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Juan Abreu


   Juan Abreu pertenece a la comunidad afrouruguaya. Ha participado en ACSAN y en Mundo Afro en el pasado.

Entrevistador/a: Me habías contado que tú escribías poesía y habías participado en algunas reuniones con otros escritores, ¿podés contarnos un poquito acerca de eso?
Juan: Sí, ahí se intentó hacer una reunión de escritores y relatores negros, por ahí intervino mi madre y otras personas más. En intramuros, y un día el año pasado, nos juntamos y cada uno fue relatando, un relato y una poesía, entre otras cosas (que escribo yo cuando me viene algo a la cabeza). Entonces escribo. Un poco el relato fue referido a la esclavitud, a las tantas cosas que han pasado acá. Fueron como ciento cincuenta, ciento sesenta años de gobierno tradicional, blancos y colorados que gobernaron juntos, ya eran los dueños del país en mi opinión; entonces ahora como que en este gobierno, que está mezclado con socialistas, personas de izquierda, tupamaros, artiguistas, como que quieren recompensar todas esas cosas que no se han logrado hacer durante todos esos años, e intentan, digamos, ocupar (ahora ya no se dice negro, se dice afrodescendientes), intentan en cierta forma disculpar a la raza negra, a los gauchos, a los indios, en fin, con trabajos, con cosas, aunque no lo digan públicamente, pero es la forma en que yo lo veo. Es como pidiendo disculpas.

Porque este país, en mi opinión, se hizo justamente… Hay que agradecer a la raza negra, porque murió por esta tierra, y no se nombran nunca […]. De Ansina lo único que se dice es que era un hombre que cebaba mate para Artigas, y no, no era así; él era un jefe comandante, que tenía un dominio bárbaro, era líder, porque dominar es otra cosa, era líder dentro de la raza negra. Y a parte de que hablaba español, hablaba dialectos de otros idiomas africanos. Pero eso los libros de historia no lo dicen. En estos años, 2006, 2007, como que intentan, a través de empleos públicos y eso, ir integrando a las personas negras o a los afrodescendientes. De mi parte yo siempre escribo alguna pequeña cosa, algún relato  y  busco alguna poesía.

Entrevistador/a: ¿Las temáticas de esas poesías que escribís tienen que ver con la raza o la etnia africana o...?
Juan: De todo. Si no me volvería como los judíos: con todo el dinero que tienen, tienen el 90% del capital del mundo y siguen llorando con sus películas, a través del genocidio. Yo entiendo que hubo un sector de la etnia judía muy perjudicado, murieron millones, pero también murieron muchos rusos buscando parar la marcha, para que no avanzaran […]. Y el pueblo ruso con sus propias manos, pico y pala, hicieron pozos y pozos, murieron muchísimos civiles, para que cayeran los tanques a esos pozos (ya no tenían mucho combustible los alemanes. Ahí, pienso yo, hubo un error de cálculo; de repente no tendrían que haberla hecho en invierno la guerra, tendían que haberse aguantado un poco más. Problema de los ingenieros, de los militares. De lo que yo he leído es mi observación).

Pero también murieron muchísimos indígenas acá, en la conquista de Latinoamérica, fueron como noventa millones de indígenas que mataron, y siguen matando, y yo no veo que ninguna compensación se les haya hecho a los indígenas. Acá tendríamos que estar rodeados de indios; no lo estamos. Hoy por hoy, la raza negra será un 7%, un 8%; de pura casualidad porque justamente los pusieron al frente, prácticamente sin armas (las armas que tenían algunas estaban muy bien preparadas y otras no, algunas eran armas por decirles armas) y los mandaron al choque; y ahí murieron una millonada de negros. Eso los libros de historia no lo dicen, y los que han gobernado por todos estos años se han ocupado muy bien de no decirlo, por sus propios intereses. No les interesaba entregar la tierra a los criollos, a los negros, a los indios, entonces ahí vemos las desigualdades, barrios privilegiados, donde hay una mejor posibilidad, donde hay una mejor estabilidad económica, eso lo vemos hoy por hoy. No es lo mismo vivir en Punta del Este, que en Carrasco, o que vivir en el Cerro, o que vivir en Unidad Casavalle, que es donde estamos nosotros ahora, que acá le dicen Borro. A una cuadra de acá está la calle Casavalle y empieza el barrio Borro. A este gobierno le va a costar muchísimo porque tiene que compensar todas las vallas, ir tapando pozos; se van a dedicar estos cuatro o cinco años a tapar pozos de sesenta años atrás. Entonces, es bravo eso. Ustedes pregúntenme.

Entrevistador/a: ¿Considerás que negro, afrouruguayo, afrodescendiente son términos equivalentes, o pensás que hay uno que se debe utilizar y otros no?
Juan: ¿Qué da lo mismo el término?

Entrevistador/a: Claro, ¿pensás que son lo mismo o son cosas diferentes decir: negro, afrodescendiente, afrouruguayo?
Juan: Y a todas las cosas les ponen un término, lo que pasa es que... hay mucha ignorancia en la pregunta esa. Para mi opinión, vos sos blanco, vos sos blanca, yo soy negro. Pero como que intentan disfrazar la palabra, volvemos prácticamente a lo mismo que estábamos hablando anteriormente. Entonces, "no le podemos decir negro", viste… En los EE.UU. era muy común que se dijera "No, no le digas negro"; ellos son personas de color. Vos fijáte, son personas de color, o sea, vos de este lado, vos tenés un lado blanco, acá en el medio un poquito amarillo y un poquito de negro. ¡Yo no conozco ninguna persona que sea de colores, a no ser que sea un dibujo animado! O sos blanco o sos amarillo o sos negro. O sos del partido blanco o sos del partido rojo o somos de izquierda, derecha. A mi me gustan las personas definidas porque nombrando a las personas definidas vos sabés ante quién estás hablando. "Aquél es gay", "aquél es un señor, es un padre, tiene dos hijos". ¿Qué tiene que ver eso? Si ni siquiera saben qué es la palabra gay, que traducida al inglés viene a ser hombre amable, hombre atento, hombre generoso y muy cuidadoso de su persona, de su gente. Entonces, ya lo tienen como marica.

