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Horacio Meny

Horacio Meny

    Horacio Meny pertenece a la comunidad de descendientes de suizos del Uruguay, de Nueva Helvecia. Ha sido miembro activo del movimiento Nuevas Generaciones Orden y Progreso durante muchos años y pertenece a la Masonería de esta colectividad.  

Entrevistador/a: ¿Me podría contar los relatos de su familia acerca de cómo llegaron al Uruguay?
Horacio: Tengo ideas a medias. De mi abuela sí, que más que suiza es alemana. Tanto es así que yo nunca la escuché hablar bien el castellano. Hablaba todo entreverado, mitad castellano mitad alemán. Lo que pasa es que soy el nieto más chico de toda esa familia, entonces, a mí se me escaparon muchos relatos porque yo era un niño en ese momento. Sé que mi abuela siguió teniendo contactos en Alemania, por la familia Kuster, que más bien los contactos fueron en Uruguay, y que están desparramados fundamentalmente en Tacuarembo; los Hidefen también. La distancia hizo que cada uno se arraigara en cada departamento, y que un poco se separaran. Más allá de lo que tú me preguntaste, de cómo vinieron, lo que he visto en esta época, por ejemplo, últimamente, es que cuando aparece una tercera generación en Tacuarembó y vienen para acá, lo primero que buscan es dónde viven los Kuster […]. Si la primera generación no dio bolilla, quizás fue por un problema de comunicación. En esa época, venir de Tacuarembó para acá era muy difícil. La segunda generación estuvo más cerca, y ahora la tercera generación cada pocos fines de semana vine; vienen excursiones de Tacuarembo y de Paysandú […]. Y lo primero que buscan es dónde hay [familias con apellido] Kuster, y casualmente han preguntado, y me han llamado a mí. Y yo lo he mandado al hogar de ancianos, donde están mis tres tías más viejas de noventa, ochenta y ocho y ochenta y seis años. ¡Medio campo de novela! Las tres, con mi madre incluida. Pero si me preguntás realmente, creo que mi abuela estaba en Alemania. Mi abuelo Meny, que era de Alsacia, se fue en un barco de cocinero a Europa. Avisó por telégrafo acá, en 1900 y pico, que se iba para Alemania de cocinero y ¡no sabia cocinar! Pero dijo que era cocinero. Estuvo un tiempo en Alemania, se casó y se vino con ella. Ella se vino sin saber castellano; se vino y nunca más se fue, nunca más vio a la familia. Y a la familia creo que la mató Hitler, a casi todos; una sola quedó viva: Verónica Raviyun. Es por eso que le pusimos Verónica a mi hija (hay dos Verónicas Raviyun; una hija de un primo mío). Y yo le dije que si algún día llegaba a tener una hija, le iba a poner Verónica. Hay dos Verónicas Meny en el pueblo también. Pero los detalles los he escuchado más bien a nivel de librescos. Tanto podés escuchar una cosa u otra, pero me parece que casi nadie tiene todos los detalles claros. Estamos en una generación ya muy separada [distanciada en el tiempo de los hechos].

Entrevistador/a: ¿Por qué vinieron acá y qué dificultades tuvieron?
Horacio: Mi abuela, buscando horizontes (sabía que se venía la Primera Guerra). Los demás, porque había aparecido el telar. Muchos venían del África, porque habían estado en la legión extranjera. Cuando retornaron para Suiza, con la presencia del telar se acabó la mano de obra y se tuvieron que venir, con lo que pudieron, para acá. Me da una impresión –mía nada más, como descendiente– que vinieron los "peores". Los "mejores" se quedaron allá. O sea, venían alcohólicos, prostitutas, ¡venía cuanta cosa había! Los metieron arriba de un barco y los tiraron a la mierda, para Uruguay. "Que vengan para acá y a arreglarse como puedan". Se veía que mucha gente nuestra, de acá de la zona, tomaba una cosa impresionante [sic]; si no sabían hacer grapa, sabían hacer vinos, sabían hacer cerveza, ¡qué sé yo! Esa es una discusión que tengo. A diferencia de otras emigraciones como la valdense, que es religiosa. Son de distinto origen claramente las dos. El porqué dispararon es distinto.

