 
Entrevistador/a: ¿Cuándo llegó en qué trabajó?, ¿qué hizo?
Ion: Cuando vine, en la Argentina, trabajé en una tienda muy grande en San Juan, que en ese entonces era una de las más grandes de la Argentina. Después, cuado vine aquí a Uruguay el primer trabajo que tuve fue en Barreiro y Ramos, que ya no existe más (era una librería, papelería). Después de esto, entré en una fábrica, que ahora es Dancotex, donde trabajé veintiún años. Después de eso trabajé en una pollería durante diez años, que ahora también está cerrada. Y entre un trabajo y el otro junté los años y me jubilé. Ya era mucho trabajar [sic] y era hora de jubilarme. Lo que pasa es que tuve un ataque […] de Parkinson y quedé muy mal. Aparte, tuve un estado depresivo muy grande, por tener que deshacerme del trabajo. A eso se le sumó la diabetes y un montón de cosas más. Ahora estoy en tratamiento permanentemente. Es una suerte que hoy esté acá. Igual, sigo estando en estado de depresión; es más bien de tristeza, no de agresividad. Pero ahora estoy bastante bien.

Entrevistador/a: ¿Y tiene familiares allá?
Ion: Acá nada. Lo único que tengo es a mi señora y a la muchacha que criamos. Nada más. En el País Vasco tengo dos hermanos mayores, porque nosotros éramos cuatro hermanos. Los mayores eran Pedro, José, […] y el más chico, que falleció, se llamaba Koldo. Ustedes capaz que lo habrán leído: muchos nombres vascos tienen significados. José es Joseba, Ion significa Juan y Koldo es Luis. Tengo nueve sobrinos. A mí me pusieron Juan porque yo nací para San Juan, un 22 de junio y San Juan es el 24. Igualmente, mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo eran también Juan, así que no podía perderse.

Entrevistador/a: Cuándo llegó, ¿tuvo contacto con algún centro vasco aquí?
Ion: Sí, con el Euskaro Español. Ahora voy a Euskal Herria, porque el Euskaro está cerrado. Parece que se fundió o que lo robaron, no sé. Dicen que se llevó la plata el presidente. Él era un vasquito bueno. A mí me contaron eso en Euskal Herria. Voy ahora allí. Yo iba al Euskaro porque en Euskal Herria no había bailes como había allí, que había bailes todos los domingos. Yo tenía un poco más de veinte años. Ahí también se organizaban juegos de mesa y kerméses para los mayores. Aparte, políticamente las ideas son muy distintas [entre los centros].

Entrevistador/a: Ah, ¿sí?
Ion: Sí, porque Euskal Herria es más bien del Partido Nacionalista Vasco y el otro ya era Euskaro Español, era más tirando para España. Allí había mucha gente de Navarra y ellos están "que somos o no somos vascos". No saben, no sé lo qué es lo que quieren; no son muy unidos pero como no tienen sede, el día de San Fermín lo festejan acá, en Euskal Herria. Antes tenían mucha gente, pero después la gente se fue y no vino nadie. Los vascos no van. Tampoco otros. Antes nos veníamos para acá [América], pero ahora la gente se va para allá, para Europa. Yo ahora he escuchado que a los nietos de los vascos los van a reconocer, les van a dar la ciudadanía. No sé si eso será así. Yo veo a la gente de acá con ganas de irse y creo que el Gobierno de allá los está acomodando, pero hay muchos que no pueden quedarse [allá].

Entrevistador/a: ¿Y el Gobierno vasco los ayuda?
Ion: A los centros sí, los ayuda. A nosotros, más o menos. A mí hace como un año me mandaron unos formularios para que los completara, porque parecía que nos pensaban dar una pensión, […] pero yo no contesté porque el Gobierno español, ya de por sí el gobierno central da eso a las personas que se encuentran fuera de allá. Les manda una pensión a los que más necesitan. Entonces ¿para qué? Tanto trabajo por una posibilidad, para que me den una pensión muy escasa: no quise completar nada. Hay gente que necesita mucho y el Gobierno central ya les está dando a miles de personas esa pensión. Algunas son muy buenas pensiones. Se la dan justamente a quien no tiene o no le alcanza con la jubilación que tiene. Le dan la Sociedad Española también, para que los médicos los atiendan, y a la gente que tiene enfermedades crónicas, como yo, también les dan una pensión. Todo, gratuitamente.

