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Claudio

Claudio

    Claudio pertenece a la comunidad peruana del Uruguay. Llegó al Uruguay con treinta y cuatro años de edad, hace dos años, con el objetivo de embarcarse como marino en el puerto de Montevideo. A la espera de concretar su meta, ha realizado distintos trabajos.  

Entrevistador/a: ¿Cuénteme de qué lugar del Perú es?
Claudio: Yo vengo de Lima. Nací allí y toda la vida crecí en el departamento de Lima, en Suquillo, un distrito que está a veinte minutos del centro de la capital por una vía expresa. Lima es la capital; Suquillo es como un barrio.

Entrevistador/a: ¿Cómo es Suquillo?
Claudio: Era como acá; habían casas y apartamentos. Hay de todo: hoteles, lugares comerciales; como todo barrio tiene de todo.

Entrevistador/a: ¿Nunca había vivido en otro lado hasta que se mudó a Montevideo?
Claudio: No. Sólo en verano íbamos a casa de primos, que vivían en Cholsica, que es un balneario, muy cerca de Lima capital.

Entrevistador/a: ¿Son muchos en la familia?
Claudio: Somos siete en la familia, entre padre, madre y hermanos.

Entrevistador/a: ¿Cuénteme cómo era su vida antes de venir?
Claudio: Mi vida… Fui al jardín, después a la escuela, terminé quinto de secundaria e hice una carrera corta de dibujo técnico. Trabajé varios años en una empresa americana, que está permanentemente en Perú, de maestro soldador en el área de mantenimiento; estuve cinco años. Era la empresa minera más grande del país, con unos cuatro mil empleados. El cambio de gobierno nos afectó a los jóvenes en el 87, porque hubo reducción de personal en la cual estábamos incluidas unas trescientas personas, de todos los escalafones; despidieron tanto ingenieros como obreros. Fue en el gobierno de Fujimori. Nos llegó una carta a la casa que decía  que la empresa se encontraba en quiebra, y que se hacía un despido masivo al personal tal. Nos la enviaron así, del a noche a la mañana, injustamente. Nosotros acudimos al Ministerio de Trabajo para hacer la denuncia y se elevó luego a la Corte Suprema, con la cual no llegamos a nada. Algunos regresamos por un contrato por intermedio de una service, pero ya no era directamente por la empresa. Una service es una empresa que contrata personal, pero ya los sueldos son más bajos; además, pierdes los beneficios como acá dicen BPS y el seguro de vida. Tienen un régimen distinto, donde te hacían trabajar un poco más de ocho horas y no te pagaban como hora extra, sino que las acumulabas para un descanso. La empresa está ubicada en Lima provincia, en Oroea. Yo viajé para allí; nos daban la casa y la comida (eran algunos beneficios que tenías aún estando en la service). Nos daban un pequeño cuarto con las comodidades de una pensión, más la comida y el bus que nos recogía.

Cuando salí de allí, invertí en un negocio con un sobrino; era un cyber. Compramos todo: las mesas, los equipos, alquilamos un  local, estuvimos trabajando como un año. Trabajábamos muy bien pero mi sobrino decidió irse a Italia y lo dejamos. Dejé al cyber en manos de unos familiares, para que lo fueran administrando, pero no es igual que estando en manos tuyas; la administración es diferente y decidimos cerrarlo. Y ahí puse otro negocio, antes de venirme: un video pub, con un amigo, así, como los que acá hay. Era como una discoteca en la cual se podía ir a tomar y a bailar. Había unas cuantas chicas que te atendían (a veces, la mala cabeza, estar soltero, te hace mal). El problema era que teníamos que estar todos los días allí y la mala noche de a poquito te acaba. Aparte, estás ahí, con las chicas; a veces venían los amigos con la idea de hacer algún plan para la noche, y yo no podía tomar. Y a veces, ya me tomaba un poquito y el otro también tomaba, y terminabas alcoholizados.

Entrevistador/a: ¿Cuándo dices la mala noche a qué te refieres?
Claudio: Al estar allí atendiendo, observando la atención, controlando más que nada lo que se vende, el dinero. Estuve poco tiempo, unos seis meses, nada más. Y ahí no me gustó, porque a veces, sin querer, ya estaba probando el licor y a la semana estaba tomando dos veces y eso no les gustaba a mis padres. Entonces, a pesar de estar ganando bien, pensé en dejar el negocio y dedicarme a otra cosa.

Entrevistador/a: ¿Era sólo alcohol o consumías otras cosas?
Claudio: No, no, sólo alcohol.

Entrevistador/a: ¿Pero tenías problemas con el consumo de alcohol?
Claudio: No, nunca llegué a tener problemas con el alcohol; gracias a Dios, no.

Entrevistador/a: ¿Toda tu familia está en Perú?
Claudio: Sí, toda: mi mamá, mi papá y mis hermanos. Hace poco estuve conversando con mi padre y él lloraba. Ellos me extrañan, pero yo pienso que tienen que acostumbrarse; siempre no vas a estar al lado de ellos, un día tienes que estar solo […].  Ellos van a pasar las fiestas en casa de un hermano. Además, este hermano les va a hacer las Bodas de Plata, que cumplen éste mes. Estábamos hablando de eso, que no voy a estar en la fiesta; me dicen que me van a mandar las fotos. La fiesta se la hacen los hijos, porque por suerte dos de ellos son profesionales y ellos pueden costearla. Trabajan en empresas mineras; mayormente mi familia viene de las empresas mineras. Mi papá trabajó en empresa minera, yo también, y ahora ellos.