Pongo esto como ejemplo. Para mí es igual: somos negros, punto. Tengo esta forma. Si yo voy caminando y de espaldas escucho: "¡che, negro!", yo simplemente sigo de largo […]. Ahora, si vos en cambio decís: "¡bo, Juan!" […] por ahí me doy vuelta, porque ya dijo Juan, yo soy Juan, pero lo dijo de nuevo, dijo Juan Abreu, esa persona es evidente que me conoce, entonces sí me doy vuelta. Porque, inclusive, hay distintos tonos para decir las cosas. Porque depende en qué tono vos lo digas, es como vos recepcionás y te das cuenta cuando es con amabilidad, cuando es con agresión, cuando es una burla. Sobre eso hay que estar atento, hay que abrir los ojos un poquito. Tenés que darte cuenta. Es una cuestión de inmadurez, de ignorancia, una cuestión de formación, también viene por ahí, un poco de escuela. A veces, lamentablemente, a muchas personas no se les da esa misma condición o posibilidad.

Entrevistador/a: ¿Tú tuviste posibilidad de educarte, de formarte?
Juan: Yo, vos sabés que fui a la escuela Al aire libre, la escuela 62, en 8 de octubre y Larrañaga. Primero estuve en una escuela donde yo tenía dislexia. Hoy las personas dicen dislexia y creen que es algo terrible, creen que es algo que parece que al muchacho se le cayó un brazo, pero no, la dislexia es una confusión de letras. Confundía la ele con la e […]. Pero con el tiempo yo me di cuenta que era la mala formación, la mala enseñanza, que a veces no es culpa de la maestra, sino del otro profesor que le enseñó a esa maestra. Es todo una cadena de cosas. Y esa cadena fue a parar a mí […]. Entonces fui en la escuela a una clase de preparación, de apoyo, donde había una maestra muy especializada que me tenía una enormidad de paciencia, pero creo que a los dos meses ya esta profesora me supo diferenciar qué era una cosa y qué era otra. Después tenía otro apoyo más, que era en la escuela nacional de declamación, en Lavalleja y Minas, eso existe; la directora era Cesarino. Cuando yo salí de esa parte de preparación, como mi madre trabajaba todo el día, me ubicó en la escuela al aire libre, la 162, en 8 de octubre y Abreu, que casualmente tiene mi apellido (¡mirá qué homenaje, ahora!); ahí era todo el día. Entraba a las ocho y media [de la mañana], desayunaba y salía  a las cuatro y media de la tarde, un poquito antes que las otras; desayunábamos, almorzábamos y teníamos también una merienda en la tarde. Ahí hice de segundo hasta sexto año.

Después una vuelta en quinto o sexto año vi un video de un artista uruguayo, y medio como que yo quedé enganchado con esa película; vi cómo hacían cerámica y tallaban y eso. Y después una muchacha que encontré en el ómnibus me dijo: "mi hermano va a una UTU" y como que me gustó la idea de la UTU esa, averigüé donde quedaba eso, quedaba en la calle Durazno y Salto. Sigue quedando porque es la UTU-Pedro Figari. Ahí me anoté en taller de madera, y con el profesor Izquierdo, que era mexicano, con tuve un año excelente porque tenía una onda espectacular con esta persona (vive hasta el día de hoy). Con él hice tallado en madera, llegué a estar uno o dos años con él. Después, ya en el tercer año, vino otro profesor, español (a Izquierdo, por un tema político, lo dejaron fuera de la enseñanza, lo dejaron seguir trabajando en sus trabajos particulares, pero no dentro de la UTU ni en ningún otro instituto de enseñanza, no podía enseñar ni siquiera en su casa). [El profesor español] se llama Javier Nievas, un escultor, pintor, muy bueno en su materia, muy prolijo; no era lo mismo, me costó un poco adaptarme a él, pero ta, los cambios son por algún motivo. Con él aprendí otras cosas, otra forma de enseñanza. Con él estuve en tercer año. Después hice dos años más de preparación, cuarto y quinto, también en Pedro Figari, Después me abrí y empecé una especie de vagancia, esas cosas que le pasan a uno. Volví nuevamente a la enseñanza, hice carpintería, ya sabía algo de máquina, pero igual me profesionalicé un poquito más; ahí estuve como dos años más o tres años. Después de eso… Ah bueno, jugaba al básquetbol, como siempre.

Una vuelta hubo un concurso de tallas en madera, del banco República. Por ahí golpean la puerta una mañana acá, frío brutal hacía, yo digo, "¿qué cristiano será que se anima a golpear la puerta a esta hora?", me levanto, abro la puerta: una carta del banco República. Y era que era ganador de uno de los premios. Me dejó una carta, una invitación; fui con mi madre. En estos concursos entran seiscientos y pico de personas o más, y bueno, saqué un sexto premio en tallas en madera. De eso quedó un dinero grande; yo me acuerdo que compré ropa interior, pantalón vaquero, medias, zapatos, championes, realicé un baile acá (con unos amigos hicimos una colecta, que siempre hacíamos baile, desde los catorce años ya estábamos haciendo baile). Y uno aprendiendo, uno se va formando y va sabiendo qué va buscando. En mi caso, le dije a mi madre que quería ir a esa UTU. Después volví nuevamente a la UTU, hice escultura; lo hacía de noche, terminaba eso y me iba a trabajar a una cochera (estuve como dos años en una cochera); salía de mi casa como a las seis de la tarde. Ya ahí había abandonado bastante el básquetbol, lo había dejado bastante de lado. Me dedicaba a eso, iba a la UTU, iba a la cochera, entraba como a las dos de la mañana, salía como a las diez, después a casa  dormir. La llevaba así. Y siempre con los cumpleaños y casamientos, y cosas… Algunos eran fracasos, unos eran éxitos; ahora ya estos años prácticamente trabajo solo. Pero cuando tenía catorce años, lógico, ¿qué pasaba?, éramos una banda de rock, íbamos dieciséis. Mi formación es esa.

