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Franco Letamendia

 
     
Entrevistador/a: ¿Cuando llegó a Uruguay, a qué se dedicó?
Franco: Vine a la casa de unos tíos, que tenían un comercio en Marmarajá (aunque el comercio no era una cosa que me gustara mucho). Ya en España estuve trabajando [sic] desde los quince años, en una fábrica como electricista (había estudiado en la Escuela de Arte y Oficios).

Entrevistador/a: ¿Sus padres a qué se dedicaban?
Franco: Mi padre era encargado en una fábrica de compensado y estaba enfermo, entonces, me tomaron a mí a los quince años y me pusieron como ayudante de oficial de electricista; en esa fábrica trabajaban alrededor de quinientas personas.

Entrevistador/a: ¿Cuándo usted vino ya conocía a alguien acá?
Franco: Sí, tenía a mis tíos, que tenían el comercio. Acá, conocí a mucha gente y aprendí mucho de la gente. Eso me sirvió después en la vida.

Entrevistador/a: ¿Usted venía con esperanzas, con expectativas?
Franco: Bueno, siempre se trae algo… Nunca pensé en hacerme rico, porque el dinero nunca me interesó mucho. Pretendía vivir de una forma razonable. Me gustaba mucho trabajar como proyectista, en cuestiones técnicas. Pero quedó ahí nomás, fue la novela que no se escribió.
Esposa de Franco: Lo que no les dijiste es que un amigo tuyo español fue el que te consiguió trabajo en la cantera.
Franco: Ah sí, fue a través de él que conocía a la cuñada del encargado de Uruguay Cemento y Pórtland en aquel entonces. La cantera estaba ubicada en Verdún (ahora ya no está). Pero allí estuve treinta años, y gracias a eso tengo lo necesario para ir marchando bien.

Entrevistador/a: ¿Y cómo fue tu adaptación al Uruguay?
Franco: Uno, siendo un muchacho, se adapta fácil. Extrañaba algunas cosas, pero no era para  morirse. Me escribía seguido con los amigos que quedaron allá. Luego me hice amigos acá; amigos, novia… Y hoy tenemos tres hijos y diez nietos. La verdad, [estoy] lo más bien, muy contento con este país que cada vez quiero más.

Entrevistador/a: ¿Lo recibieron bien acá?
Franco: Sí, lo único [negativo era] que me decían gallego, y los vascos en eso somos medio racistas con los gallegos. Yo me calentaba dos por tres y peleaba con alguno. Y eso es una cosa mala, no tenemos que ser tan racistas. Lo que pasa es que cuando vino la emigración, la mayoría eran gallegos; pero así como hay gallegos, vascos también hay, y muchos. Y aquí, en este departamento, hay pila de gente de origen vasco.

Entrevistador/a: ¿Por qué existe un gran número de descendientes vascos en Minas?
Franco: Para mí es un misterio. Pienso que la que fue llegando aquí era gente muy dedicada a la agricultura.
Zabaleta: Y por el tema de la cantera, también, y de la piedra caliza, se necesitaba trabajo bruto.
Franco: Puede ser que haya algo de eso también. Algunos eran unos verdaderos artistas con la maceta, pero yo no salí tan bruto. Mi abuelo por parte de madre era cantero; se dedicaba a labrar los bloques. Todo se hacía de forma artesanal en ese entonces, cuando él era joven.

Entrevistador/a: ¿La cantidad de cerros tiene algo que ver?
Franco: Sí. A mí me habían hablado mucho; se parece mucho a Bilbao. Lo que aquí no había [era] mar; eso si lo extrañé.
Esposa de Franco: Nosotros fuimos a España por el Consulado: ellos, luego de que estás muchos años acá, te dan facilidades para que viajes y puedas volver a visitar España. Nosotros conocimos varios lugares, que yo no conocía, y él tuvo la posibilidad de volver a su pueblo natal. El Consulado te paga quince días, y los pasajes de ida y vuelta. Para ello, uno tiene que estar jubilado. Y te permiten que lleves a un acompañante; en este caso fui yo. El destino fue Venidor.
También visitamos un pueblito cercano a Bilbao, donde él nació, y la casa donde se crió.
Zabaleta: ¿Sigue siendo de su familia la casa?
Franco: Sí, sí.