Entrevistador/a: ¿Cuáles son, en su opinión, los rubros de la actividad económica en que se destacaron los primeros colonos? y ¿cuáles son en los que hoy se destacan?
Horacio: Yo creo, y también lo que he escuchado y lo que he leído, que hay mucha cosa artesanal. El queso es de acá y no hay duda que es de acá […]. Se tenían que hacer todo. Acá [los inmigrantes] se formaron como una República. Yo tengo entendido que acá se cerraron. Acá había que autogenerar todo, por más que anduvieron muy mal al principio, por la famosa sequía de 1863 o 64. Después, acá está una de las primeras cosechadoras del país. El primer peaje se cobró acá arriba, en el Molino Quemado (un molino famoso). O sea, me da la impresión de que hubo que autogenerarse una cantidad de cosas y que vivían de eso, por más que pasaran muy mal.

Entrevistador/a: ¿Y hoy en día?
Horacio: Eso se ha heredado. Porque ésta es una ciudad famosa por los servicios que tiene. Acá viene mucha gente buscando una cantidad de cosas, que en la "famosa" Nueva Helvecia se las hacen como en ningún otro lado (o se las pueden llegar a hacer).

Entrevistador/a: ¿Ligado a la artesanía?
Horacio: A lo que sea: te hablo de electricistas, chapistas hasta de cómo hacer el queso. Se forman técnicos en queso y por algo se instaló la Escuela de Lechería acá. Y [hay] cantidad de cosas que brindan, excelente servicios. Vienen de todo el departamento para acá. Es típico, porque te encontrás con uno en Carmelo y te dice: "no, voy a Nueva Helvecia a hacerlo porque allá hay tal cosa".

Entrevistador/a: ¿Cuál es la percepción que tiene usted, como descendiente, del Uruguay? ¿Es muy distinto Nueva Helvecia del resto del país?
Horacio: Yo soy mucho más uruguayo que suizo. Esto queda feo decirlo, pero yo creo que ésta [Nueva Helvecia] es una sociedad diferente a todas. Te lo recalca mucha gete que viene. Aparte, creo que resaltan una cantidad de caracteres: orden, limpieza, trabajo, darse mañas para una cantidad de cosas. Este es el único pueblo (que a todo el mundo le llama la atención) donde en la Fiesta de la Cerveza trabajan mil quinientas personas gratis para una institución. No debe haber ningún pueblo en todo el país donde trabajen mil quinientas personas gratis para una fiesta. Y nadie toca, nadie mete la mano en el bolsillo de otro. Yo fui tesorero de la Fiesta de la Cerveza por veinte años, hasta este año (hace poquito me retiré y me estaban pidiendo que viniera a comer asado, por lo menos). Desde que yo fui tesorero, nunca vi a nadie que intentara tomar algo para él, ¡nunca! A la gente que viene de afuera, le llama la atención este pueblo y Valdense, los dos. Les llama la atención el orden, la limpieza y un montón de características, que a veces uno no se da cuenta, por que vive acá. Pero vos vas a cualquier lado… Esto es distinto a Rosario, ¡es diferente! Vos ves a un tipo en Rosario y ves a un tipo acá, y no lo estoy diciendo por tirar una cosa por otra –mi señora se enoja cuando digo estas cosas y es diferente, y con los de Juan Lacase es peor [mayor la diferencia].