Entrevistador/a: Disk jockey…
Juan: Disk jockey de alma, de chiquito, ya a los trece/catorce años. Lógicamente no tenía tantos muebles ni tantos discos. Tenía muy poquitas cosas. Ahora tengo todas esas cosas, libros, revistas, CD; debe haber unos seiscientos CD, en esa caja [señala una caja], hay todo, casetes. Ahí hay un micrófono abandonado. No sé qué hace esa tabla de surf, me llegó esa tabla, me la dieron unos botijas hace dos años atrás, era el día de los niños, no les cobré nada, el taxi, el transporte para ir después a mi trabajo. Los mismos gurises vinieron, tenían eso para sortear y dijeron "se la damos al disk jockey", eso me emocionó. Es lindo eso.

Entrevistador/a: ¿Participaste de alguna organización de afrodescendientes?
Juan: Muy poco en sí; recién ahora me estoy volviendo a integrar. La primera vez que participé fue en ACSAN. No, me estoy expresando mal, estuve en ACSUN una vuelta hace muchísimos años, y después por el año 88 o 89 empecé a ir a Mundo Afro. Ojo al gol, convengamos en que, por mi formación, tengo entendido que se llamaba Club Uruguay; después se cortó eso y nació ACSAN, y de ACSUN, que sigue existiendo, nació Mundo Afro. Los integrantes, los digamos "jefes", organizados en Mundo Afro, nacieron en ACSAN. ACSUN era la casa de los negros, es la más antigua, cumplió sesenta y cinco años el año pasado. Yo participo muy poco en Mundo Afro ahora, me llaman para hacer alguna cosa, en ACSUN me llaman para hacer alguna pequeña cosa, pero no estoy seriamente integrado, porque yo lo que más lamento es las diferencias que tienen. Lo digo acá, en la raza negra hay como una especie de celos entre ellos mismos. Es algo muy lamentable. Y, aparte, por la poca cantidad, por lo pocos que somos (pocos y no pocos, porque un 8% es un 8%, eso sumado a miles, somos unos cuantos).

Entrevistador/a: Son como trescientos mil personas.
Juan: Exactamente, no hay que ignorar esa parte. De Montevideo a Artigas, el porcentaje más alto, si no me equivoco, es en Cerro Largo, Tacuarembó, todos esos lados. Mundo Afro como que no integra toda esa parte, lo manejan a su nivel; los dirigentes sabrán por qué hacen eso […] ¿Qué es lo malo de eso? Justamente, al dividir de esa forma, los de afuera te devoran, entonces nunca vas a estar fuerte para poder afrontar muchas cosas. Se podrían jugar más cosas, como el tema social, laboral, de salud, los motivos, porque a los negros ciertos puestos de trabajo no se los dan. Si ustedes tomaron el ómnibus… yo los invito a que tomen todos los ómnibus que quieran y fíjense bien cuántos chóferes o inspectores negros hay, en todas las compañías.

Entrevistador/a: Alguna vez habré visto alguno.
Juan: Bueno, anotálo, preguntále su nombre, su apellido y sacále una foto. Y después sumá cuántos son. Observen cuántas personas negras hay en Tata, prendan la televisión, a ver cuántos negros participan en la televisión. Hay un aviso, de la Pilsen, y aparecen, mínimo, cincuenta personas, entre las cincuenta no cruza ni siquiera un niño (afrodescendiente) ni por casualidad.

Entrevistador/a: ¿Qué propaganda de Pilsen es?
Juan: La que sea.

Entrevistador/a: Ah, la del bar en la playa.
Juan: ¿Cruza algún niño negro, algún gaucho? No. Inclusive son una especie de narcisitos, aparecen únicamente personas jóvenes, se ve que no existen personas ni de ochenta, ni de cincuenta, ni de sesenta o setenta.

Entrevistador/a: Tampoco aparecen gordos...
Juan: Nada de nada, tenés que ser una especie de hombre perfecto, rubio platinado para que vos puedas aparecer en la televisión. Y no hablemos de los programas de la mañana, son lo más lamentable que yo he visto, es lo más triste, lo más bajoneado. Hablan de cosas que… yo no sé a quién le hablan. No sé de qué están hablando. Se ve que no hay nunca ningún problema de nada, está todo bien, no hay un  problema de paro, está todo joya. Y quien ve esos programas pensará que es un programa sueco, que la propaganda fue hecha en Suecia, algo de eso. Los negros no aparecemos en la televisión por ningún motivo. Apenas aparece alguna pintadita ahora porque es Carnaval, y pará de contar. Y los que han aparecido tratan de que esté poco tiempo, ya sea relatando o coconduciendo un programa y que desaparezca en poco tiempo.

Entrevistador/a: Rada tuvo un programa...
Juan: Un programa, El teléfono, que estuvo dos años más o menos, el primer año estaba él con una muchacha, ya el segundo año aparece el hijo de Cacho de la Cruz, porque se ve que si no estaba el hijo de Cacho de la Cruz, el programa no podía existir. Después apareció una muchacha en el programa de Omar Gutiérrez, que estuvo muy poco tiempo ahí. Después en Canal 10 apareció otra muchacha más, como informativista, y también: primero la pusieron del lado de la derecha (dicen que de la derecha quedaba mal, que la imagen, que la luz, que el rayo), la pusieron del lado de la izquierda, miraron se fijaron, que ya se vence el contrato, la sacaron para afuera. Estamos hablando de tres personas que aparecieron en televisión, en siete años. Ahora hay un diputado negro, que hace muchísimos años que interviene en la política.

Entrevistador/a: Hace un ratito hablabas de la poca presencia de los afrodescendientes en la televisión, eso daría cuanta de una situación de racismo o discriminación, ¿a vos te parece que el Uruguay es un país racista?
Juan: Sí, claro que sí. Hay un sector muy grande, de muchísimo poder, que no le interesa que los negros aparezcan en TV. Es una forma de no darles espacio, de no darles cabida, y no quieren, no quieren, no quieren que cruce un niño delante de la televisión. Obsérven los programas de niños, en los programas de niños no aparecen niños negros. Hacen todo lo posible para que no aparezca un niño negro en la televisión. Hay un señor, que hace treinta o cuarenta años que está en la TV, esa persona es el artista (vamos a decir el "artista"), que se fija personalmente que no aparezcan niños negros en la televisión.