Entrevistador/a: ¿Cómo fue que cambiaste al trabajo en el mar? ¿Trabajaste de marinero en Perú?
Claudio: En Perú, no. Sólo hice el curso de marinero de pesca y allí te enseñan todo, hasta primeros auxilios y la supervivencia en el mar. Pero nunca me embarqué, aunque sí hice algunos trabajos en el puerto del Callao. Tenía un sobrino que hizo un curso en la marina para embarcarse, se vino para acá, y le fue bien. Y me dijo por qué yo no me dedicaba a esto, que sacara mi libreta de embarque y que me viniera a Montevideo, porque acá me podría embarcar. Con el dinero que juntara, podía hacer otra cosa más grande de lo que había hecho, otro negocio. Eso salió en una conversación en casa, y veía que era algo mejor que el negocio de la noche. Decidí hacer el curso de marinero en barco y pesca, prepararme. Saqué mi libreta de embarque, saqué mi pasaporte y me vine para aquí, para Montevideo, porque él ya había venido anteriormente aquí. Hizo la primera marea y la segunda marea; en la segunda marea parece que no le ha ido bien porque en el barco en que él estaba navegando murió un ruso, y él ha visto cómo murió el ruso, cómo se ha caído al mar; no le gustó. Vio que lo subieron, pero en alta mar si no te sacan a tiempo te da hipotermia, las aguas son bien frías, el cuerpo no soporta esas temperaturas y mueres. Bonito de ver un ahogado congelado, no es. Regresó decepcionado.

Él me llamó de España y me dijo que ya no volvía más a la pesca. En eso yo ya estaba metido. Le dije: "loco, vente para acá, porque cómo voy a hacer yo ahora". Y me contestó que me quedara acá en Montevideo, que ya me iba a embarcar y que no me preocupara, que con un amigo me estaba enviando dinero que me iba a servir para algo. Y nunca más regresó a la pesca. Cuando mi sobrino regresó al Perú reabrió el cyber porque todo estaba allí: las mesas, los equipos… Allí en Lima mismo, ahora siempre nos comunicamos y me envía algo de dinero de mi parte en el negocio.

Entrevistador/a: ¿Y su familiar cómo fue que llegó hasta Montevideo?
Claudio: Por embarque. Como toda familia, [llegó] buscando superación. Le dijeron que acá podía ganar bien embarcándose y se vino. No quiso quedarse ahí estancado, porque tienes un trabajo pero en el trabajo se paga poco, entonces, no te alcanza, no es suficiente, queremos tener alguna comodidad más. Entonces decides venirte. Aquí la pesca paga bien; eso dalo por seguro. Te pagan más que allá en Perú.

Entrevistador/a: ¿Sabe cómo es el trabajo que se debe realizar en esos barcos?
Claudio: Son barcos grandes; ahí tienes que trabajar limpiando los pescados, otros empacando o escarchando el hielo, encarnando la carnada, haciendo las boyas . Los que están arriba trabajan en cubierta; son cinco o seis personas para que el barco pueda virar y levantar la red que agarra los pescados. Comes en los comedores por turno y duermes en los camarotes con cualquiera. Ahí no puedes elegir nada. Suelen contratarte por las agencias marítimas.

Entrevistador/a: La agencia ¿cómo se comunica con ustedes?
Claudio: En la agencia, nosotros dejamos un currículum, y si eres conocido y trabajas bien, te vuelven a llamar;  siempre te llaman por teléfono.

Entrevistador/a: ¿Y para qué hacen boya?
Claudio: El problema está en que a veces, cuando piden, necesitan cinco marineros y somos varios (no somos ni cinco, ni seis; somos setenta, ochenta). Ese es el tema de por qué muchos hacen boya.

Entrevistador/a: Seguimos sin entender: ¿para qué están parados cerca de la agencia cuando la agencia suele llamar por teléfono a quien necesita?
Claudio: Porque a veces llaman a la persona y la persona no está; está embarcada, por ejemplo. Entonces, ahí es cuando tienes oportunidad de embarcarte, porque salen de la agencia y dicen: "vengan dos de ustedes", y te revisan la boleta de embarque, que esté correcta, preguntan quién tiene más experiencia… Ellos revisan que esté todo bien, que no tengas ningún inconveniente para viajar y te llaman.

Entrevistador/a: ¿Qué funciona más: que dejes el currículum y te vayas o que hagas boya?
Claudio: Mayormente, la boya. Cuando tú tienes varios años navegando por esa agencia, ya no es necesario hacer boya, ya te llaman por teléfono. Cuando aún no te conocen, es mejor que tú estés ahí.

