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Vadim

Vadim

    Vadim pertenece a la comunidad de descendientes rusos del Uruguay, ubicada mayoritariamente en San Javier.

Entrevistador/a: Nos interesaría conocer un poco la historia de los inmigrantes rusos. ¿Cómo fue que llegaron los primeros inmigrantes rusos?
Vadim: […] Desde 1857 la Embajada rusa se instaló acá. Este año se cumplen ciento cincuenta años. Pero no había rusos; estaba por la parte diplomática. Después dicen que, a principios del siglo XX… Los nombres rusos se escriben según los traduzcas: si los traducís letra por letra terminan en v; la b nuestra es la v de Rusia; si lo traducen al francés, lo ponen con doble f. Los que pasaron por Francia antes de venir acá, como mi padre, lo escriben [su apellido] con doble f. Ediukov era ingeniero agrónomo y se instaló en el Interior, y cuando vino la primera tanda de inmigrantes rusos a colonia San Javier, ese los ayudó, o sea, que estaba antes. Y había otra familia en Paysandú, que se instaló a trabajar y a buscar porvenir; se llamaban Lubenko. Éstos deben ser ucranianos. Ojo, porque nosotros siempre agrupamos todo, juntos: rusos, bielorrusos y ucranianos. Ellos conforman la CEI: Comunidad de Estados Independientes; es una organización que hicieron esos tres países cuando se dividió la Unión Soviética. Ellos se declararon unidos por esa sigla, CEI (Rusia, Ucrania y Bielorrusia). Bielorrusia quiere decir: blanca, Rusia blanca (pero no tiene nada que ver con los rusos blancos, que fueron los zaristas que después de la Revolución se fueron, porque discrepaban con el Gobierno Comunista. Se le dice blancos a los que son monárquicos). Y otro motivo por el cual se le dice ruso blanco es cuando es nacido de Moscú para arriba; a esa zona de Rusia le dicen la Rusia blanca; no siempre pero diez meses en el año tiene nieve.

Acá hubo cuatro tandas inmigratorias, que empezaron al principio del siglo XX. En 1913 es la gente de San Javier, que vino porque sabía que el Gobierno de Uruguay le daba tierra gratis, que podían trabajar, que era lo que todo el mundo buscaba. Era el Instituto de colonización, que daba con determinadas condiciones: o sea, préstamos del Banco Hipotecario, que había que devolver con intereses, al igual que hoy, ¿no?

Entrevistador/a: Al igual que al día de hoy, no era que les daban las tierras así no más, sino que debían cumplir con determinadas reglas.
Vadim: Seguro. Entonces, hasta el día de hoy, rusos ricos no hay, porque se pasaron trabajando para poder devolver la plata [risas]. Están instalados en el Uruguay, subsisten, pero no pueden hacer plata. Pero es un problema de idiosincrasia, por distintos motivos. La primera tanda inmigratoria era de campesinos. La única forma de hacer plata es que te transformes en un estanciero. Hay un caso, es una familia, no me acuerdo bien el nombre, son de Paysandú, Ivanchenkov. Ojo, capaz que no son rusos, sino ucranianos, porque termina en enko. Rusia […]  es el país más grande del mundo en superficie (sigue siendo después de disuelta la Unión Soviética). Hay gente que no sabe de geografía, dice que es Greonlandia, Australia, Brasil, Estados Unidos, cualquier cosa te dicen. Es Rusia, sigue siendo. En el momento en que el sol sale, en Kamchatka, frente a Alaska, en el mismo momento el sol se pone en San Petersburgo, porque medio globo terráqueo ocupa Rusia. Entonces, tiene doce husos horarios diferentes. Eso es sólo una característica de Rusia.

Entrevistador/a: ¿Y qué pasó con los primeros inmigrantes que vinieron a San Javier (estamos hablando de la primer tanda)?
Vadim: Sí, se instalaron en San Javier. Y […] hasta el día de hoy algunos le están agradecidos a Batlle, a José Batlle y Ordóñez, que fue el presidente que estaba cuando ellos solicitaron la venida [sic] para acá. Por eso, hay gente que dice: "ah, el Frente Amplio o el Partido Comunista debe tener gente en San Javier". Sí, tiene como en todos lados, pero hay muchos colorados también, porque mucha gente conserva la tradición. Eso es anterior a la Revolución de octubre; eso fue el 1913. Quiere decir que la mitad será del Frente, y la otra mitad serán blancos y colorados, igual que en Montevideo. Y bueno, esa gente se instaló, y empezó. Habría que hablarlo con alguno de allá, que te diga todas las dificultades que tuvieron.