Entrevistador/a: O sea que usted mantiene contacto con el País Vasco…
Ion: Sí. Incluso voto porque me viene de allá la papeleta. Yo recibo siempre un periódico que me explica cómo es la situación de allá y todo. Son muy interesantes. Son sólo de Bilbao, nada más. Y aquello [nos muestra un cuadro en la pared en donde aparece fotografiado el pueblo donde nació él] se llama Mundana; en ese pueblito nací yo. ¿Vieron qué pueblo más bonito? Montañas y toda la playa, la costa. Está en la provincia de Vizcaya, a treinta y seis quilómetros de Bilbao, que es la capital de Vizcaya. Allí se hace mucha pesca deportiva, mucho campeonato de pesca. Hacen surf y todo, porque hay unas olas impresionantes; se hacen campeonatos mundiales. Es un pueblito muy chiquito. Del otro lado de la montaña hay otro pueblo. Por debajo de esa montaña pasa la carretera. Es muy bonito. Está rodeado del mar.

Entrevistador/a: ¿Y ha vuelto a visitar ese lugar?
Ion: Yo sí, estuve el año pasado. No llegamos a dos meses. Voy bastante seguido; el año que viene si Dios quiere iré otra vez.

Entrevistador/a: ¿Y no le dan ganas de quedarse allá cuándo va?
Ion: No, no hay nada mejor que la casita de uno. Yo extraño mucho mi casa cuando no estoy. Cuando nací yo, el pueblo estaba de fiesta porque era San Juan.

Entrevistador/a: ¿Y usted conserva algunas tradiciones vascas?
Ion: Sí. La lengua, el euskera. Las comidas, también. Aunque las gallegas son ricas, no hay como las vascas. Nosotros tenemos las nuestras: el bacalao, el pescado, las legumbres, porotos, garbanzos… En Galicia se come mucha carne de cerdo y nosotros somos más del pescado.

Entrevistador/a: Si tuviera que comparar a la comunidad vasca de cuando usted llegó y la de ahora ¿qué diferencias encuentra?
Ion: Hay menos gente. Lo que pasa es que la gente ha fallecido y los que quedamos somos muy mayores, porque que seamos netamente de allá estamos quedando muy poquitos. Y somos nosotros los que nos acordamos del País Vasco. Y que hablen euskera, muchos menos.

Entrevistador/a: ¿Y usted trajo alguna especie de dilecto del euskera?
Ion: No, es muy parecido en todos lados. Las principales diferencias son entre Iparralde y las provincias del sur. Pero son pequeñas diferencias.
 
Entrevistador/a: ¿Y usted acude actualmente a algún centro?
Ion: Yo sí. Bueno, en realidad voy cuando me llama Agurtzane. Cuando estuve allá entré a una tienda a comprar un rollo de fotos. Allí me encontré con una muchacha que pronunciaba muy bien el euskera y le pregunté de dónde era. Ella me dijo que era de Angola. Algo increíble, antes no había eso. En Uruguay hay mucho apellido vasco. Este país, o mejor dicho la tierra de este país, fue dado vuelta por los vascos. Buenos Aires también. Y en el Interior es impresionante la cantidad [de vascos que hay].

Entrevistador/a: Sí, cuando nosotras estuvimos en Minas eso nos llamó mucho la atención: La cantidad de gente que usaba la chapela, como le dicen ustedes, habiendo [sic] treinta y pico grados de calor. Además, los nombres de las calles y los comercios….
Ion: Sí, hay una cantidad impresionante. La presencia en la producción de lana de los vascos [es notoria]; donde está ahora el Canal 4 y esa zona, antes había depósitos de lana.

Entrevistador/a: ¿La gente que usted conoció cuando llegó fue a trabajar a comercios y demás?
Ion: Bueno, los vascos que yo conocí, en Argentina, por ejemplo, eran tamberos. Se dedicaban a la leche, toda la familia. Y otros vascos también se dedicaban a la lechería. Iban con el carro tirado por caballos a repartir la leche casa por casa; no era como ahora. Del año 54 hasta ahora ha cambiado mucho. El País Vasco es muy rico, muy verde, pero muy montañoso también. Ahora tiene mucho desperdicio. Lo que sí ha progresado mucho es Bilbao. Allí, en Guipúzcoa, también se hacían barcos, ferrocarriles y todo eso. Ahora se ha terminado, porque ya no se necesita tanto hierro, tanta madera. Ahora todo es de plástico. Bilbao está lleno de museos ahora. Hay un museo muy famoso con un nombre raro [se refiere al famoso museo Guggenheim], que está en un costado del río Nervión. Hay uno en el País Vasco y otro en Estados Unidos, nada más. El río Nervión nace en el País Vasco y termina en el País Vasco. Es un río navegable y se mezcla el agua dulce con el agua salada. El museo ese parece un barco hundido. Es justamente allí donde hace muchos años se construían barcos. Allí se hacen congresos internacionales ahora.