Entrevistador/a: ¿Qué apellido tiene usted y qué significa?
Franco: Mi apellido es Letamendia, y significa, para unos, monte de pinos; otros dicen que es monte de pastos, pero por ahí anda la cosa.

Entrevistador/a: ¿Y cómo fue volver a Bilbao después de tantos años?
Franco: Una gran emoción, más que nada encontrar [sic] los amigos que uno había dejado. Eso me encantó; vi a todos los que hacía años no veía (hacía más de cuarenta años que no estaba en ese lugar). Ha sido la satisfacción más grande que he tenido. Fuimos en el año 97 y vimos muchos cambios en el paisaje, puentes que antes no estaban y cosas de esas.

Entrevistador/a: ¿Hay muchas construcciones modernas?
Franco: Sí, hay, pero eso no lo vi mucho. Por ejemplo, el aeródromo de Bilbao ahora está construido, y cuando yo lo dejé de ver era sólo un terreno. Recuerdo que cuando yo era muchacho cayó un avión de la guerra allí; fue durante la invasión de Franco.

Entrevistador/a: ¿Usted vino a Uruguay durante la guerra?
Franco: Yo viví la guerra. Tenía alrededor de siete años cuando comenzó todo, y fueron tres años que duró, más o menos. Iba a la escuela pública, y como no sabía multiplicar, mi padre se cabrió conmigo y me mandó a la escuela de fraile; de ahí salí sobresaliente. Esa era la época de Franco: yo desfilé, tenía el fusil Nº 45. Cuando venía Franco a la ciudad grande, nos subían a mí y a los otros muchachos al tren y todos a desfilar.

Entrevistador/a: ¿Usted aprendió euskera?
Franco: No. He leído algún libro y algunas palabras he aprendido. Pero mi hermana sí sabe, y su madre también. Yo con mi madre no pude compartir nada, porque cuando yo nací ella murió. Después, mi padre se volvió a casar y formó otra familia. A mí prácticamente me crió mi abuela, que era una santa. Mi abuelo era medio renegado, pero era bueno también. Es que yo hacía de las mías. Vivíamos en una casona de esas de piedra, como una fortaleza: tenía un establo y una parte habitable. Yo me escapaba y me iba a pescar; cuando volvía ella estaba esperándome en la puerta con una vara de avellano, porque yo, además de llegar tarde, aparecía todo mojado: "entrá villano", me decía, pero nunca me castigaba al final. A veces me mojaba para no ir a la escuela, me tiraba al agua, y entonces, la camioneta que habían contratado para que me llevara a la escuela no me llevaba, y yo volvía a casa llorando. Pero esas eran pillerías de muchacho.

Entrevistador/a: ¿Desde que llegó a Uruguay, siempre estuvo en Lavalleja?
Franco: Cuando vine, ya era un muchacho. Un tiempo anduve haciendo repartos con un camión, en campaña. Hace años que estoy acá y me siento muy a  gusto. Hoy tengo setenta y ocho años.
Zabaleta: El lugar donde él se radicó queda a cincuenta quilómetros de la ciudad de Minas; es en el medio del campo. Ahora pasa la ruta por allí, pero no es como la ciudad.

Entrevistador/a: ¿Qué significa para usted la boina?
Franco: Traje una cuando fui allá, en el 97, pero se la regalé a un hijo mío que le gustó, y se la quedó. Cuando me vine, que era un muchachito, no traje nada, sólo lo indispensable. Vine en el Monte Alberdi, de la compañía naviera Aznar, que hoy ya no existe. En aquel tiempo era un barco de primera. Hoy sería un barcucho (ahora hay vascos diez veces más grandes que ese).
Zabaleta: ¿Se vino solo?
Franco: Sí. En Montevideo me esperaba mi tío. Para poder venir se llenaba un formulario y se estudiaba la situación; tampoco era cualquiera el que se podía venir. Aquí había que mostrar un certificado de dónde iba a vivir y con quién.