Entrevistador/a: ¿Y por qué fue que vinieron?
Vadim: Primero (apuntá si querés), servicio militar obligatorio no hay en Uruguay; eso es una ventaja en la que en otros países se fijan mucho. Nosotros no nos damos cuenta, nacimos con ese privilegio. Pero en otros países se fijan mucho en eso, no quieren que sus hijos vayan a cumplir servicio militar obligatorio y que vayan a pelear a una guerra que la inventan los gobiernos. Ese es un problema numero uno. Después, el clima es benigno, no es extremo, no hay cincuenta grados bajo cero, como en Siberia, ni hay cincuenta grado sobre cero, como en el Sahara. Acá, es benigno el clima. Y hay dos cosechas anuales, o sea que hay riqueza en el campo. La gente, cuando piensa en trabajar la tierra, piensa en cuantas cosechas puede sacar. Acá plantan en agosto, cosechan en noviembre, plantan en diciembre, y cosechan en abril.

Entrevistador/a: Eso es importante, porque ellos son campesinos...
Vadim: ¡Claro!, y en Rusia hay una sola cosecha, porque es nevado el país. Hay que esperar que se descongele y hay que esperar porque queda un barrial. Por eso, la zafra de trigo que tuvieron en la Unión Soviética fue deficiente, y eso fue lo que hizo que se disolviera la Unión Soviética. Dicen que fue sabotaje de la CIA. Porque estaba centralizada toda la producción de agroquímicos en una fabrica estatal. Y ahí coimearon a algún sereno (andá a saber qué hicieron) y estropearon una cosecha, porque dosificaron con más veneno el agroquímico, envenenaron las tierras. Un año que salga mal la cosecha de trigo, porque son ciento cincuenta millones de habitantes… Y claro, todo concentrado en una planta sola; el error es centralizar.

Entrevistador/a: Entonces, vinieron porque no tenían servicio militar, por el clima, ¿y por alguna otra razón?
Vadim: Razón religiosa. Porque eran una secta (Nuevo Israel, se llamaban). Nuevo Israel, como toda secta, tenía sus ritos, sus costumbres. Era acaudillada por un hombre, que era guía, desde sus puntos de vista. Entonces, ¿qué pasa? Ese hombre, que se llamaba Basilio Lubkov (la calle principal de San Javier se llama así, Basilio Lubkov, tenía en su cuenta bancaria todo el dinero de la comunidad. Entonces, lo administraba él, pero la cuenta bancaria estaba a su nombre. La gente tenía para vivir, para comer, para subsistir. La gente seguía trabajando, pero la cuenta estaba a nombre de él. Entonces, cuando llegó el momento, cuando a él lo convencieron otros de que podía volver a Rusia (estaba Stalin en esa época), él volvió con una parte de la gente. Cuando se instaló en un lugar de Siberia […], lo acusaron de explotador y fue condenado a  pena de muerte; lo mataron. Eso fue Stalin. El stalinismo fue una parte dura, digamos, del comunismo. Y lógico, era una explotación, porque él administraba los bienes de todos los demás.

Entrevistador/a: Bueno, así que vinieron guiados por este señor. Y cuando se fue, ¿sabe qué pasó en San Javier (porque él era como un guía)?
Vadim: Como en toda religión, era el guía espiritual hasta que la gente se empieza a avivar. Cuando él se fue, la mitad de la gente no lo siguió; esa fue la gente que se salvó, que está todavía acá.

Entrevistador/a: ¿Y hay una división? ¿Hay gente que todavía sigue con la religión y otras personas no?
Vadim: Sí, hay muy pocos que siguen con esa religión. En realidad, ni siquiera a fondo saben ellos mismos muchas cosas, porque lo hacen por inercia social, porque ya lo venían haciendo y siguieron, pero no tienen una... Tampoco hay un guía espiritual que sustituya al otro, ni nada. Lo hacen porque lo estaban haciendo y siguen, es una tradición, nada más. Pero son poca gente;  te estoy hablando de quince o veinte personas. Se disolvió en el tiempo.