Entrevistador/a: Cuando piden cinco, pero los que están ahí son diez ¿cómo se organizan?
Claudio: Y según: [se toma en cuenta] al que hace más que no se embarca, o al que se sabe que necesita más el trabajo, o al que está desde más temprano, o al que no le conviene ese barco y espera otro. Eso se ve allí en el momento. Porque nos conocemos más o menos y nos tratamos de ordenar así, para que todos puedan trabajar.

Entrevistador/a: ¿Usted hace boya?
Claudio: A veces sí, pero no voy mucho. A mí me conocen en las agencias, saben que trabajo bien, así que espero a que me llamen.

Entrevistador/a: ¿El barco trabaja siempre en alta mar?
Claudio: Sí, claro, el barco va a alta mar: a las Malvinas, lo que pertenece a Argentina; hay otros barcos que se van a Sudáfrica, otros se van a Brasil, otros hacia fuera de Montevideo unos cuántos kilómetros; depende de a dónde tengan la orden para pescar.

Entrevistador/a: ¿Pero nunca bajas del barco?
Claudio: No, no, casi nunca puedes bajar. Te devuelven a Montevideo, el barco vuelve al puerto de Montevideo. Si el barco no vuelve, te dan los pasajes y te envían en avión. Te llevan hasta el aeropuerto y te envían en avión a Montevideo. Ahora, si tienes suerte, el barco va a España y cuando llegas a puerto, de repente puedes evadirte. Te vas, abandonas el barco y quedas en España. Muchos peruanos que estaban aquí lo han hecho. Una vez que estás en España, ya no puedes volver a Montevideo, porque te bajas sin nada del barco, sin un papel, sin nada. Todo queda en el barco, y luego, tienes que ver qué haces en España. Pero salirte [irte], no puedes, porque no tienes pasaporte, ni nada. Y si pierdes la libreta de embarque, que queda también en el barco, quedas en tierra, no puedes volver a embarcarte. Te quedas a trabajar en España como ilegal y luego vas regularizando tus documentos. La mayoría de los peruanos hicieron eso.

Hay otras personas que las movidas para irse a España a trabajar las hacen desde aquí mismo, desde Montevideo. Unos amigos que están hace mucho tiempo allí, en España, tratan de falsear los documentos y de buscarte empleo allá. Hace muchos años que lo hacen. Ellos buscan la agencia naviera y le ofrecen trabajadores; te envían desde la empresa el pasaje y el contrato de trabajo para que tú puedas ir allá, a España. Te mandan buscar desde Perú o desde Uruguay, donde estés (claro que demora bastante, no es nada fácil). Más fácil es bajarte de un barco y perderte en el puerto; claro que ya lo llevas planeado, porque te bajas con la ropa y alguna poca cosa más que puedas bajar, dinero y eso. Y de ahí te las arreglas. Muchos dicen que si tienen la oportunidad de que el barco pega muro en España , se quedan, se bajan ahí mismo diciendo que van a comprar postales o recuerdos y no vuelven más.

Entrevistador/a: ¿Usted que haría?
Claudio: Si tengo la oportunidad, me quedo por España, porque en España te pagan bien. Ganas en euros y el trabajo lo haces en ocho horas. Trabajas en tierra o en mar, donde tengas la oportunidad.

Entrevistador/a: ¿Y qué tipo de trabajo te gusta más?
Claudio: Yo trabajo de todo, no me molesta nada. Lo que tenga que hacer, lo hago.

Entrevistador/a: ¿Es difícil el régimen en alta mar?
Claudio: No. Hay reglas. Ellos te dicen cuándo y dónde debes hacer todo. Trabajas muchas horas porque todo tiene que estar pronto. Así que trabajas y duermes cuando puedes, algunas horas nomás. Y hay mucha gente, no sólo peruanos, sino africanos, portugueses, chilenos, uruguayos.

Entrevistador/a: ¿Van subiendo en distintos puertos?
Claudio: No, todos suben aquí. Pero si tú navegas medio año con la empresa, te dan un pasaje de avión para que puedas ir a tu país. Pero si quieres embarcarte, te embarcas aquí en Montevideo. Te dan un mes o quince días para que visites a la familia, pero vuelves aquí. O si no, a veces tienes que hacer frontera, te vas hasta un país vecino, pasas la noche y vuelves; es para que te renueven el permiso de tres meses, para que te puedas quedar en el país. Porque si tú sales de Uruguay marcas el pasaporte y vuelves a entrar, vas a Migraciones y pides permiso devuelta y te lo dan. A veces, los tripulantes te dicen: "bueno, has frontera porque así podemos tomarte para la próxima salida". Porque la mayoría de los barcos piden que esté todo en regla, incluso con Migraciones; ellos no quieren que los multen porque se les va un montón de dinero si los atrapan. Y además, el puerto los controla mucho. Embarcas siempre en Montevideo. Si ellos te envían pasaje para que vengas de tu país a Montevideo, entonces, te pagan un hotel que está por la calle 18 de Julio. Te hospedan allí hasta que te embarques, pero sólo es cuando te manda a buscar la empresa. Esos que vienen en avión y se hospedan en hotel, mayormente son personas que llevan dos o tres años trabajando con el mismo barco.