Entrevistador/a: ¿Usted es católico?
Franco: Mirá, católico… Creo en lo bueno de la religión. Hasta monaguillo fui, pero nunca pude aprender mucho de eso. Una vez me dijo el hermano Germán: "¿a usted no le gustaría ser hermano?", a lo que yo le respondí: "mire, perdóneme, pero mi ambición es ser ingeniero".
Yo respeto la religión, y es cierto que en toda España siempre ha sido importante la religión católica.

Entrevistador/a: ¿Hay algo que esté presente en los uruguayos y que usted pueda decir que es vasco?
Franco: Acá, hay muchos apellidos [vascos], y ha habido personalidades en la actividad social, ya sea en política, en la cultura, así como en la medicina. También ha habido vascos en la actividad comercial. Los grandes estancieros en la historia eran de origen vasco.

Entrevistador/a: ¿Hay subvención del Gobierno vasco a los vascos que están acá?
Franco: Sí. Lo que pasa es que el País Vasco está comprometido no sólo con Uruguay, sino con toda América. Tiene a muchos para alimentar (digo alimentar en un sentido figurado), pero lo cierto es que hay vascos por todo el mundo, porque junto a los catalanes siempre han sido los más emprendedores.
Zabaleta: España, sin el País Vasco, pasa a ser poco, porque el noventa por ciento de las divisas provienen de él, y por eso no le dan la autonomía total que el País Vasco reclama.

Entrevistador/a: ¿Cómo opera el caserío o centro vasco de aquí?
Zabaleta: Lamentablemente, el centro se ha ido desintegrando. La causa fundamental es que vasco, vasco, el único es él  [Letamendia], y las nuevas  generaciones van perdiendo interés. Vasco de raza es él, que tiene por lo menos tres apellidos. Claro, a veces se dice que alguien es vasco por el solo hecho de haber nacido en el País Vasco, y eso no ha sido otra cosa que un hecho circunstancial, pero sus padres no son vascos. El apellido es la única firma que tienes para saber si hay algo de vasco o no. Muchas veces, también, se desconoce que se tiene apellido vasco, porque en estos tiempos la herencia a veces se pierde un poco.

Entrevistador/a: ¿Y el caserío sigue en pie?
Zabaleta: Sí, en pie sigue y no va a caer, porque está muy bien hecho, pero no funciona como centro vasco, no está activo. Está construido en un lugar típicamente vasco, porque está sobre un cerro. Vos vas al País Vasco y miras las casas y son todas como el caserío que tenemos acá en Minas, y eso responde también a una necesidad, porque construyendo en una zona alta, desde la altura, podes cuidar las ovejas.

Entrevistador/a: Nos han dicho que hay una comisión directiva en el centro, ¿cómo funciona?
Zabaleta: Santos Inzaurralde es el presidente, y yo integro la comisión junto con otros miembros. Hay muchos centros vascos por todo el mundo; los países que tienen más son Argentina, Uruguay y EE.UU.

Entrevistador/a: ¿Qué significa para usted ser vasco?
Franco: Considero que [el vasco] es una especie de pastor de origen; es gente de tesón, de trabajo; no somos charlatanes. Es gente, por lo general, de palabra, pero hay de todo. Creo que es una raza buena. Se dice que los vascos son porfiados, pero para los vascos los más porfiados son los aragoneses.
Zabaleta: Para mí es el tesón, la honestidad; ese es el emblema del vasco. Lo que pasa es que también la misma sociedad te va moldeando. Es mentira que se mantiene lo autóctono de cada uno: vos te amoldas con el medio que te rodea.

Entrevistador/a: ¿Y en la gastronomía si se mantiene alguna tradición?
Zabaleta: Sí, la familia común la usa, porque es muy similar a muchas cosas que se usan acá. Por ejemplo, el cordero es una comida típica vasca, y acá también se come mucho.
Franco: El pobre come mucho la kurrusaka, que consiste en papa, puerro, aceite de oliva y sal (aunque aquí el aceite de oliva es caro). Otra cosa que se mantiene acá es el hábito de comer callos, sobre todo en invierno. ¿Saben que son los callos? Es el mondongo. Y también comemos bacalao, aunque no muy seguido porque es importado y resulta caro, pero eso también es vasco. Ah, y también el puchero y los porotos. Allá se comen los porotos de Tolosa, que son los porotos colorados de acá; esa es la comida de los trabajadores. El pescado también se come mucho.

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