Entrevistador/a: Pero supongo que habrán continuado...
Vadim: Y sí, pero sólo, ya te digo, quedan quince personas. Los jóvenes no van. Te digo que son más viejos que yo [los que van].

Entrevistador/a: ¿Y por qué se radicaron en San Javier?
Vadim: Por eso mismo, porque le dieron las tierras, la estancia de Espalter (por eso Espalter imita bien a los rusos; él, de niño, iba a la estancias de los abuelos y escuchaba a los rusos hablar, entonces los imita) [risas].

Entrevistador/a: Me hablaba de distintas corrientes. Esa fue la primera que vino y se radicó en San Javier. ¿Y después?
Vadim: Hay cuatro tandas inmigratorias. La segunda era la de los rusos blancos, posterior a la Revolución de octubre. Claro, en el año 17 estalló la Revolución de octubre. Los rusos se esparramaron por Europa primero, y de Europa vinieron para acá, por "los años locos", o sea del 20 al 30. Por ejemplo, mi padre vino en el 24, mi madre en el 25, otros vinieron en el 26, en esa década. Entonces, ahí vinieron los rusos blancos; había nobles, gente con la heráldica; era parte de la historia.

Entrevistador/a: Los rusos blancos, en este caso, ¿eran blancos por la parte geográfica o por la parte política?
Vadim: Por la parte política, son zaristas. Yo, por ejemplo, tengo una anécdota de mi familia, que es original. Mi padre era mayor en el Ejército de la Guardia Imperial del Zar, y el hermano de él, que pelearon juntos en la guerra del 14, era oficial de artillería, tiraba con los cañones, y mi padre era de la caballería, andaba a caballo y andaba a los sablazos [risas]. ¿Pero qué pasa? Cuando discutían sobre política, ya en el frente de la guerra del 14, ya cuando se discutía de política y se formaron dos grupos, y dijeron: "bueno, para no pelearnos entre nosotros, para el Norte vayan los que simpatizan con los comunista y para el Sur los que simpatizan con los blancos". Mi padre y mi tío se vinieron al Sur. Pero mi tío ya había cambiado su manera de pensar; mi tío fue hasta Crinea, que es una península que está en el Mar Negro, que tiene forma de manito, y en ese lugar se quedó a proteger la retirada de los barcos, que se iban porque perdieron, ¿no? Mi padre, que creyó que había muerto [el tío] en esa oportunidad, me puso a mí el nombre de él, Vadim. Vadim era el hermano, pero él no murió. Él se quedo ahí y después que se fueron los barcos, quedó integro. Él fue el que tomó Berlín. De oficial de artillería pasó a ser general y por ser general era el encargado que tiraba las katiusas, eran bombas, cohetes de dos metros.

Entrevistador/a: ¿Cómo fue que decidieron venir a Uruguay?
Vadim: Porque mi padre, cuando salió de Rusia, se casó en Yogoslavia con una rusa, pero en la luna de miel falleció de pulmonía (a veces ocurren cosas buenas y a veces cosas trágicas). Entonces, siguió deambulando por esos países y llegó a dar a Bélgica, y en Bélgica encontró a otra rusa y se casó y tuvo una hija. Yo tengo, bueno, tenía, porque a esta altura debe ser ya fallecida [sic] una hermana; nunca tuve contacto, Sofía de nombre; estaba en Bélgica, en  Bruselas. Y ahí se divorciaron, no se llevarían bien, no sé qué paso, no me contó mucho; sólo me dijo que tenía una hermana. Y ahora, hace poquitito, mi hija encontró a una sobrina mía, hija de mi hermana. La encontró porque en Bélgica los hijos heredan los apellidos de la madre, y los encontró. Pero nunca le escribí yo, no sé qué decirle; el idioma no es la barrera, la barrera es que no sé qué decirle. También me gustaría conocer a los descendientes de mi tío, pero tampoco sé, y no conozco a nadie que me diga nada. Yo que sé, es en el otro lado del mundo.