Entrevistador/a: ¿Cuál es su sentimiento con respecto a Suiza como país?
Horacio: No lo tengo, porque considero que a nuestro país [Uruguay] vinieron todos nuestros antepasados. Ésta es la colonia suiza más grande de América del Sur. Colonia suiza tan grande como esta no hay. Sí hay colonias alemanas más grandes. Por ejemplo, tenemos la de Bariloche. Yo fui en la Semana de Turismo a la colonia suiza y me quería morir: "pero esto no es una colonia suiza. Son casas desparramadas por la montaña". Tú no oyes que alguien te diga: "soy de la colonia suiza"; te dicen: "soy de Bariloche". No es una comunidad como ésta la "famosa" colonia suiza de Bariloche, allí, al lado del lago. Yo no los tengo [se refiere a sentimientos hacia Suiza], porque soy de una generación muy distante de los primeros emigrantes. Y considero que es un país [Suiza] que le dio la espalda a la colonia. O sea, dicen que es típico de ellos, no prestarle asistencia a nadie. Pero acá se llegó al colmo de hacer una réplica del monumento de la plaza, en granito y bronce. Se lo iban a mandar a Suiza y preguntaron: "¿quién iba a pagar el envío en avión?". ¡Con lo machetes que eran! Entonces, el que lo llevó a Suiza se lo trajo para la casa. O sea, lo que quiero decir con esto es que se le ha dado la espalda a la colonia.

Últimamente, con los últimos embajadores, se le ha dado un poco más de importancia a esta colonia, se han contactado con ella. Y más allá de que siempre venían a la famosa Fiesta Suiza del 1° de agosto, me parece que hoy hay una apertura mayor y han donado algo. Pero si no, se llama Colonia Suiza y nada más, y es la más grande. Después, aportes hubo algo hace poco en la Escuela de Lechería. Y nosotros les sacamos un día veinticuatro banderas para la Fiesta de la Cerveza y ¡casi tirábamos cohetes para festejar! La Embajada suiza nos había enviado veinticuatro banderas cantorales, de género, de tela, bien hechas, directo desde suiza. Casi nos desmayamos. No está conectada la colectividad con la Embajada suiza, por más que haya ciertos contactos últimamente, quizás por una presión de las Fuerzas Vivas [organización] de acá, y algún acercamiento que tuvo algún embajador (ahora es cónsul en la Embajada argentina). Relaciones económicas, ninguna, y relacionamiento cultural, prácticamente ninguno tampoco.

Entrevistador/a: ¿Cómo ve usted el relacionamiento con otras comunidades suizas de la región?
Horacio: Ninguno. Creo que estos conjuntos de baile, Hifends y Los alegres alpinos, que se formaron como para tener algo típico de acá, han hecho algún acercamiento con las colonias de Santa Fe o de Entre Ríos, que son casi todas alemanas y algunas suizas, re chiquitas. Se han acercado principalmente en la Fiesta de la Cerveza. Han venido y nosotros mandamos para allá a estos grupos de baile, junto con las reinas y algún poblador. Nada más. Y nos conocemos porque nos vemos en las fiestas –"este es de Santa Fe o de Nueva Helvecia"–, pero no porque realmente haya un contacto fluido; no existe. Puede ser que algún integrante de esta colonia tenga algún contacto más cercano con los de allá. Los contactos son por lo intercambios de grupos de danza. No hay –que yo sepa– ningún intercambio económico.

Entrevistador/a: Cambiando un poco de tema, nos interesa saber cómo se construían las familias en el pasado. ¿Los descendientes se casaban sólo con descendientes? ¿Cómo era?
Horacio: Yo creo que sí: se casaban entre ellos. Porque pienso que era una comunidad más cerrada, aunque pese a todo, creo que fue mucho más abierta que la valdense. Porque acá, si querés llamarle mal, hay "infiltrados" (si me escucha mi mujer me mata). Ésta es una comunidad que se abrió rápidamente. Acá hay Rodríguez con Kunts, Stusedengen con Fernández. O sea, se abrió rápidamente, por más que al principio se casaran entre ellos, quizás por el problema del idioma. Como yo te decía, me parece que era muy compacta la colonia al principio, pero que después se empezó a abrir y creció. Por más que de repente sentís todavía… Por ejemplo, una abuela mía se puso contenta porque yo me casé con una [mujer] de origen suizo. Vos sentías el latigazo desde abajo. Pero no sabemos el idioma, ni nada. Todavía lo tenemos [la identidad]  porque es una comunidad. Suiza nos dio la espalda. Nosotros somos uruguayos, por más que festejemos una cantidad de cosas suizas, porque nos gustan. Porque nos gusta la música suiza, tomar cerveza y bailar, y comprar alguna cosa suiza, como un subvenir, o comer las papas a la suiza o una foundiu o alguna otra cosa, que son típicas de acá (que no son extraordinarias, las puede hacer cualquiera; sin embargo, se comen acá). Ya te digo, mi abuela estaba contenta porque yo me casaba con una descendiente suiza. Por más que sea una Rodríguez o Fernández, a mí no me preocupa. Yo tengo una hija y me da igual. Se va a casar con uno que es Schaffner. Y yo no le dije nunca: "te tenés que casar con un gringo". Si te querés casar con un Rodríguez o un Fernández a mí no me preocupa. Está mucho más diluido eso.