Entrevistador/a: ¿Y por qué es que te piden que tomes el barco en Montevideo?
Claudio: Es que en Montevideo entran la mayoría de los barcos. Me parece que el impuesto es favorable para ellos, les conviene pegar muro acá, descargar. El precio les conviene bastante. En el Callao los impuestos son muy fuertes, por eso, a los barcos no les conviene pegar muro allí. En Montevideo, el puerto controla mucho, hay una seguridad importante, no cualquiera puede entrar al puerto. A nosotros no nos dejan entrar. Por eso, muchos saltan la reja; a mí, eso de saltar rejas no me gusta, pero hay un guardia con quien he conversado muchas veces y un día le dije que si me dejaba pasar le traía unas cajetillas de cigarrillos y él dudo, me pidió que no le dijera a nadie y me dejó pasar. Otras veces, también me ha dejado pasar; no siempre, pero a veces sí.

Entrevistador/a: ¿Y para qué quieres pasar?
Claudio: Porque te ofreces para la carga y descarga o para estibar, y te ganas unos buenos dineros por eso. Cuando sales, le dejas las cajetillas y todos contentos. Pero no podemos hacer eso; si te atrapan, terminas en el calabozo de jefatura y no puedes decir nada del guardia porque si no él pierde el trabajo y tú pierdes una forma de entrar. Pero la seguridad ahí es bien grande, pocas veces se puede entrar.

Entrevistador/a: ¿Es lo que esperabas?
Claudio: Hay varios que vienen con una mentalidad "bien de navegar", pero yo no. Lo mío era darle duro parejo un año de trabajo, ganar bien y después ver. No sé, [hay que] seguir adelante. Si no te gusta te desanimas. Esos que vienen con una mentalidad de navegar a la hora de subir al barco se decepcionan bastante, no quieren saber más de la pesca. Porque cuando hay bastante pescado tienes que trabajar hasta que el pescado se acabe, a veces más de veinticuatro horas de corrido. No son los seis meses, pero cuando hay bastante trabajo, cuando la pesca es buena, tienes que ordenar el pescado, limpiarlo, empacarlo, reacomodar, embolsar, encajar y eso requiere mucho tiempo de estar ahí trabajando, a veces son dos días o tres días, a veces en una semana uno descansa tres horas. Pero después se van acomodando las cosas, la pesca no cae pareja, siempre varía, viene más como también viene menos. Entonces, ahí es cuando uno aprovecha: viene poco, entonces, terminas el trabajo y te vas al camarote a dormir, porque tú quieres dormir. Y la paga siempre se hace en tierra. Cuando llegas a tierra te dan tu cheque y vas al banco. Vale el esfuerzo por ganarte algunos dineros. Ya tendría que tener suerte y embarcarme; es un año o un poquito más lo que demoras entre que te conocen y te ganas un puesto en un barco.

Entrevistador/a: ¿Qué hacen si no les quieren pagar?
Claudio: Tienes contrato escrito, y nunca sucede que no te quieran pagar. Aunque antes pasó y tienes que irte a quejar al Ministerio de Pesquería (ellos detienen el barco, no lo dejan salir hasta que no pague).

Entrevistador/a: ¿Cómo sabe todo esto si aún no se ha embarcado?
Claudio: Es lo que cuentan todo el tiempo los otros marineros. El peruano se cree muy trabajador, pero también toma mucho. En el puerto todos saben que los peruanos somos de trabajar y bien. O sea, sabemos cumplir la tareas en buena forma; eso las empresas ya los saben. Pero también, así, después del trabajo, se sale de parranda y se toma mucho; eso también se sabe. Pero durante el trabajo se cumple, entonces, no hay problemas. El uruguayo trabaja también, pero lo hace a un ritmo más lento. El peruano lo hace mucho más rápido; eso se demuestra tanto en mar como en tierra. Yo estoy trabajando en una casa de remates; siempre la señora me llama y voy por ahí por Carrasco a la altura del Casino. Y ella me dice que le gusta trabajar con peruanos, porque los peruanos son más activos, son más rápidos (y la señora es uruguaya).

Entrevistador/a: ¿Qué actividad realiza en el remate?
Claudio: Sacamos los muebles y después, la ayudamos en las ventas. Somos dos peruanos, la señora y una secretaria. Lo que no le gusta es que a veces le reclamamos, porque es un poco dura: nos hace quedar media hora, más o menos, después del horario, pero no lo paga y si llegamos tarde ya nos está regañando en un tono bien amargo. Yo le dije: "pero señora, usted es bien desconsiderada. ¡Cuántas veces me he quedado después de hora y allí no me reclama!". Y ahí la señora se disculpó y dijo que era verdad. Éste trabajo lo hago tres veces a la semana, a veces toda la semana; la señora nos llama y nos avisa. También hacemos trabajo de carpintero. Como estamos ahí, ella aprovecha y nos pide a nosotros, ahorrándose el carpintero, pero no nos paga más dinero por eso. Pero a nosotros no nos molesta. La señora se pone contenta cuando terminamos un mueble. Tiene esas cosas de aprovecharte al máximo, pero como estamos ahí, lo aceptamos. Un día vino el carpintero que ella a veces llama y nos preguntó si nos pagaba como carpinteros; al decirle que no, nos dijo que él no hace cosas extras sin que se las paguen. Y el uruguayo, en general, es así. Pero a nosotros no nos molesta. Si se pone en tono amargo, ahí sí, ya le protestamos o por dejarnos más horario, pero dentro del horario de trabajo pactado no tenemos problema en hacer lo que nos pida. No me quejo, porque a veces también trabajo parado.