Entrevistador/a: ¿No tienen contacto con Rusia, con alguien?
Vadim: Claro. No creo que alguno de la Embajada se preocupe por algo mío. Difícil, ¿no?

Entrevistador/a: ¿Con la Embajada no tienen relación?
Vadim: Ahora que hay Internet, no creo que le resulte nada difícil, porque ahora Internet ha acortado mucho las distancias. Pero por ahora nadie me ofreció nada. Pero tampoco sé allá cómo van a reaccionar; capaz que no les interesa. No te olvides que mi abuela era princesa. Pero capaz que ese tío se cambió el nombre (el apellido primero, no, porque lo leí, pero pudo no poner el segundo apellido, para protegerse de Stalin, que no quería mucho a los nobles).

Entrevistador/a: Claro, su abuela era princesa, así que capaz que no pusieron el segundo apellido para protegerse. Y su padre, cuando se iba moviendo en el país, ¿era para escaparse de la Revolución?
Vadim: Cuando perdieron, se tuvieron que ir como todos, porque si se quedaban, si no los mataban, marchaban presos. Entonces, además, habían perdido los bienes, habían perdido todo. Como que quería olvidarse, entonces, buscaba una vida nueva. Es instinto de conservación.

Entrevistador/a: ¿Después de Bélgica, qué paso?
Vadim: De Bélgica fue a Francia, después de que se divorció de ella. En Francia había una publicidad del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo (que hacía pegatinas en Paris) con una frase que decía: "como el Uruguay no hay". Y entonces, la frase esa, "como Uruguay no hay", la aprendieron muchos rusos […]. Dijeron: "bueno, vamos al Uruguay porque como el Uruguay no hay" [risas]. Vinieron para acá, y cuando vinieron, y vieron que no había trabajo, siguieron de largo. Unos compañeros de mi padre se fueron a cazar tigres al Brasil; fue famoso. Simel, de apellido, era cazador de pateras, pumas, jaguares, los felinos sudamericanos, e hizo mucha plata con ellos. Mi padre decía que lo invitaron a ir, pero cuando le contaron cómo era todo, dijo que no: misquito pestes, "no gracias". Otros rusos se fueron a pelear por el Chaco, entre Bolivia y Paraguay, entonces lo invitaron. Los rusos apoyan a los paraguayos y los alemanes a los bolivianos. Era una manera de seguir la Primera Guerra Mundial, así que no, tampoco. En Argentina podría haberse quedado, pero cuando alguien dijo que los ingleses podían darle trabajo, dijo: "me vuelvo al Uruguay que a pesar de todo no está tan mal". Y volvió para acá, él y alguno más. En un primer momento trabajaron cargando bolsas de lana en el puerto.

Entrevistador/a: ¿En Montevideo o en San Javier?
Vadim: En Montevideo. Muchos trabajaban en los frigoríficos que había en el Cerro. En el caso de mi padre terminó manejando un tranvía a caballo; había una empresa inglesa dueña de los tranvías a caballo […]. Entonces, uno manejaba los caballos y el otro, de atrás, el guarda frenos; mi padre a veces era guarda frenos y a veces andaba en los caballos (como él era; toda la vida estuvo arriba de los caballos). Yo parece que lo traigo en lo genes: una vez agarré un caballo y hice un paro de manos, hice galopar, todo, y nunca había andado a caballo. Bueno, después de ahí pasó al ferrocarril [el padre], que era de los ingleses y trabajó treinta y seis años en el ferrocarril hasta que se murió. Yo heredó el trabajo. Los compañeros de él me ayudaron a entrar. Soy jubilado del ferrocarril.