Entrevistador/a: ¿Usted cree que las religiones jugaron un papel en la conformación de la comunidad?
Horacio: Creo que alrededor de las religiones se formaron una cantidad de cosas, por más que después se pelearon entre católicos y protestantes. Creo que tuvo su importancia en la consolidación de toda esta gente que vino, en juntarla. Más el problema del idioma. Que la religión fuera en su idioma era importante. Mi padre, tengo entendido, fue a una escuela de la congregación evangélica, y creo que se hablaba en alemán. Mi padre hizo la escuela en alemán.

Entrevistador/a: Hoy en día, ¿usted ve una presencia de las religiones en la vida cotidiana?
Horacio: Creo que hay un descreimiento general, que está pasando en todo el mundo. El descreimiento es en la institución Iglesia, que no significa que no haya un Gran Arquitecto. Ese descreimiento es producto de los espacios que están dejando los católicos, principalmente, más que los evangélicos. Esos espacios lo están ganando otras religiones, que vos las escuchás por las noches en la radio. ¡Estamos todos locos! A acá no creo que sigan consolidando nada, me parece.

Entrevistador/a: ¿Usted cree que el alemán se ha perdido en Nueva Helvecia? ¿Hay alguna palabra que se conserve en la vida cotidiana?
Horacio: En mi casa sí, todavía hay palabras que quedan del alemán. Ahora que falleció mi abuela, no las puedo decir, por mis hijas. Pero había cantidad de palabras. Se hablaba en castellano y alguna palabra entreverada en alemán. Especialmente en las comidas. Ahora creo que no. Hay un resurgir del estudio del alemán, pero no del suizo, ¡alemán!, porque tiene, a nivel mundial, mucho más arraigo que el suizo. Me parece que la gente lo aprende más por formación, para irse a Alemania, pero no porque le sirva para algo.

Entrevistador/a: ¿Alguna palabrita?
Horacio: Yo me acuerdo de que mi abuela decía: gefeli, servicio, spek, una comida con grasa, tangeyen, muchas gracias… No me sale ninguna. Mirá que yo no sé suizo […]. Hay comidas principalmente como turenta. Normalmente no se habla, pero de repente alguna palabra… Mi mujer me dice: vamos a hacer de comer tal cosa, y yo sé lo que es. Son situaciones excepciónales.

Entrevistador/a: ¿Cuáles son las costumbres o símbolos que se mantienen desde los primeros colonos?
Horacio: Me parece que algunos sienten orgullo de ser de determinado cantón, aunque no tengan ni idea dónde está, ni cuántos habitantes tiene. Se ponen en las puertas de las casas los escudos para hacer una diferenciación, más que otra cosa, o para embellecer el pueblo. Y mucha gente, el orgullo que tiene es para distinguirse: te tira el apellido por delante. Pero está muy mezclado ya, por más que en esa mezcla el criollo, el mestizo o la cruza se sigue a veces adaptando a algunas costumbres. Pero acá hay cantidad de cosas que nos diferencian del [resto de] Uruguay, de eso no hay duda […]. Se ve, en Nueva Helvecia, mucho más gente apoyando, a diferencia de otros lugares. A mí me dicen: "che, ¿cómo es que se sigue haciendo la Fiesta de la Cerveza?". Se sigue haciendo por que acá hay mil quinientas personas que laboran gratis.