Fui a trabajar al puerto por una agencia (era el único peruano), apilábamos cajas de vino; yo ya sabía más o menos estibar porque lo había aprendido en el Callao. Lo hacía más rápido, trabajábamos entre cuatro y ellos me decían: "peruano, no te mates, tranquilo", pero no era que yo me estuviera esforzando de más. Además, paran para descansar; nosotros trabajamos de corrido, no paramos hasta que se termine el horario.

Entrevistador/a: ¿Qué hace con el dinero cuando terminas de trabajar?
Claudio: Invertir en algo bueno o tenerlo como ahorro. Le das a la familia, también.
 
Entrevistador/a: ¿En qué invertirías?
Claudio: No sé, ahora, no sé.

Entrevistador/a: ¿Usted envía a su familia dinero?
Claudio: Sí, envío, a veces, por el banco; tengo una cuenta en el banco aquí. Porque una vez en la Casa del Inmigrante unos tipos que no conozco bien me robaron. Primero, me robaron unos cuantos dólares; después, me robaron otra vez. Desde esa situación, ya no guardo más dinero en la Casa; prefiero depositarlo en el banco. La ropa, que se la lleven toda, no me interesa.

Entrevistador/a: ¿Cómo sabe que fueron ellos?
Claudio: Porque yo dejaba el dinero entre mi ropa. Me fui y cuando volví me preguntaron si había mandado a buscar algo entre mis cosas, a fulano, porque me había revisado todito. Y cuando fui a ver me faltaba la plata. Yo no quise problemas, así que no dije nada. Pensé que andaban necesitando y en vez de pedirte, te hacían eso. La próxima vez, ya confirmé que eran ellos, porque otra vez pasó lo mismo y los únicos que estuvieron en la habitación eran ellos (no sólo a mí me faltó dinero, sino que a otros también). Sólo robaban dinero para salir por ahí. Mala gente de esa que no te quieres cruzar, pero a veces te la cruzas.

Entrevistador/a: Vivir en la pensión, ¿cómo es?
Claudio: Ahora no es complicado, porque la pensión está más tranquila, hay poca gente. Anteriormente era más complicado, porque habían llegado unos tipos que no tenían respeto por el señor que está encargadote ahí . Había muchos problemas. Y el dueño puso un alto, un poquito de mano fuerte para que ellos cambiaran o buscaran otro lugar donde estar. A ellos les gustaba vivir de esa manera: tomando lo que no era suyo, haciendo barullo, llegando a cualquier hora a la Casa. Entonces, se les dijo que las puertas están abiertas para entrar como para salir, que allí se tiene que respetar el horario de entrada y de salida, las reglas, mantener una disciplina.

Entrevistador/a: ¿Qué pasó? ¿Esa gente cambió o se fue?
Claudio: Se fue de la Casa a otra pensión, en donde pueden estar sin comportarse, haciendo barullo. Ahora la pensión esta de lo mejor.

Entrevistador/a: ¿Cuándo llegaste estaba tranquila la pensión?
Claudio: Sí, ya tenía un cuarto separado y no tuve problemas. Llegué, hablé con el dueño y me quedé. Cuando subí mis cosas, lo primero que pensé es: adónde vengo a vivir. Dentro de mí decía esas cosas: un lugar pequeño, y aparte voy a compartir con gente que no conozco. Un poquito me chocó y por otro lado, ya me había acostumbrado a vivir así, porque estuve en la marina y convivía en cuchetas con veinte personas o más. Un poquito  tuve que soportar eso de vivir así, con otros que no son de tu familia, para poder quedarme acá. La primera semana la pasé angustiado, porque los baños no estaban adecuadamente y no había un lugar dónde tú pudieras cocinar. Sales a la calle y el dinero siempre se te acaba; no había ingresos y todo era gasto. Conocí unos amigos en la Casa mismo y así nos juntamos entre los tres para poder preparar los alimentos en casa y nos sale a un costo cómodo, comes algo rico, agradable y la comida que nos gusta a nosotros. Gracias a Dios tengo un grupo de amigos con los que siempre se pueden compartir cosas: comidas, ideas, y nunca nos peleamos. A veces […] las cosas salen bien; así estamos ahora.

Pero en la primera semana, yo me quise regresar, porque no estaba en casa y estar allí sin comodidades es un poco chocante. Quise tirar la toalla como los boxeadores. Pero no lo hice, porque yo vine con un objetivo y debo cumplirlo. Habían pasado quince días y seguía pensando que mejor me iba. Ahora, con un año y seis meses, ya me acostumbré bastante. Estoy aquí, esperando el embarque. Una vez que me embarque las cosas van a cambiar: no hay mal que dure cien años, ni tipo que lo soporte tampoco. Hay que darle tiempo al tiempo. Sólo Dios sabe por qué uno tiene que pasar este tipo de cosas; quizá Dios tiene algo conmigo y con tanta gente que hay en la Casa de los Inmigrantes. Hay que seguir día a día, ser perseverantes para poder cumplir con lo que un día nos prometimos.