Entrevistador/a: Así que su papá trabajó y se quedó en Montevideo…
Vadim: Sí. Y mi hermano también, que era medio hermano mío por parte de mi madre, porque mi madre vino por otra vía. Mi madre, en la guerra del 14, pasó a ayudar a lo heridos al frente de guerra; era enfermera voluntaria. Pero no lo conoció ahí a mi padre; lo conoció acá en Uruguay. Y allá era descendiente de Grinca, un músico famoso; de Grinca y de toda una familia de artistas, entonces, mi madre sabía piano, canto (canto para opera, claro); el profesor de arte escénico era el famoso Estarinalfki, el famoso escritor de teatro. Eso aprendió mi madre en Moscú, en el Bolshoi. Pero claro, cuando estalló la guerra tuvo que ir, o yo qué sé, quiso ir, y eso interrumpió [sus estudios]. Después no sé si volvió de vuelta. Se que había mucha pobreza en el país en ese momento. Del arte ella no podía vivir, porque el arte nadie lo quería. Cuando hay pobreza lo que se quiere es comer. Entonces, empezó a hacer empanadas y vendía por la calle. Tenían una manzana de propiedades, de casas, toda la manzana era de la familia, pero después de la Revolución quedaron reducidas a una sola casita. Le respetaron una casa completa porque eran dueños, pero, en realidad, quedó para todo el mundo: en cada piso una familia. Toda la manzana ocuparon, así que se armó un cantegril de lujo.

Entrevistador/a: ¿Y su madre qué hizo?
Vadim: A mi madre no le gustaba vivir ahí. Quedó su hermano con la madre de ella, porque el padre ya había muerto. Y entonces siguieron viviendo ellos ahí. Mi madre estaba vendiendo empanadas y el embajador de Estonia de Esborel le compró todo el canasto de empanadas; esa fue la declaración [risas]. Bueno, se casó con él y tuvieron un hijo en Estonia, mi hermano es estoniano. Y a los seis años pasó a Alemania, y en Alemania le dijeron que en Uruguay teníamos una fabrica de cerveza – Doble uruguaya. "¿Querés ir a trabajar?". "Sí, vamos". Y se vinieron para acá, el padre de mi hermano, con mi hermano y con mi madre para acá. Y bueno, como buen trabajador de cerveza […], se tiró unos cajones en una pierna. Me acuerdo que cuando yo tenía nueve años, falleció, pero me acuerdo que andaba con un bastón. Estaba hecho guasca, por andar tomando cerveza. Eso lo separó de mi madre, la bebida. Y entonces, acá conoció a mi padre. Yo a mi padre nunca lo vi caerse de borracho, jamás. Tomaba vodka con los amigos, pero como buen militar, sabe tomar, porque en los cuarteles cuando no hay guerra toman [risas].

Entrevistador/a: Así que se conocieron acá, y sos tú el único hijo…
Vadim: No, tengo una hermana, que fue hasta el año pasado la directora de la Escuela Nacional de Danza, del Ministerio de Relaciones y Cultura. Ella era jubilada de bailarina del Sodre; dio clases en el Bastión del Carmen, en Colonia, en el Macio en San José y después en el Ministerio. O sea,  es la autoridad máxima del ballet en Uruguay, porque dar clase ahí no es para cualquiera.

Entrevistador/a: Continuó la veta artística de tu mamá en tu hermana…
Vadim: Mi hermano trabajó en el frigorífico. Y a lo último, cuando se jubiló de los frigoríficos, entró a trabajar en la lucha antituberculosa, hasta que se murió. Y yo trabajaba en el ferrocarril, y en la construcción por mi cuenta; cuando salía de AFE, en donde trabajaba seis horas, me iba para la construcción.

Entrevistador/a: Esto que nos has contado fue la segunda oleada, que fue cuando vinieron tus padres. ¿Y la tercera oleada?
Vadim: La tercera oleada fue posterior a la Segunda Guerra Mundial. Ahí, los dos grupos más interesantes son los de la Colonia Ofir, que están a diez kilómetros de San Javier  y los de Guichón. Ojo, también hay una colonia en Guichón, que es escindida de la misma; colonización le dio dos lugares.

Entrevistador/a: ¿Y ellos son rusos?
Vadim: Sí, sí, ellos son rusos. Ellos vinieron de Rusia, aunque vinieron de Manchuria, que creo que debe de ser Mongolia ahora. Estos son de otra religión, nada que ver con los fundadores de San Javier; son ortodoxos, con ritos antiguos. Me olvidé de decirte que en la segunda oleada de 1920 se fundó la única Iglesia ortodoxa rusa que hay en Montevideo; mi padre diseñó el edificio, porque mi padre sabía dibujar y sabía arquitectura.

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