Entrevistador/a: ¿Creés, sabés o conocés que, en el pasado o el presente, personas de esta comunidad hayan sido o sean discriminados en algún sentido?
Horacio: En esta generación y la anterior, no. Pero creo que sí [pasó] con otras generaciones. Por ejemplo, yo supongo que por haber sido de origen suizo tuvieron que haber sido discriminados en los primeros tiempos.

Entrevistador/a: ¿Y en el presente?
Horacio: No me siento discriminado, al contrario. Me dicen: "qué lindo Nueva Helvecia, me encanta". Lo disfrutan más como zona material [sic], más allá de lo que puedan decir, que la gente es una agrandada. Más bien, la discriminación que hay acá es política. Acá, se llegó a hacer una "lista negra" en la época del Frente. En el año 1974/75 se hizo una "lista negra". Se publicaron por el correo y se mandó a todos los del pueblo, casa por casa, una lista de los que éramos del Frente, para quemarnos. También hubo otra, en el periodo de la guerra, de los que eran de Hitler (estaba lleno de pro nazistas). Mi abuela era de Hitler, por más que ella dijera que ignoraba todo lo que pasaba en Alemania. Cuando se empezaron a dar cuenta de lo que el tipo estaba haciendo, empezaron a darse vuelta. Y en esa época había una "lista negra" de gente que estaba a favor. Bueno, esto fue en todo el país; cayeron comercios en Montevideo. Pero acá hubo una "lista negra" de los que éramos del frente en el 74 o 75. Todavía hay gente que la conserva para recordar, para mirar a quienes se equivocaron, que vieron que no éramos malas personas. Porque vos podías opinar diferente que los blancos y colorados, pero nadie quería sacarle las cosas al otro. Tiene sus cositas la comunidad también, para hacer una "lista negra". Había gente que era fascista, de Hitler, que se sospecha […] [de ellos].

Entrevistador/a: ¿Qué grupos o asociaciones civiles construyen Nueva Helvecia?
Horacio: Acá, hay un montón de clubes. Creo que el nacimiento o la génesis de cada uno es muy parecida en todos los lugares: una gente se volcó para un club; como no tuvo cabida en ese, formó otro. Así nacieron Nacional y Peñarol. Esta ha sido una comunidad que tuvo una competencia brutal entre familias, hecho que llevó en 1962, con motivo del festejo del Centenario de Nueva Helvecia, a hacer una elección. Tuvo que venir la Corte Electoral para elegir la Comisión que iba a organizar los festejos en Nueva Helvecia, en vista de que esa comisión hacía el betumen y la otra decía que estaba mal hecho el betumen, y que la comisión plantaba un árbol acá y había que plantarlo allá, decía la otra, de atrás. Las familias eran los Karlen y los Greicin. Ganaron los Karlen, creo. Porque había prensa, había dos diarios que pujaban, Nueva Helvecia y Vanguardia. Uno decía una cosa y el otro decía otra. Entonces, esto era como una cinchada: unos tiran para un lado y otro para el otro. Un lote de gente joven, en un momento, fundó el movimiento Nuevas Generaciones: "vamos a echar a todos estos viejos, que se dejen de pelear, y vamos a formar una institución para realmente hacer cosas en pro de Nueva Helvecia".

Entrevistador/a: ¿Usted es uno de los fundadores?
Horacio: No. Yo posiblemente sea el que tenga más años adentro, como integrante, porque yo estuve del 76 al 79, tres años, y después estuve desde el 88 hasta ahora (estuve hasta el año pasado). Tengo más de veinte años en el movimiento. Empecé de peón, después estuve en la coordinadora y luego de tesorero. Pero no vi la fundación del movimiento, pues esta institución se funda en marzo del 64. Terminada la fiesta del Centenario, había que terminar con esta gente, porque iban a terminar con Nueva Helvecia. Así se funda. Y luego a alguien se le ocurre hacer la Fiesta de la Cerveza, toda una novedad en el momento. Para mí que a [la fecha de cuándo empezaron] la Fiesta [de la Cerveza] de Paysandú le erran por un año [...]. Para mí que la primera Fiesta de la Cerveza fue acá, que le erran; yo creo que empezaron en el 70 y no como dicen que fue, en el 68. La primera fiesta [Bierfest] fue en el 69. Fue una fiesta muy tímida, porque no se sabía qué era una Fiesta de la Cerveza. La apoyó Cervecería del Uruguay, porque había una cultura cervecera, una cultura de apellidos gringos, austríacos, alemanes, franceses y suizos. Podía ser, potencialmente, una brutal salida para la venta y promoción, para una cantidad de conciertos, y se mantuvo históricamente.