Entrevistador/a: ¿Quién es esa persona?
Juan: El señor Cacho de la Cruz (a pesar de que estuvo durante mucho tiempo trabajando con Ruben Rada, inclusive llegaron a grabar un disco y eso). Cuando él aparezca ahora de nuevo, ustedes observen las cortinas que ellos hacen, graben sus programas, observen bien. Cuenten. Y atrás hay otras personas que lo apoyan. Por ahí apareció uno… no recuerdo el nombre de él, era americano, estuvo mucho tiempo vinculado al Canal 12, y trabajó con la artista Mary Da Cunha. Hizo teatro, hizo televisión; no sé qué fue lo que pasó ahí, será porque era americano. […] Ruben Rada hacía un espectáculo, hacía Homero, no era parodia, era como una especie de obra, los que invadieron España, los moros, eran negros, entonces él hacía de Homero. Un hombre que estaba celoso de su mujer y eso... Ahí, como […] venía la democracia, intentaron meter a todo el mundo. Como Rada, aparecieron otros artistas más, pero fue una especie de excepción. Una vuelta, en el Canal 12, no recuerdo en qué Mundial, jugaba Argentina con Camerún y como no tenían buena información del fútbol africano, se encontraron con una sorpresa: que era un cuadro rápido, veloz. Camerún le gana tres a cero a Argentima, y ahí aparece un locutor (que no está en la parte de fútbol del informativo) y lo primero que dijo cuando le tocó a él fue: "bueno, señoras y señores, sorpresa: once negros le ganaron a Argentina"; estamos hablando de un locutor de radio, que lo tienen como un número uno, para mí es una mierda ese hombre. No existe ese tipo. Hoy, 2007, un ex ministro, como De Posadas diciendo: "¡pero esto parece un merendero de negros!", año 2007 estamos hablando. Pero son todos de esa misma línea, vienen de la línea conservadora, de la línea de no pedir nunca disculpas, de no agradecer todo lo que el negro ha hecho en esta tierra, no quieren reconocer absolutamente nada; no solamente sabe tocar el tambor, hay otras cosas más. Hay personas que son médicos, hay sicólogos, hay abogados, hay un diputado, y son negros uruguayos, no son ni americanos ni ingleses. Son uruguayos.

Que no salga en público, que no se haga escándalo, como toda la porquería de los programas argentinos, no significa que no exista, sí existe. La propaganda, muchas de las propagandas son argentinas, donde son más racistas que acá inclusive, racistas y clasistas. Y ustedes observarán, observen, que tratan de incorporar más bien a la parte de Buenos Aires. Durante mucho tiempo se burlaron de los que son de Jujuy, cualquiera que no tenga el tono porteño... Ahora como que están un poquitito más abiertos. Y si no hay negros, es bueno, es lógico, porque a los negros en Argentina, no hay que olvidarse, los mandaron a matar. Estaban instalados en la parte de San Telmo, en el barrio cheto de San Telmo; muchos murieron por la falta de higiene que había y el resto, al final, Rosas los mandó matar a todos. Y hoy, 2007, tenemos que soportar a cuatro o a cinco mongólicos que vienen a protestar sobre algo, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué no van a reconocer sus propias fallas? Allá también hay gente que no tiene agua, protestan por algo que posiblemente pueda pasar... Pero como dijo Mujica: "a esa gente no los convence ni Dios". Tú me hablabas de la comunicación...

Entrevistador/a: Yo te decía de la discriminación a nivel cotidiano, más allá de los medios, la que vivimos a diario.
Juan: A nivel cotidiano, es donde está la parte más ignorante de los casos, están siempre señalando "eh, che, negro, bo, negro". A mí no me molesta que me digan negro, yo me doy cuenta en qué tono lo dicen, entonces yo cuando no pronuncian mi nombre, como dije anteriormente, sigo de largo, no me detengo ni a pelear; lógicamente si me hacen frente, si vos me vas a dar diez golpes, un golpe mío te vas a llevar. Punto y aparte. No voy a ir corriendo a una comisaría a hacer... No. Tengo al tipo cara a cara, lo enfrento y punto, sea como sea. Es mi forma. Y a nivel cotidiano es eso, siempre están negreando a la gente. Eso de repente lo podés ver bien en una cancha de fútbol, "ah, estos negros pata dura", todas esas cosas así, son cosas cotidianas, son malas expresiones, son personas no formadas que se expresan así. Eso es un racismo ignorante. Si es negro y se llama José: "bo, José, no hagas burradas, agarrá el cajón bien, ponélo así". Antes de criticarlo, por qué no le decís: "agarrá el cajón así, con las dos manos. Si lo agarrás con una se te va a inclinar, y las papas, los boniatos...". Digo esto porque yo laburé en el Mercado. En los bares, ah, es impresionante, cómo miran, viste. Qué va a pedir, como diciendo "este hombre tendrá plata o no tendrá plata", cuando la persona ni siquiera pidió. Lo primero que tiene que hacer la persona es decir buenas tardes o buenas noches, le alcanzo acá la lista, de repente no es necesario, no me traiga la lista, tráigame un café, un whisky… y en los bares... Pero eso sucede acá. Hay una parte de Brasil en que, claro, el porcentaje de negros es mucho más alto, entonces ya el trato es más cotidiano, pero es otra cosa, y mozos negros no hay por ejemplo [risas]. Yo me río solo.

Entrevistador/a: ¿Tú personalmente recuerdas un caso de discriminación que hayas sufrido?
Juan: Eso es casi siempre, claro, siempre hay un caso que a uno lo choca un poco más. Una vuelta yo iba a trabajar a Punta del Este, y en el viaje, cuando tomo el ómnibus (dos veces pasó), primero sube un policía (daba la casualidad de que yo estaba sentado en los asientos uno y dos), mira, no fue ni al fondo, se paró ahí, delante de mí, no me miró con cara de buenos amigos, y yo pienso: "a ver este señor qué es lo que desea", creo que me miró fácil unos tres minutos, me fijó la mirada a ver si yo agachaba la vista, y yo no agaché la vista en ningún momento , porque ya veía que la pelota era conmigo. Cuando se aburrió de mirarme (se ve que con sus ojos láser me sacó una buena fotografía) entonces me dijo: "documentos". "Cómo no, señor, ¿quiere documentos?". Como yo le hablé en el mismo tono que él, él dijo: "discúlpeme, no sabía que usted...". "Sí, sí", respondí. El muy tarado y el muy ignorante creyó que yo también era policía, entonces no dijo más nada, y simplemente descendió del ómnibus. Pero hablé como él quiso que le hablara, fui firme. Eso fue en un coche de Onda; Onda ya no existe más.