Entrevistador/a: Usted que ha ido más de una vez al País Vasco, ¿ve alguna similitud entre la cultura de acá y de allá?
Ion: Allá hay muchas comodidades en […] las casas de campo; distinto a las casas de los peones de acá. Los vascos se dedicaban mucho a la tierra y a la ganadería, así como los gallegos a la tienda, al almacén. Los vascos no han sido tanto de [dedicarse a] esto. Allá, muchos eran grandes pescadores. Allá, por lo menos en Bilbao, […] hay mejor nivel de vida de la gente. Se están haciendo grandes construcciones de viviendas, arreglando calles, haciendo parques, plazas. Mejor calidad de vida. Ahora en Bilbao han vuelto a poner tranvías, después de tantos años. Es muy moderno. Tienen unos de los trenes más rápidos y piensan poner otros aún más rápidos. Cuando uno va, después de mucho tiempo, ve muchos cambios. Yo la última vez que había ido había sido en el 97. Después, por problemas de una cosa y otra no fui, hasta hace poco. Ahora dijimos que vamos a ir el año que viene a Galicia, porque una tía de mi señora cumple los noventa años y dijimos que íbamos a estar allí. En Galicia no hay tantos museos y esas cosas como hay en el País Vasco. Guipúzcoa es muy bonito y Álava también. San Sebastián es carísimo.
 
Entrevistador/a: ¿Cómo era un día típico en el País Vasco cuando usted era niño?
Ion: Algo que recuerde yo… Me acuerdo desde los tres años del bombardeo de Guernica. Mis dos hermanos mayores iban a una escuelita y yo […] no sabía quedarme solo. Tenía tres años y andaba para todos lados con mi madre. A mi hermano más chico lo cuidaba mi abuela, porque mi padre era prisionero de guerra. Y mi madre [estaba] desesperada, porque no se sabía nada de mi padre. Después de buscarlo por un tiempo, vino una persona, que habló con mi madre porque él se lo había pedido, para avisarle dónde estaba y que se encontraba prisionero de guerra. Y mi madre después se sosegó un poco. Los domingos nos llevaban al parque a jugar a los cuatro. Yo me acuerdo cómo ardía Guernica. Mi madre me llevó después de días […] porque si me dejaba en casa lloraba y gritaba; era el más difícil yo…

Fui de muy chiquito a la escuela. El problema que nosotros teníamos era que no sabíamos hablar el castellano. Hablábamos el vascuence. Mi madre siempre nos decía: "el castellano de la puerta para afuera. Aquí en casa se habla vasco". Porque nos obligaban a hablar castellano. Franco fue un sinvergüenza. Nos rezongaban en la escuela si decíamos alguna palabra en vasco; ni siquiera en el recreo [podíamos]. Y ahora es al revés, porque obligan a los niños a que hablen tanto en castellano como en euskera. Fue una época muy triste, no podíamos hablar en nuestra lengua. Si una persona llevaba un vestido con los colores de la bandera vasca, aunque sea un detalle en rojo, blanco y verde, venían y te ordenaban a que te lo sacaras o te llevaban preso. Me acuerdo que se conseguía de todo, pero a unos precios altísimos. Un litro de aceite valía sesenta pesetas. Era mucha plata para ese momento, no se podía. Así fue, incluso, en tiempos de la posguerra. Era muy feo. Eso fue así hasta el 50, por lo menos, que yo me vine. El pan nos lo daban fraccionado: a nosotros nos daban tres panes y medio, y estaba hecho como si fuera con el barrido de un molino, porque para mí tenía de todo; era horrible. Pescado sí, había en abundancia.

Entrevistador/a: ¿En qué momento decidió venirse? Fue porque quería conocer o…
Ion: Cuando vine por primera vez tenía diecisiete años. Tenía unos tíos en San Juan y mis primos, que también eran cuatro. Fui a conocer, pero yo estaba con el problema del servicio militar, y cuando volví al País Vasco me obligaban a hacerlo, pero me daban seis meses como opción para irme. Tenía que salir del país. Y bueno, salí y me volvía a Argentina, pero esta vez a Buenos Aires. Y en esos viajes me crucé con la chica [su señora] y terminé viniendo para acá y así terminó todo. Y bueno ¿qué me trajo? Me trajo ella principalmente. Yo iba con la idea de quedarme en Buenos Aires y terminé en el altar de la Iglesia de los vascos. Fue el único casamiento de ese día [nos muestra una foto de ese día: ellos dos, luego de la ceremonia, saliendo en el auto]. La Iglesia estaba llena de flores, y era en ese entonces bastante chiquita. Está cambiada ahora: era otra cosa, era una iglesia bonita. Tenía el altarcito de madera y a la virgen de Betharram. Ahora es la Inmaculada Concepción.

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