Entrevistador/a: ¿Qué opinión tiene del movimiento Nuevas Generaciones?
Horacio: Creo que empezó para cicatrizar heridas familiares en el pueblo, intentando hacer una cantidad de cosas. Y se ha quedado, y se va a quedar, porque cada vez tiene menos recursos. Es lo único que hemos organizado en mucho tiempo. Incluso, ha sido criticado internamente. Por más que tengan un local ahora (que era el liceo viejo) y se lo presten a todo el mundo. Es una obra bárbara, donde atrás tienen una churrasquera, que se la prestan a todo el pueblo gratis, para hacer los asados en el centro del pueblo. Lo único que hacemos es la Fiesta de la Cerveza. La gente nos dice que es lo único que hacemos, y yo digo que es cierto, que es lo único que hacemos. Creo que es una de las fiestas de la cerveza típicas del país, en una comunidad pequeñísima. Porque no es la Semana de la Cerveza de Paysandú, que tiene un apoyo de la Intendencia brutal, que tiene un pueblo, que tiene una semana, que se cobra entrada, y que de Fiesta de la Cerveza no tiene casi nada, donde el tipo que te la está vendiendo cobra por su trabajo. Acá es todo gratis, acá hay juegos típicos, cinchadas, competencias del chop (por más que no sea un merito que un tipo se tome setecientos cincuenta mililitros de cerveza en un par de segundos). O la famosa fondiu para casi mil quinientas personas. No sé cómo no entramos en el Guines (nunca vino la respuesta).

La fiesta le da de comer a una cantidad de instituciones. Son dieciocho las instituciones que participan. Lo importante es que el movimiento no reparte las ganancias entre las dieciocho instituciones. Bueno, ¿ustedes quieren dinero?, entren a la fiesta y vamos a medias, logrando hacer participar al pueblo. Y se tiene [a la fiesta] como un orgullo local, y se habla de ello en todo el departamento, ya sea por el orden o por la organización que se tiene. Porque la organización es lo difícil. ¿Sabes lo difícil que es administrar una cosa de éstas? ¿Vos sabes la plata que se mueve? Ahora se moverán unos cincuenta, pero antes de la devaluación se movían unos cien mil dólares, que es un disparate para un pueblito de estos, en una comunidad de doce mil personas. Nosotros presentamos un balance a la asamblea, como a los seis meses, y se presenta también en el periódico local. Nunca nadie pidió nada, y yo te lo digo como tesorero, que nunca nadie toco nada.

Entrevistador/a: ¿Qué cosa criticaría del movimiento?
Horacio: Que haga otra cosa aparte de la fiesta, porque no se puede convertir en un medio. O sea, lo que tiene el movimiento es representatividad, porque está  representada en las Fuerzas Vivas, pero nada más. Porque no tiene medios […], porque uno no puede hacer una obra sin recursos, si no tiene dinero. Lo tiene que hacer el Gobierno. Ahora, a través del movimiento se podría haber apoyado o presionado al Gobierno para determinadas cosa, sí. Pero a esta altura, la gente no tiene tiempo, pues los cargos son honorarios. Por algo no hay en ningún lugar instituciones como ésta, que digan "vamos a laburar por tal cosa";  no hay ni tiempo, ni dinero.

Entrevistador/a: ¿Por qué se alejó del movimiento?
Horacio: Por tiempo; […] mis hijas se criaron en mi casa sabiendo que los lunes de noche no estaba. Y fueron muchos años. Hoy hay gente nueva y otros con experiencia. Creo que era el momento para dar un paso al costado.