Después, otra vuelta me dormí en el viaje. Yo, claro, poniéndome de esas camisas bochincheras, […] pero era porque me sentía vivo, con ganas, una remera amarilla, decía O’Neill, mi madre me la había comprado en la cooperativa magisterial, era nueva. Y allá fui a trabajar a Punta del Este, era simplemente para trabajar en una cancha, a limpiar una cancha de tenis, tampoco iba de oficinista. Pero le dijo [el guarda al chofer]: "y este negro ¿qué hará?" y el otro, el chofer, le dice: "no sé, capaz que es brasilero". "¿Te parece? No, este negro, no. Irá para la parte de laburo". "¿De qué va a laburar allá?". Yo me hacía el que estaba durmiendo, escuché la conversación. O sea, fijáte vos, ya ni siquiera tenemos derecho a ir a trabajar, tampoco podía ser un negro brasileño, estaban preocupados por la vestimenta, lo único que tenía es que era una ropa nueva, que la tenía guardada porque ya sabía que en esa fecha me iba, llevé un bolso Adidas que yo me había comprado. Entonces no podía ser un negro tenista, no podía ser un negro de muchísimo dinero, tampoco era un negro uruguayo o brasilero, ¿qué sería yo?, acá tenés un negro marciano, de esos que caen cada dos por tres. Eso como anécdota, porque yo a veces enganchaba algún trabajo en Punta del Este, uno fue en una cancha de tenis: tenía que limpiar la cancha de tenis, que era de ladrillo rojo, tenías que en primer lugar mojar la cancha, pasás un rodillo y después pasas un trapo, y queda bien lisito, queda preciosa la cancha. Hay que hacerles ese tratamiento a las canchas de ladrillo rojo. Después otro trabajo en Punta del Este fue para un restaurante: lavaba copas, ayudaba ahí a cocinar, la vez que fui laburé tres meses y pico, fue la vez que traje más dinero. Fijáte hasta donde viene la discriminación, no puedo ser un laburante, y se ve que tampoco podés vestirte muy bien. Si voy al otro cuarto y me pongo un traje todo brilloso que tengo ahí, que sepan que tengo ese traje. "Y este hombre con ese traje ¿dónde irá? ¿Qué irá a hacer?". No pueden extrañarse de esas cosas. ¿Y si viene un médico de traje? Como es blanco y tiene traje, a ese sí lo traes bien. Son cosas inmaduras e ignorantes.

Entrevistador/a: ¿En qué cosas te parece que se manifiesta la cultura afro? O tradiciones que los afrodescendientes o negros las reivindiquen como propias…
Juan: Y hay, el arte venía ya de entrada, cuando agarraron a la gente, no sabían a quién agarraban; veían que había un negro suelto, y lo agarraban. Por ahí vos podías agarrar a una persona que era de repente jefe de una tribu, a un curandero, a un brujo. La raza negra tenía comunidades muy grandes antes de que el hombre blanco llegara a África; ellos ya tenían escritores, sus escultores, sus guerreros. Pero primero, para que el otro mundo no se enterara qué era la raza negra, primero, destruyeron todo, la pulverizaron. Así como pulverizaron Bremen, en Alemania, en la Segunda Guerra Mundial, que pulverizaron toda la ciudad. Y al traer esa gente así, que la arrancaron de sus raíces, siempre hay alguien que va a pintar, que va a hacer máscaras, hay un nivel de artistas hoy por hoy muy importante, muy buenos, como Mary Porto, una excelente artista plástica. Y vos nacés con esa raíz, viene de ahí adentro, yo pienso que hay una especie de transmisión de los ancestros, que queda eso adentro de uno. Si alguna vez logran ir a un museo de Picasso, un hombre a quien tienen como genio, en sus primeras etapas, está comprobado, [sus obras] son copia de artistas africanos. Porque cuando estuvo en África el tipo se comió todo, mamó de ahí, entonces tiene muchos trabajos africanos, pero no creados por él, son cosas que él vio en África. Al venir la dictadura, la gente, viendo quiénes iban a gobernar, escondió sus cosas, escondió su arte, escondió todo lo suyo. Yo, poemas, algunas cosas, las tengo medio ahí, como encajonadas. Ahora como quieren reabrirse, está apareciendo también el arte negro escondido uruguayo, y hay cosas muy lindas, muy hermosas. Hay mucha cosa africana dentro de los negros uruguayos. No es lo mismo un pintor inglés o alemán, que uno inclusive latino. Hay que saber diferenciar el arte, hay muy buen arte japonés. Y yo estoy haciendo todas las cosas al revés, como que después de los cuarenta, me dio por volver a jugar al básquetbol, volver a pinar, volver a escribir, cosas así. Pero yo estaba medio juntado y haciendo otras cosas y ahora no tengo ningún deseo de hacer nada de eso. Ni de juntarme...

Entrevistador/a: ¿Vos decís de juntarte con una muchacha?
Juan: Sí, lógico, por ahora los hombres no me gustan. Todo bien, yo hablo así. Ahora estoy buscando a mi persona, aunque parezca egoísta, estoy para mis discos, para comprar más cosas (tengo que buscar algo que me pidieron de un grupo alemán, me acordé ahora). Y están los que se acoplan, los que se suben al carro andando. Yo observo en las llamadas: hay gente que no tendría ni que tocar. No estoy muy de acuerdo en que haya tantas comparsas ya que no son tantos negros, viste. Ahora observo que aparecen cantando, que aparecen con un pito, y ahora veo que aparecen bailarinas, que tienen buenos cuerpos, pero no tendrían ni que estar, veo disfraces que no tienen nada que ver con la comparsa de los negros. Veo ritmos que ni siquiera son de tambores […]. Estas personas esclavizadas, esta gente negra venía de distintos lugares, pero en cada lugar hablan distintos idiomas o dialectos. Sólo en Sudáfrica debe haber como seis; hay aldeas en donde hablan en dialecto, se comunican con otras aldeas, con otras tribus, haciendo intercambio. Yo te doy esta remera, vos me das esa remera, o yo te doy este reloj, prácticamente, no existe el dinero. Viven como en la primera etapa. Pero esto dicho por africanos que yo conocí poco tiempo atrás.