Entrevistador/a: ¿Cómo es vivir con gente que está en situación de calle?
Claudio: Más que nada, el problema es que muchos de esa gente tienen problemas psiquiátricos. Ellos están aparte, pero igual, en el patio, en los pasillos, uno tiene que convivir con ellos o te tocan la puerta para pedirte algo. Nosotros le dijimos a Carlos que estábamos pagando y que nos resultaba difícil vivir con esa gente. Pero nos explicó que eso es un refugio también y que ellos deben estar ahí porque no tienen donde ir, que nos tranquilizáramos y aprendiéramos a convivir, qué él iba a hacer todo lo posible para que nosotros conserváramos nuestro espacio sin que nos molestaran, y que ellos tampoco estén mal, porque él tenía que velar por todos en la casa y que si teníamos algún problema habláramos enseguida con él. Pero es difícil convivir con ellos. Lo que pasa es que creo que Carlos obtiene beneficios para la Casa al tenerlos. Si hay un problema, de quién sea, siempre se trata de solucionar. Así que una vez que lo tomas como rutina, se puede vivir allí. Él dice que la Casa es de todos, y nosotros lo sabemos, y que él siempre nos va a intentar ayudar si tenemos un problema, también lo sabemos.

Pero no es que tengamos un problema: son los gritos que dan y las cosas que hacen. Por ejemplo, uno un día pasó por al lado nuestro con una televisión, que era de él; nosotros lo vimos pero no pensamos nada. Luego sentimos un ruido bárbaro y allá pasó un tipo gritando: "¡Carlos, Carlos!". No entendíamos nada. Nos enteramos de que se había subido a la azotea y había tirado la televisión hacia la vereda; por suerte no pasaba nadie por abajo. Carlos le habló, pero el tipo lo hizo porque está loco nomás. Ese mismo tipo nos golpea de madrugada para pedir una moneda o azúcar para el mate. Si tenemos, le damos, pero ya le dijimos mil veces que a esa hora no nos pida, pero él no sabe ni qué hora es. Se despierta y prepara el mate a cualquier hora. No entiende que está molestando porque el tipo está loco, no razona.

Entrevistador/a: ¿Usted tiene esposa e hijos en Perú?
Claudio: No, yo no, pero la mayoría tiene y les envían [dinero]. Aquí también se hacen gastos. Hay que pagar la comida, porque en los restaurantes peruanos lo bueno es que mientras que uno no está navegando, te dan la comida. Vas haciendo cuenta; cuando te embarcas y una vez que regresas, pagas. Es una ayuda.

Entrevistador/a: ¿En la Casa del Inmigrantes es así también?
Claudio: Sí, claro, así se hace. En otras pensiones también hacen el mismo sistema: pagas cuando vuelves.

Entrevistador/a: ¿Hay otros lugares que cobren de ese modo?
Claudio: No, no. Lo demás, si no tienes dinero, no lo puedes comprar, ni entrar a ningún lado.

Entrevistador/a: ¿Cómo llegó al Uruguay?
Claudio: Fue lindo. Me vine en bus. Salí de Lima, luego en Arequipa me quedé una noche y fui a Puno (ahí hace mucho frío). En Lima hace calor, hay dos días o tres de frío. El clima te afecta bastante, por eso aquí está bien, es lindo clima. Después, fui hasta el Desaguadero, que es la frontera entre Bolivia y Perú. Pasé por Migraciones y me vine a Bolivia, hasta la ciudad, me quedé una sola noche, y al día siguiente me fui rumbo a la frontera entre Bolivia y Argentina.

Entrevistador/a: ¿Y todos esos tramos se hacen cambiando de ómnibus?
Claudio: Sí. Yo me voy cambiando, voy comprando pasajes y quedándome en las ciudades solo. Y la frontera Perú- Bolivia la pasé caminando, por Migraciones; la de Bolivia-Argentina la pasé en bus. Siempre es más barato tomar ómnibus locales, pero es mejor pasar la frontera Argentina en bus; te demoran menos por los papeles. El bus me dejó en Jujuy y me quedé una noche; al día siguiente me tomé un bus directo hasta Buenos Aires, y de Buenos Aires a Montevideo. En Buenos Aires no me quedé nada; me subí en un bus enseguida para Montevideo y llegué a la Terminal de Tres Cruces. De allí me vine en un taxi hasta la Casa de los Inmigrantes (tenía la dirección porque me la había dado mi sobrino, que ya había vivido ahí).

Entrevistador/a: ¿Había salido de su país anteriormente?
Claudio: No, nunca, ni de la provincia de Lima

Entrevistador/a: ¿Desde que llegó está en la Casa de los Inmigrantes?
Claudio: Una vez me fui a otra pensión con un amigo, pero nos fue mal, nos robaron todo, y decidí volverme a la Casa del Inmigrante. Fue gente que vivía en la pensión, en la habitación de adelante a la nuestra. Otros vecinos nos dijeron que rompieron la puerta y que se habían pasado todo para la habitación de ellos.