Entrevistador/a: Cambiando de tema. Nosotros hicimos una recopilación de la historia de la colonia y notamos que hay un período "oscuro", por así decirlo, donde no hay muchos registros, que va desde principios del siglo XX hasta más o menos el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se han tejido historias acerca de la afinidad ideológica con el Nacional Socialismo o con movimientos fascistas. Nosotros querríamos saber si eso existió o es una leyenda asociada a la utilización del idioma alemán en la región. Si existió ¿fue promovida por ser descendientes de suizos (por el ingrato papel que le tocó jugar en la Segunda Guerra)?
Horacio: Sé lo de la "lista negra", nada más. Sé que cuando nació el Frente –que en parte tiene relación con tu pregunta– acá hubo mucha gente a quien parecía que se le venía el mundo encima, que le iban a sacar hasta los escarpines, los zapatos. Creo que eso quedó en la gente que fue joven en los años de la guerra, con su ideología hitleriana o fascista. Eso se mantuvo. Creo que ahora, por supuesto, se ha demostrado que no [con el Gobierno del Frente] […]. Lo que pasa es que esta gente, los que fueron líderes en algún momento acá, comenzó a envejecer y a morir. Y después vino la otra gente, que ya vino con todos los problemas raspados, para decirlo de alguna manera. Ahora, que hubo una época, ¡sí! No sé cuándo surgió, si fue entre la Primera y la Segunda [Guerra]; supongo que debe haber sido desde el 30 en adelante. Nunca los vi agrupados en algún club o algo; no lo vi eso tampoco. Si estaban, estaban metidos en todos lados.

Entrevistador/a: Dentro del mismo trabajo de reconstrucción histórica, encontramos una triple relación en la génesis de estas colonias: entre un Estado débil (a la salida de la Guerra Grande), la Asociación del Rosario Oriental y la Masonería, que vendría a ser un articulador o nexo entre el Estado y la Asociación del Rosario Oriental.
Horacio: Primero, yo soy masón hace muchos años y nunca escuché eso. Por más que quizás haya tendido alguna influencia subrepticia, como esa influencia boca a boca, que en realidad no es un dictamen para la institución: "a este tipo, como es integrante de la Masonería, vamos a ayudarlo porque es masón". El ayudarse entre sí no es tampoco el fin de la institución, como opinan algunos. Yo no lo he visto eso que me dijiste ahora. Capaz que sí [hay relación], pero no sé si es tan importante. Y te digo más, yo nunca escuché nada tampoco, porque de repente escuchas algo. Sos el primero que me lo dice y hace años que estoy. En aquella época la institución no dependía tanto de la central de Montevideo (por llamarla de alguna manera, para que entiendas, porque no te voy a decir el otro nombre); más bien dependía del exterior. Y había muchos gauchos metidos, mezclados en las primeras logias. [Existía] sin una central que dirigiera todo eso, pues la central comienza en 1856, que es el año en que se consolida acá la Masonería como institución. Antes, las logias dependían del exterior. Las logias comenzaron en 1700 y pico, con el gobernador Viana. No vinieron masones de Suiza, ni con los valdenses tampoco; vinieron muchos más de otra regiones de Italia. Mirá que he leído todo lo que me han dado y no leí nada de lo que me estás diciendo, pero Doroteo García era masón. El fin, el fondo (¡mirá de lo que terminamos hablando!) es que vos te perfecciones para que seas una buena persona y lo vuelques en la sociedad. Si hubo alguna relación es porque estuvieron relacionados por otras cosas; porque un tipo esté en la institución, no lo voy a favorecer.

Entrevistador/a: ¿Usted cree que hoy la Masonería tiene una influencia en lo que es la construcción de la comunidad?
Horacio: Yo creo que sí, mucho más de lo que la gente piensa.

Entrevistador/a: ¿Podrías definir en qué términos?
Horacio: En instituciones. O sea, en la preparación de tipos, y luego, en el trabajo […]. En estas instituciones hay una cantidad de gente de la otra institución. No puedo decir mucho porque me estás grabando, pero evidentemente hay una influencia brutal.

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