¿A qué me refiero con que se han subido al carro? […] las primeras comparsas primero estaban ocultas y aparecieron, digamos, dentro de alguna iglesia tocando, porque tenían prohibido salir a tocar, no los dejaban manifestarse. Había una especie de comunicación… ¿Cómo nos comunicamos con aquellos otros negros? Cuando yo llegue del trabajo, te llamo. Ahí no hay paloma mensajera, nada: te llamo con mi tambor. Por ahí es donde existe lo que se llama piano, y por ahí viene el repique, de otra aldea que le contesta. Y hay personas que interpretaban el tambor y sabían leerlo. Y por ahí podía ser algún brujo, que sabía leer el tambor, su llamado. Hacían como una especie de telegrama. Observo que no hay mucha respuesta, cuando desfilan las llamadas, no veo la respuesta de un tambor a otro. Y el hombre blanco, lamentablemente, no lo siente. Van muy rápido desfilando. Porque estaba prohibido, […] el paso que hacían los tipos, por lo tanto [se para como si tuviera cadenas], sus pies estaban encadenados, entonces más de este paso vos no podés moverte, entonces no me podés desfilar [hace un toque rápido], ¿qué es eso?

Las bailarinas, el creador de las bailarinas, Canela, él fue el creador de la vedette, una mujer con cierto físico, ponerla ahí, de repente no es la que más baila, pero exponer el físico un poco. En sí, en realidad en las llamadas eran pocos los que salían a tocar, y salían con lo que tenían […] porque cuando sonaba el tambor vos en ese momento estabas planchando, estabas lavando ropa, aquella estaba cocinando, entonces vos podías ver a alguna con la cuchara que estaba haciendo el guiso. Por ahí aparecía algún hombre que quería moverse, y alguna se estaría abanicando; zapatos de alto imposible, estaban de alpargatas, todo tiene un porqué. Lo peor, lo peor de todas las llamadas es un grupo espantoso llamado Chin Chin; es lo peor que vi en toda mi vida. Eso es lo más espantoso, lo más humillante, deberían de prohibir ese grupo. No quiero ni hablar de esa gente.

Entrevistador/a: No lo veo tan distinto de otras comparsas.
Juan: Tocan espantoso, para empezar. No están tocando el tambor, sólo Dios y el Espíritu santo sabrán lo que están tocando. Y no lo sienten, porque con respeto a todos, no son negros, son personas que tienen muchísimo dinero, ya te das cuenta de dónde salen, no hay uno ahí que haya nacido en un conventillo. No tienen idea de lo que es un conventillo. Nunca lo van a sentir, pueden pasar diez años más, cincuenta años, que no lo sienten, no tienen la menor idea. Esos disfraces que hacen, se parecen a esas cosas horribles que hacen en Argentina. Para ciertas cosas no se precisa tanto brillo, tanto plumaje. Ustedes observarán: las mejores bailarinas no precisan tacos; es muy distinto al Carnaval de Río. No tiene nada que ver. Es otro sufrimiento, otro parecer. Por ahí aparecía un hombre brujo ahí bailando. El escobero hace un trabajo muy importante, tiene que ser un hombre muy joven. El escobero es la persona más allegada al brujo. Es la persona aprendiz de brujo, inclusive es la persona encargada de sacar todos los malos espíritus después de que el brujo termina de hacer su trabajo. Después de que se van, las personas se tienen que encargar de barrer todo. Las estrellas y las lunas, [significan] las cosas de África; extrañan sus estrellas, por eso vemos sus medias lunas y sus estrellas. Porque extrañan su cielo, su tierra. En homenaje también a los que han caído en alta mar, que algunos en las noches en el viaje veían las estrellas […]. La mama vieja no es que fuera tampoco la mama vieja, era una persona que estaba cocinando, entonces, tiene un mantel, delantal, porque cuando llegan los tambores estaba cocinando. No se precisa tanto brillo, pero lógico, estamos hablando del 2007, se ha comercializado extremadamente.

Tampoco se precisa tener tantos tambores, es un disparate, yo no comprendo cómo se logran escuchar; creo que dividieron los jefes por sector, por ahí puede andar un poco la cosa. Porque lo vuelvo a repetir: es una contestación de llamados. Hay momentos que sube el repique, al mismo tiempo el piano marca la lucha del guerrero; ¿por qué son todos hombres? Porque todas las primeras líneas, los jefes, son los que tienen que darle el ejemplo a los jóvenes. Entonces por eso es que tradicionalmente van los jefes adelante. Hacen la lucha guerrera, hacen todo lo contrario a lo que hacían los ingleses, que ponían los soldados adelante y los jefes atrás. ¡No!, ¿vos querés ser jefe? Yo, como jefe, voy adelante. Yo voy a recibir el primer sablazo […]. También en las Llamadas se observa el paso a paso, pero el paso a paso, aparte del estar encadenado, tiene otro significado más. Tiene el significado de cuando venían los ingleses y tiraban los cañones; los africanos probaron a qué distancia tiraban el cañón […] entonces marcaban el paso a paso para ver hasta dónde llegaba el cañón de ellos. Cuando ya sabían que su bomba llegaba acá, ellos se quedaban acá. Entonces, ahí ponían areneros, con muchísima fuerza, una distancia impresionante, para tirar sus lanzas hacia el otro ejército. ¡Mataron ingleses de esa forma! Sus cañones no pasaban esta línea, los guerreros africanos se quedaban acá. El pueblo Zulú fue el más luchador de todos. Cuando vieron que no podían llegar a ese paso, hicieron lo que han hecho toda la historia, dividirlos. Y siempre encuentran un credo. Fue la forma en que los dominaron, dividiéndolos. El significado de paso también es el guerrero que va a la guerra. También había toda una especie de reyes, una reina y un rey africanos, que no desfilan. Una comparsa que vi puso unos reyes ahí. Había salas bailables que únicamente eran de negros, y en esa noche se elegían al rey y a la reina.