Entrevistador/a: ¿Uruguayos?
Claudio: Sí, uruguayos; pero era gente mala, drogadictos. Entraba y salía mucha gente de la habitación de ellos; para mí que también vendían droga. Hicimos la denuncia, pero sólo apareció el DVD, que lo tenían ellos. Era en la Ciudad Vieja, pero muy feo el ambiente y nos fuimos. Yo me volví a la Casa de los Inmigrantes y mi amigo se fue a otra pensión. Gente mala hay en todas partes, tanto peruanos como uruguayos, pero por suerte también hay gente buena y agradable. A mí me gusta Uruguay y me gustan los uruguayos. Pero droga y alcohol hay en todos lados y hacen ir por la mala vida a las personas.

Entrevistador/a: ¿Cómo es el Uruguay?
Claudio: Es hospitalario, tranquilo, es pequeñito, pero tiene un corazón grande. Me gusta bastante. Hay mucha tranquilidad. Puedes ir a un lugar a recrearte y es bastante tranquilo, puedes pasar bien entre amigos, nadie te fastidia, puedes hacer tus actividades tranquilamente. Yo a veces eso allá no podía hacerlo; iba a un lugar del barrio en Perú y no podía conseguir esa tranquilidad, porque había tanta gente constantemente… Mientras que acá estás tranquilo, puedes alquilar una loza deportiva e irte a jugar con los amigos una tarde. Donde no hay problemas, todo es lindo. Es pequeño pero tiene un lugar bien hospitalario. Hay mucha gente de Perú que vive acá hace mucho tiempo; ya son uruguayos.

Entrevistador/a: ¿A qué se refiere con que el uruguayo es hospitalario?
Claudio: Es hospitalario, pero en algunos lugares, no en todos. Es que me ha pasado de estar en la calle y que me pare una señora y me pregunte si tengo un lugar en donde quedarme a dormir o que me pregunten de donde soy y empezar a conversar; hacerse amigos. Eso en Perú no pasa. Hay también personas frías, pero es su forma de ser, la de cada uno. Lo que yo noto es que para con la familia son más fríos, los padres con los hijos, por ejemplo. Acá, enseguida el hijo se quiere independizar y se va a vivir solo. No tiene ese trato así, como de cercanía con el padre. Aparte, cumple la mayoría y el padre ya no decide sobre el hijo, aunque viva con él. En Perú no es así, los padres se respetan más, se obedecen, porque sos grande y tus padres te siguen mandando, y más si vives con ellos (y se vive hasta muy grande con ellos). Acá se van antes de la casa de los padres y se visita poco a la familia. Allá, la familia es distinta. Se es más cariñoso, porque el padre te espera hasta que regreses a casa para darte un beso de las buenas noches y la madre siempre tiene hecha la comida. Yo no he tenido problemas; a los lugares que he ido, siempre he encontrado gente buena, que me supo respetar. Y yo sé mantenerme al margen para no tener problemas.

Entrevistador/a: Cuándo me dice amigos ¿son peruanos o también uruguayos?
Claudio: Peruanos y uruguayos también.

Entrevistador/a: ¿Y dónde los conociste a esos amigos?
Claudio: A los uruguayos, por ahí, en la rambla. Y ahora que voy a la Iglesia, ahí estamos haciendo amistades con todo tipo de personas. Me gustaría quedarme, comprarme un pequeño apartamento, formar familia. Vida tranquila. Ya el tiempo lo dirá.

Entrevistador/a: ¿Hay alguna costumbre o tradición que en Perú la seguía y la continúa aquí?
Claudio: No tengo, porque yo vengo de la ciudad. Lo que hacía allá, lo puedo hacer acá. Para mí es normal estar en una discoteca, en un video pub, en un concierto, en un baile social, como es acá la semana de Durazno del rock; eso, para mí, no es novedad. Yo vengo de la ciudad; Lima es mucho más grande que Montevideo, hay cosas más lindas que en Montevideo, llegan artistas famosos. Siempre he asistido así, a los pubs y acá voy a Siete Lunas (al Machu Picchu no voy porque ese lugar es horrible, siempre hay peleas, es muy feo el ambiente). Siete Lunas me gusta escucho; hay cumbias pero en un ambiente más tranquilo. Vamos algunos peruanos ahí, pero la mayoría son uruguayos, por lo que es más tranquilo aún porque no toman tanto como los peruanos. Fui al Chu Chin un día y estaba lleno y era muy ruidoso, pero el ambiente es mejor que el Machu Picchu y está lleno de peruanos. De lo que hacía allá, no cambió mucho lo que hago, porque sigo yendo a los pubs y a la playa, te puedes alquilar una piscina, hacer pesca y un asado un día domingo, en el campo. Hay muchas cosas lindas que puedes hacer acá.

Entrevistador/a: ¿Vas a pescar?
Claudio: Sí, a veces agarramos nuestras cañitas y nos vamos por Ciudad Vieja con unos amigos de la Casa, y a veces no sale pesca (somos marineros que no agarran ni un pescado).

Entrevistador/a: ¿Y las comidas?
Claudio: En comidas, como cazuela, es diferente, pero hay muchas comidas parecidas. Aquí, vas al mercado y puedes comparar todo para hacerte una comida de allá. Sólo algunas cosas no hay o son diferentes, pero no me molesta.