Entrevistador/a: Algunas cosas de estas no sabíamos, otras nos las han comentado otros entrevistados o las hemos leído por ahí.
Juan: Lo que está en los libros de Historia es mejor borrarlo o dejarlo quieto en un costado. La idea es que estos pequeños datos (hay personas que cuando estaban, sabían muchísimo más que yo, con fechas, con días, con datos. Son para mi biblioteca ambulante) no están en los libros. No hay un libro que diga exactamente qué pasó. Quiero que comprendan que hubo un sector muy grande, que ha gobernado hasta el día de hoy prácticamente, que trata de tapar todo eso. Por eso es que yo lamento muchísimo que siendo un porcentaje tan bajo […]. No es un porcentaje tan chico, no, es un poco contrario a la escuela de los americanos. Habrá dos sectores firmes, pero también fue otro sufrimiento, pero tiene otras posibilidades, es un porcentaje altísimo, cada cien americanos, treinta son negros. Entonces la lucha es otra. Yo al negro americano lo veo, en algunas cosas, con cierto ego. Creo que ahí están equivocados. No todos, pero ciertos artistas. Será que yo no soy un hombre del brillo ni nada de eso, lo mío a lo sumo sea usar una remera media bullera. Pero ellos salen a plasmar, como diciendo: "acá estamos nosotros", son formas, es otra forma, es otra escuela. Es lo que yo observo. Son como onda militar, muy extremos, o son más bien de esa escuela "acá estamos nosotros", por lo tanto abríme la puerta, acá estoy yo, y hay otros que son muy tímidos. Y acá con el hecho ya de no tener espacio, de mozo siquiera...

Entrevistador/a: ¿Te parece que sería necesario que se hiciera algún tipo de acción afirmativa, de algún tipo, que permitiera una salida de la situación económica de los afrodescendietes o acceso a la educación?
Juan: Claro, que accedan a los fondos de información; tiene que haber, lo que pasa es que justamente tiene que entrar por el lado político para poder abrir la parte de mejor estudio.

Entrevistador/a: Lo que Mundo Afro propone es como un dinero que se les entregaría a las familias afrodescendientes, como un ejemplo, como una posible medida o apoyo a estudiantes. Becas, por ejemplo. Serían medidas de acción afirmativa o discriminación positiva. Vendría a ser como una diferencia para equiparar
Juan: Esa sería una forma de pedir las disculpas que yo siempre vengo reclamando. Ese es un tema delicadísimo. Sería sí, positivo. Lo que yo observo, por ejemplo, es que hay comedores por todos lados, es una locura, porque no sólo la alimentación, hay otras cosas más que hay que ponerle a la persona. El tema de la vivienda es un tema delicadísimo, y cómo te puedo decir… hay que dejar que […] la persona madure, que aparte de saber leer y escribir comprenda qué es lo que está leyendo. Que tenga su propio dinero, ganado de su propio sueldo, y que diga: "hoy voy a ir a Tata a comprar tal cosa", que se pueda administrar. Claro, si le das sueldos de miseria tampoco se van a poder administrar muy bien; siempre está dando miseria. Políticamente eso hay que estudiarlo muchísimo. Si hay una demanda de dinero, cómo vas a distribuirlo y en qué lo vas a distribuir. Porque hoy sufro tanto yo como negro, como otros que son vecinos blancos; también tienen la misma necesidad que tengo yo. Tampoco hay que cerrarse en eso. Tampoco hay que cerrar los ojos. Porque claro, es tan grande la deuda de años que tienen, los tipos dejaron la sangre por esta tierra, y el que no la dejó, murió ahogado dentro del barco, o lo tiraron para el agua, que ya no saben en qué forma van a pedir disculpas. Porque hasta ahora no sale en un diario a decir: "No, vamos a pedir disculpas, en radio, televisión, difusión y vamos a hacer un homenaje". No hay un monumento que diga: "disculpas a la raza negra". Acá vino el papa ese que viene a dar armas y dejó una cruz acá. Seguimos colonizados, ese es el tema. Seguimos con la colonización.

 Hay que agarrar, no se si la palabra es sociólogos, y crear caso por caso. ¿Por qué caso por caso? Para que no se le dé siempre a los mismos. Porque si no estás repartiendo siempre a los mismos. "Bueno, señora, usted ha estado recibiendo beneficios por un año. ¿Usted qué ha hecho para salir de esta situación? ¿Cuál es su problema realmente? ¿Es un problema físico? Vamos a hacerle un exámen físico". Pero si tenés dos brazos, dos piernas, sos una persona que no tenés ni treinta años, bueno, entonces tenés posibilidades de emplearte o en una fábrica, o de limpiador, o de cajero, pero para eso hay que prepararse, o preparar a la persona, no solamente darle un plato de comida a las doce del mediodía. "Sí, tus hijos van a ir a comedor, van a comer allá, pero mientras tanto usted se me tiene que ir preparando para limpiar vidrios", para lo que fuese, para que después desaparezca eso, porque si no los tipos van a tener cuarenta años y van a seguir con su cantimplora, para ir a buscar comidas. "Sí, ayer eras menor de edad, pero hoy ya sos un hombre, un adulto" […]. La onda beneficencia tiene que desaparecer. Tiene que haber un sistema en el que vos te conviertas en una persona productiva y activa. Si no lo que estás haciendo es una carga para la sociedad. Yo que trabajo tengo que pagar el comedor, al policía, al presidente, al del ómnibus, porque yo salgo de acá y ya salgo pagando un impuesto.

Sobre dar dinero, bueno ¿hasta cuándo? Y como medida puede ir evolucionando, vos podes tener cien palos verdes, pero si no es aplicado en la medida necesaria y justa para ser recompensado… Porque digo yo que ese dinero te lo van a cobrar. O va a venir algún sueco rubio, generoso y precioso: "bueno, acá llegué yo el angelito de Dios, y les dejo acá cien palos verdes, para que acá la raza negra, los gauchos, puedan...". Yo te presto quince pesos para el boleto, te presto, pero ¿cuándo me los devolvés? "No, esos quince pesos yo los uso para trasladarme a mi trabajo; cuando me paguen en mi trabajo, te pago los quince pesos". "Ah, ya me estás aclarando. Vos vas a ir a trabajar, vas a trabajar. Si no, tu hijo que tiene cinco y va a tener treinta va a seguir yendo con su baldecito, con su mochilita, loco, ¡pará!". Eso es lo que yo observo, están dando de comer siempre a los mismos. ¿En qué aporta Mundo Afro?, ¿o ACSAN?, ¿en qué está aportando? O de repente se dedica nada más únicamente a la política de exteriores, cuando va afuera alguien de Mundo Afro a ser un discurso de algo, esas cosas supongo que son pagadas, así sean viáticos. Es mi observación, es un tema delicado.

Entrevistador/a: ¿Practicás alguna religión?
Juan: No, no, porque... El tema de la religión es un tema. Lo que pasa es que hay gente tan desesperada, que yo le digo: "agarráte acá de este paraguas, que no te vas a caer, agarráte bien de acá". Es difícil, hablan de un Dios que está en otro lugar, en otro espacio, que no está en esta tierra, pero ¿cómo es posible que haya otro Dios, otro ser que está mirando todas las obras nuestras (las malas y las buenas)? Entonces yo digo, si existe ese Dios… Se supone que nosotros estamos acá en la tierra, las plantas, los árboles, los perros, los gatos, vos, ella, yo; respiramos oxígeno […]. Yo digo, ¿no será algo creado por el hombre para alimentar su fe, y tener esperanza de en un futuro lograr algo? […] Es algo creado por el mismo hombre para alimentar su fe, su ego: "si vos lográs tal cosa vas a ser perdonado y si vos hacés tal cosa, vas a ser castigado". Entonces, yo pongo mis dudas ante la religión.

Entrevistador/a: No, no, clarísimo. Normalmente, ¿las familias afrodescendientes o negras se forman con personas negras o hay más mezcla?
Juan: Sí, se han mezclado, se han mezclado muchísimo; hace veinticinco, treinta años, cuando éramos niños se veían más parejas negras. Se ha mezclado porque el mundo ha ido evolucionando y es inevitable. Yo he estado con mujeres rubias, blancas, rojas, violetas, porque yo pienso que el hecho de estar con una persona es algo de piel, es esa mirada que vos ves a la persona y decís: "me gusta". No sé, después viene todo el capítulo del enamoramiento. La raza negra como la raza blanca se ha mezclado. Ahí tenemos las llamadas; participan hombres blancos y hombres negros. Pero tampoco la colectividad negra está unida como está unida la raza negra americana, quienes son muy duros entre ellos mismos. Algunos están por intereses económicos. Es todo un estado de madurez, que lo va a tener muy claro la pareja en sí, ya sea ella blanca o él negro o ella negra y él blanco. Qué dirá la familia de la mujer negra, los amigos del hombre este. "¿Y vos te vas a casar con esta negra, te gusta esta negra a vos? “Pero es linda...". "Sí, pero es negra". "¿Y te gusta esta mujer a vos Juan? Pero es rubia". Entonces empiezan las dudas: "¿tus hijos cómo van a ser? ¿Qué les vas a decir?". "Pero son mis hijos". "Sí, pero mirá que pueden nacer con algún problema". Un poco la línea es romper el tabú. Yo he tenido novias negras, blancas, americanas, no sé, tengo una montaña de fotos por ahí [risas].

Entrevistador/a: ¿Qué significa para vos (si significa algo) ser negro?
Juan: Bien, me siento bien, yo pienso que voy a vivir esta vida y no otra vida, no tengo opción de decir: "bueno, en la otra vida yo voy a ser un hombre de dos metros cinco, voy a ser el mejor jugador de básquetbol... No voy a ser negro, negro (los negros tienen muchos problemas); voy a ser un verdadero norteamericano, ni muy rubio  ni muy castaño, a media carrera. Un tipo muy preparado, pero en los posible blanco". A la mierda, loco, tenés una falta de responsabilidad brutal, tenés un problema..., sos el Michael Jackson del 2000, ¡sos un desastre! ¡Qué falta de personalidad, loco, sentiste bien con vos mismo! Hay artistas que son muy buenos; hay un artista de un grupo que se llama…, que tiene una de las mejores melodías que hay en la historia, el tema se llama Please, don’t go […] y el tipo recibió un premio a la mejor voz soul, cuando él era un hombre blanco, pero la voz es un hombre negro. Sobre esas cosas, ¿cómo se siente uno? Es también una cuestión de formación, de escuela, sentirte bien con tus propias raíces. Es como si les preguntáramos a los italianos ¿y a ustedes les gusta la tarantela? Y los tanos van a decir "¡¿y este loco?!". Son cosas de sus raíces, como la samba para los brasileros. Vos le preguntás a un brasilero: "¿qué país te gusta más?". Y él te va a decir que el mejor país del mundo es Brasil, a pesar de que tienen problemas con la droga, un porcentaje altísimo de prostitución; "pero tenemos las mejores playas del mundo". El de Argentina se va a sentir siempre con su ego loco, con su Argentina. Viva por ellos.

En lo personal me siento bien con mi negritud, me siento bien. Si el día de mañana tengo una pareja y es negra, bueno, bien. Hay que saber por qué uno se siente bien. De repente ella puede ser pelirroja, pero capaz que compartís cosas que con otra mujer negra no lograste, porque capaz que me siento bien cuando voy al cine, en la cama, cuando voy a teatro, discuto porque a ella le gustan las películas de Robin Hood y a mi me gustan las películas de Batman; pero esas son cosas naturales de las personas, si no sería tu otra alma gemela. Yo me siento bien. Lo de Michael Jackson, bueno, es terrible artista, pero el pobrecito hay que ver en qué condiciones nació, se hizo rico desde muy joven, pero ahí hay un problema social dentro de su propia casa... Elvis Presley grabó una canción, ese tema lo grabó como cuarenta y seis veces, […] es la que estamos escuchando hasta el día de hoy. La versión dieciséis. Esas cosas son difíciles, es un mundo medio loco. Después cambió de productor y los locos no querían discutir con Elvis Presley […] y hacía cada cagada, porque no querían discutir con el tipo porque son contratos millonarios... [Habla de Elvis y los Vétales].  

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