Entrevistador/a: ¿Y qué extrañas del Perú?
Claudio: Amigos, familia, padre, madre, hermanos. Cuando los llamas por teléfono lo primero que sientes es que empiezan a llorar, y yo les digo que no lloren o me van a hacer sentir mal. Esto te da un poquito de cosa, de sentimiento. Y yo escuchaba que mi hermana le decía a mi padre que no llorara, porque yo estaba de lo mejor.

Entrevistador/a: ¿Usted es católico?
Claudio: Sí. Yo creo en Dios, más que ser católico, y creo en las escrituras. Pero no soy de ir a la Iglesia católica. Ahora, con mis amigos de la Casa estoy yendo a unos encuentros porque me invitaron (es que un amigo empezó a ir y nos invitó a la Iglesia Dios es amor, y que es buena gente). El domingo al mediodía nos invitaron a ir y como habíamos dicho que sí, fuimos. Estábamos corriendo por la rambla y decíamos: "¿vamos o no?". Al final fuimos a la Casa, nos mudamos y fuimos. Era un local alquilado, en el Centro, por la calle Canelones o Soriano. Tenías que pagar un dinero porque están juntando fondos para que los niños que no tienen dinero puedan ir a un encuentro en un lugar que tienen para vacacionar . Dicen que es muy lindo, con piscina y todo. Era por una causa buena, pero la sorpresa nos la llevamos nosotros porque era con comida, bebida y poste. Cuando llegó la comida vimos que no era comida uruguaya, sino que era comida peruana. Nos dio una alegría. La que organizaba les preguntaba a todos si les gustaba y todos decían que sí, pero preguntaban qué era; ella les dijo que nos preguntaran a nosotros porque íbamos a saber más que ella. Y así, todos empezaron a preguntar cómo se llamaba y qué ingredientes llevaba; era una sopa y un arroz con salsa que se suele hacer mucho en Perú. Fue muy bonito. Pasamos una tarde bien linda. Toda era gente muy buena y amable.

Nos invitaron para otra reunión y vamos a ir; capaz comemos otra vez comida peruana. Si es comida uruguaya a mí también me gusta: milanesa, asado, cazuela, y esas cosas. Nos dijeron que tenemos que conocer el lugar de vacaciones porque nos va a encantar, así que capaz que nos vamos alguna jornada todo el día o un fin de semana. Dicen que se pasa muy bonito.

Entrevistador/a: ¿Tiene alguna simpatía política?
Claudio: No, ni en Perú ni acá. Nunca me importó la política. Ni le daba corte a las cosas que nos decía Carlos. Éste año me pareció bien ayudarlo y voy a hacer el cartel para el Día del Inmigrante, pero nada más.

Entrevistador/a: ¿Usted cree que existe diferencia entre los peruanos según de qué región procedan?
Claudio: Sí, existe, porque siempre se dice que el de la ciudad –y más si es limeño– es más rápido. Mientras que el serrano es más sumiso, y más si es del norte; le puedes estar gritando, hablando mal, que no te contesta. Y no te mira a los ojos, siempre tiene la cabeza agachada. Mientras que el limeño te contesta, te exige; si ve algo injusto lo dice, no se queda callado, protesta más. Y siempre la gente de la capital, de Lima, ha discriminado al de otros lugares, y más si es serrano. Hay millones de chistes que se ríen del serrano y decir serrano no está bien considerado. Ya acá, cuando vas a subir a un barco, quieren gente de esa zona, porque saben como son… Te miran tu libreta de embarque, tu pasaporte, y como eres limeño, ya te dicen que subes, pero con la condición de que te portes bien, o directamente no quieren subirte. Y eso es sólo porque no quieren que le contestes nada, porque saben que el limeño no se calla. Ellos prefieren [gente] de las provincias, porque son sumisos, y que le puedes hacer cualquier cosa y no se quejan, porque son gente así. Ya en Perú todos los discriminan, los tratan mal y aquí eso no es diferente, entre nosotros. Mismo dentro del barco, los que son de Lima se juntan por un lado. Está mal, pero es así.

Entrevistador/a: ¿Sólo los peruanos los discriminan?
Claudio: No. Los tripulantes son españoles o de otras nacionalidades, y también se aprovechan porque saben que no contestan.

Entrevistador/a: ¿Los uruguayos discriminan a los peruanos en general?
Claudio: No, a mí no me ha pasado, pero capaz que si no fuera limeño… Es gente muy amable la de Uruguay, en general. Pero gente mala hay en todos lados. Yo no he tenido problemas.

Entrevistador/a: ¿Cree que haya alguna dificultad para acostumbrarse al país?
Claudio: Yo no tengo dificultades. Me gusta. Pero yo soy de la ciudad y eso hace que sea más fácil para mí. Además, ésta es una ciudad más chica que Lima, es más tranquila y todo.

Entrevistador/a: ¿Qué aportes brinda el peruano que llega al Uruguay?
Claudio: Que somos muy trabajadores, que hacemos el trabajo rápido y sabemos trabajar. Los uruguayos podrían aprender de eso y así tener más tiempo para las amistades y la familia.

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